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martes, 21 de noviembre de 2017

Carta 45 a Quijote

22 - Noviembre - 2017
Estimado Quijote:
La misma Maritornes que te ató, luego te desató ¡qué alivio! y después apareció en escena el señor oidor, que se enteró de que el mozo de mulas que les seguía lo hacía por amor a su hija Clara. Se enteró de ello gracias al criado del muchacho, que llegó a la venta para pedirle a Don Luís  -el mozo en cuestión- que volviera a su casa. Al parecer su padre se estaba muriendo de pena desde que él se marchó.

Luego llegó a la venta el barbero al que le robaste la bacía, y la emprendió contigo. Es lógico, querido amigo ¡le robaste su palangana! ¿qué harías tú si él te hubiera robado la lanza?


Después de tanto tiempo sin escribirte, querido Quijote, quiero contarte un par de cosas: una es que estoy bien y que estoy trabajando de nuevo. Me llamó mi ex jefe y he vuelto a mi ex trabajo. Y lo otro que quiero contarte es que con la que está cayendo ahora en España, quiero decirte lo que pienso al respecto:

Mira, ya sabes que no soy independentista, pero encuentro muy lícito que haya catalanes que lo quieran ser. A partir de ahí, tengo que decirte que encuentro una vergüenza lo que ha hecho el gobierno español ante la voluntad del gobierno catalán de querer dialogar con ellos -desde hace muuuchos años- para llegar a un acuerdo. El gobierno español se ha negado rotundamente a dialogar, no quiere ni oír hablar del independentismo catalán. Para ellos es impensable  prescindir del pulmón económico de España y por eso han aplicado el artículo 155, que viene a decir : "A obedecer todos y a pasar por el aro".

Con la aplicación del artículo 155 el mundo entero pudo ver como el pasado 21 de octubre -fecha en la que el gobierno catalán había convocado elecciones- la policía nacional pegaba -a porrazo limpio- a muchos de los ciudadanos que fuimos a votar: que "sí", que "no", o en blanco. Sólo queríamos votar.


Yo no sé como acabará todo esto -la represión que está ejerciendo el gobierno español contra el sector independentista está siendo muy dura. Me recuerda al franquismo-, pero pase lo que pase sólo pido una cosa: que salga el sol por donde salga no nos olvidemos nunca de sonreír. Eso es lo esencial.

Hasta pronto, mi caballero.

Un abrazo

       *Odette*

                                                                       Cap. 44

Tantas voces dio Quijote - que Maritornes fue aprisa
al pajar por desatar - al caballero asido,
que tras dar luego en el suelo, - levantóse en pie y dijo:
"A cualquiera que dijere - que he sido con justo título
encantado, le desmiento, - le reto y le desafío
a una singular batalla". - Y el ventero, que al oír
los gritos de Don Quijote - había salido, les dijo
a los caminantes que - Quijote andaba sin juicio
y era mejor ignorarle. - "Estamos buscando a un chico
que tendrá unos quince años - y dicen que anda vestido
siempre de mozo de mulas. - Seguro que está aquí
el muchacho que buscamos, - pues con mis ojos he visto
el coche que dicen que él - sigue desde su partida,
que es el del señor oidor, - y después de eso decirle
al ventero, aquellos hombres - entraron a por el chico,
que estaba allí durmiendo. - Despertaron al chiquillo
al tiempo que el caballero - Don Quijote se moría
y rabiaba de despecho - y saña al ver que allí
nadie hacía caso dél. - "Escuche, señor Don Luís,
(dijo al mozo un caminante) - ya puede salir de aquí
y dar la vuelta a su casa - sino quiere ver morir
de pena a su amado padre, - que está desde su partida
con deseos de morir". - Le miró atento, Don Luís,
y luego conoció que era, - el que le tenía asido,
el criado de su padre - y mirándole, le dijo:
"Volveré cuando lo quiera, - y no será hasta dar fin
a un negocio en el que - me van honra, alma y vida".
Y en eso, dijo el oidor: - "¿Qué es esto de raíz?"
"Esto es (dijo el criado), - que el caballero Don Luís,
que es hijo de su vecino, - va a permitir morir
de tristeza a su padre. - ¿no reconoce a este chico?
Y el oidor lo miró bien, - lo reconoció, y le dijo:
"¿Qué niñerías son esas, - o qué causa os ha movido
a venir desta manera - y en este traje vestido,
que dice tan mal de vos, - con su calidad, Don Luís?".
Y Don Luís dijo al oidor: - "La causa de mi venida
a pie y de tan vil traje - es que amo a su hija
desde el día en que la vi - y si usted no nos lo impide
hoy mesmo será mi esposa. - Por ella me vestí así,
por ella dejé a mi padre - y ahora que ya os he dicho
la verdad quiero que vos - me aceptéis por vuestro hijo".
Calló en diciendo esto - el enamorado chico
y el oidor, algo confuso, - suspenso y aturdido
por lo que dijo Don Luís, - le respondió, con sigilo:
"Si eso es lo que deseas - soségate y enseguida
vamos a considerar - lo que a todos mejor sirva".
Mientras con gran impaciencia - los criados de Don Luís
aguardaban a su amo, - llegó entonces allí
aquel barbero que fue - asaltado un buen día
por Quijote de la Mancha - y le robó la bacía,
diciendo que se trataba - del gran yelmo de Mambrino
y que a él pertenecía. - "Ah, ladrón que os tengo al fin!
¡dadme pronto mi bacía!", - díjole el barbero a gritos.
"Para que vean ustedes - (Don Quijote a todos dijo)
el error en el que está - este escudero que afirma
que es bacía lo que es yelmo, - que fue mío por legítima
y lícita posesión - por ganarlo en un conflicto
entre este señor y yo, - corre, Sancho, y saca aquí
el yelmo que este buen hombre - asegura que es bacía".
Sancho trújole y Quijote - lo tomó y luego dijo:
"Miren con qué cara puede - decir él que ésta es bacía
y no el yelmo que es". - Y a esta sazón Sancho dijo:
"En eso no hay duda alguna, - pues mi amo salvó su vida
al ponerse en la cabeza - aqueste yelmobacía".
                       

jueves, 15 de junio de 2017

Carta 44 a Quijote

15 - Junio - 2017
Estimado Quijote:
Los versos que cantaba el poeta que escuchó Dorotea eran tristes, y lo eran porque no podía estar con su amada Clara -eso se lo contó ella misma cuando Dorotea la despertó-. Le contó que ellos dos estaban enamorados pero que como su padre  -el oidor- no aprobaba aquella relación  -una relación un tanto extraña porque nunca se hablaron, tan sólo intercambiaron miradas y señas a través de sus respectivas ventanas, pues eran vecinos-, él la seguía a pie  -siempre disfrazado, para que el oidor no le descubriera- allá hacia donde ella iba, y le cantaba.

Mientras las dos muchachas conversaban, la hija de la ventera y Maritornes te hicieron una gran putada, querido Quijote. Bueno, te la hizo la hija de la ventera, aunque la otra lo consintió, así que viene a ser lo mismo. Y no digas que es obra de un encantamiento lo que ocurrió ¡qué puñetas! se burlaron de ti.

Lo que te ocurrió fue que después de alargar bien el brazo para poder meter la mano por el agujero que daba al pajar -en donde estaban las dos-, tal como te pidió la estúpida esa, te ató fuertemente la mano con una cuerda. Y cuando Rocinante  -sobre el que estabas de pie, intentando no perder el equilibrio para no caer- se movió, te quedaste colgado como un muñeco de trapo, sin poder tocar el suelo.


Ufff, no quiero ni pensar el dolor que te causó ese fuerte tirón, ni el quedarte ahí colgado, por Dios, ojalá pudiera venir corriendo a salvarte y a pegarles un par de tortas a esas dos idiotas, que es lo que se merecen. Y hablando de idiotas que se merecen un par de tortas, te contaré lo que me ha ocurrido precisamente hoy: me he quedado sin trabajo por culpa de un idiota que me engañó, te cuento:

Yo me gano la vida como teleoperadora haciendo telemárketing  -vendiendo por teléfono-, como ya te he contado en alguna ocasión. Es un trabajo que quema mucho, así que cuando hace un mes vi un anuncio en el que una editorial pedía  -a cambio de un sueldazo- una persona mayor de 40 años, que no fumara y que tuviera experiencia en tmk para concertar entrevistas, pensé: ese es mi trabajo.

Cuando llegué allí me hicieron una prueba telefónica -después de haber leído un argumentario de tres páginas sobre el corredor del mediterráneo- y luego le conté al idiota ese mi sueño de ser escritora, y me dijo: "Pues estás en el sitio indicado, aquí aprenderás muchísimo, concertarás visitas con personas muy cultas que yo entrevistaré: médicos, abogados, alcaldes... Y también editaré tu libro, ya verás..."


Qué bien, qué fácil, concertar entrevistas con personas cultas para que salgan en sus libros de biografías, de política..., y encima me va a editar mi libro, no me lo podía creer. Pero ese idiota en cuestión no me dijo que esas personas a las que tenía que llamar -haciendo puerta fría con la típica base de datos sacada de internet- para invitarles a entrevistarse con él, tenían que pagar cuatro mil euros -como mínimo- para salir en sus libros. 

Yo fui la única seleccionada para ese puesto de trabajo -la única ingenua a la que logró engañar- y si no me fui de allí en cuando supe de que iba aquello fue porque me había despedido del trabajo anterior y en aquél momento no tenía nada más. 

Esta misma mañana me ha dicho su hijo que no he superado el período de prueba porque no he concertado ninguna visita en un mes -aunque hay varias pendientes de alcaldías y de empresas que me he currado yo, y que se llevará él-, cuando me tenían que haber dado un premio por haber estado picando piedra durante tantos días seguidos.

En fin, que antes de irme no he podido darle un par de tortas a ese idiota que me engañó porque el muy cobarde se ha escondido, no le he visto el pelo.

Bueno, mi caballero, como dicen que no hay mal que por bien no venga, ahora me toca esperar a ver qué cosas buenas me trae la vida...

Un abrazo

*Odette*

                                                                Cap. 43

Le pareció a Dorotea - que no sería bien que
dejase Clara de oír - aquel entonar tan bello,
y así, la despertó. - A Clara, aún soñolienta,
cuando apenas hubo oído - alguno de aquellos versos,
le dio un temblor extraño - y, abrazando a Dorotea,
dijo la moza, llorando - "¡Ay, señora! ¿para qué
me habéis despertado si - lo mejor era tenerme
cerrados ojos y oídos - para no escuchar ni ver
a ese desdichado músico?" - Extrañada, Dorotea,
deseó saber la causa - del cantar de aquellos versos
en tono tan lastimero, - y al preguntárselo a ella,
ésta le respondió así: - "Este músico y poeta,
es natural de Aragón - y es hijo de un caballero,
el cual vivía frontero - a la casa en la que
vivimos mi padre y yo. - Un día el muchacho éste
me vio, se enamoró - y me lo dio a entender
desde las ventanas de - su casa con tantas señas
y con tan sinfín de lágrimas, - que mi corazón también
se enamoró de él. - Llegóse en esto el tiempo
de nuestra partida y no - pude despedirme de él,
pero al cabo de unos días, - cuando entramos a una venta,
allí de nuevo le vi, - disfrazado por no ser
descubierto de mi padre, - del cual se esconde siempre.
Iba vestido de mozo - de mulas y me alegré
de verle y, desde entonces, - por amor me sigue siempre
allá a donde yo voy, - y siempre me sigue a pie.
Todos los versos que canta - los saca de su cabeza,
que es mi amor un gran poeta, - y cada vez que le veo
o le escucho cantar tiemblo, - temerosa cada vez
de que mi padre le vea - y descubra el deseo
que nos une a los dos, - pues sin él vivir no sé,
a pesar de que jamás - he conversado con él.
Esto es, señora mía, - lo que os puedo contar deste
mozo que canta tan bien". - "Doña Clara, reposemos
lo que queda de la noche - y luego, al amanecer,
Dios dirá lo que hay que hacer", - díjole a ésta, Dorotea,
deseando hallar un buen - fin a éste principio honesto.
Sosegáronse con esto - y, mientras que en la venta
se guardaba un gran silencio, - la hija de la ventera
y Maritornes, se fueron - a hacer burla al caballero
Don Quijote que, montado - en su jaco, estaba haciendo
la guarda de la posada. - Había un agujero
en el pajar que salía - al campo y, las doncellas,
se colocaron allí, - desde donde le oyeron
hablar con voz regalada - a su amada Dulcinea:
"¡Oh, señora Dulcinea! - ¿qué fará ahora su merced?
dímelo tú, sol, que debes - de estar ensillando apriesa
tus caballos para así - madrugar y pronto ver
a mi amada señora. - Así, sol, cuando la veas
salúdala de mi parte, - pero, guárdate que al verla
no le des paz en el rostro, - que tendría entonces celos
de lo que a ella le des". - "Lléguese acá su merced
-díjole a Don Quijote - la hija de la ventera-,
y déjeme ver su mano - para desahogar la pena
de no poderle tener, - por ser vos de Dulcinea".
Y entonces, Don Quijote, - tras oír a la doncella,
se acercó al agujero - y, tras ponerse de pies
encima de Rocinante, - díjole a la mozuela:
"Tomad, señora, esa mano - que no ha tocado mujer,
ni aún la que tiene entera - posesión de aqueste cuerpo.
No os la doy para besarla, - sino para que miréis
la trabazón de sus músculos, - la complexión de sus nervios
y la anchura de sus venas, - que de aquí sacaréis
cómo debe ser la fuerza - de aqueste brazo que tiene
mano tan descomunal". - Y la hija de la ventera
dijo: "Pues ahora veremos - toda la fuerza que tiene
y, haciendo una lazada - corrediza al cabestro
del asno de Sancho Panza, - se la echó a la muñeca,
bajóse del agujero - y luego ató fuertemente
lo que quedaba al cerrojo - que estaba en la puerta
del pajar y, entre risas, - dejaron al caballero
asido de tal manera - que no pudo desprenderse
de tan apretado lazo. - Estaba el caballero
con grandísimo temor - y atención que si el jumento
se desviaba de allí - iba a quedarse él
colgado del brazo, que - no osaba ni hacer
el más leve movimiento. - Y, mientras que el caballero
se veía así atado - y se decía a sí mesmo
que aquello era encantamento, - acercáronse a la venta
cuatro hombres de a caballo. - Uno de aquellos jumentos
fue a oler a Rocinante, - que aguantaba sin moverse
a su estirado señor - y, Rocinante, que era
de carne y no de leño, - se tornó para oler
a quien le acarició - desviando así, al moverse,
los pies junto de Quijote, - que hubieran dado en el suelo
a no quedarse colgado - de la mano sin poder
alcanzar tocar la tierra, - con las plantas de los pies.


sábado, 3 de junio de 2017

Carta 43 a Quijote

03 - Junio - 2017
Estimado Quijote:
Llegó a la venta un señor -acompañado de varios hombres que iban a caballo- con su bella hija y nada más verla te prendaste de su belleza. Aaaayyyy, mi caballero, si es que eres un "coeur d'artichaut", un enamoradizo. En fin, a lo que íbamos, resulta que el cautivo y ese señor, al que llamaban oidor, eran hermanos; su reencuentro fue muy emotivo y acordaron ir juntos -el cautivo, Zoraida, el oidor y su hija Clara- hacia casa del padre de los dos, que no quería morir sin antes ver a su hijo mayor: el cautivo.

Cenaron todos y luego se acostaron, todos menos tú, que te ofreciste a guardar el castillo para defenderlo de cualquier mal. Tú siempre tan galán, así me gusta.Y antes del Alba, Dorotea -que dormía en el desván con las otras mujeres-, escuchó un dulce canto ¿quién cantaba? pues me imagino que lo sabremos en el próximo capítulo.


Querido Quijote, hoy te contaré algo que me sucedió hace unos días. Iba caminando por la calle cuando se me acercó un hombre que iba repartiendo folletos informativos sobre el referéndum. Que si hay que votar para que Cataluña sea independiente, que si ya está bien de que España nos robe ¡Hem de fer algo! (tenemos que hacer algo), exclamó. Y yo, educadamente, le devolví el folleto y seguí caminando.

¿Sábes, querido Quijote? no pienso votar ningún referéndum mientras esté en el poder de Cataluña ese partido político de burgueses catalanes que fue presidido tantísimos años por Jordi Pujol, aunque ahora hayan cambiado de nombre son los mismos. Ese partido me recuerda a la "Lliga Regionalista" de Francesc Cambó, el partido político que ayudó económicamente a Franco durante la Guerra Civil española para que éste acabara con la Segunda República. 

La Lliga también pagó a pistoleros -allá en los años 20- para que quitaran de en medio a líderes sindicalistas como Salvador Seguí -conocido como "el noi del sucre" (el chico del azúcar)-: un hombre pacífico que sin utilizar más armas que el diálogo y las huelgas consiguió que hoy tengamos la jornada laboral de ocho horas.




Estas personas como Salvador Seguí son las personas que a mi me gustaría que nos gobernaran, personas que se preocupan por la educación, por la igualdad, por la justicia social, y no esa gente a las que sólo les mueve la ambición del poder y del dinero. Así que mientras ellos sigan ahí, yo seguiré aquí, haciendo mi propio camino y devolviendo, educadamente, esos folletos sobre un referéndum que hoy por hoy no me interesa nada, aunque por ello me tachen de facha, como ya han hecho en más de una ocasión.

Que pases un feliz verano, mi caballero, y también vosotr@s, estimados lectores.

Un abrazo

*Odette*

                                                               Cap. 42

Tras escuchar al cautivo, - Cardenio y los demás
se ofrecieron a servirle - en lo que le hiciera falta
y él, bien lo agradeció, - pero no aceptó nada
de lo que se le ofreció. - Llegó luego a la posada
un coche con varios hombres - que venían a caballo,
y al llegar allí pidieron - para el señor oidor, cama.
El señor oidor vestía - con las manos arrocadas
una ropa algo luenga - y traía de la mano
a una doncella vestida - de camino, tan bizarra,
tan hermosa y tan gallarda, - que se hacía de mirar,
y dijo Quijote, en verlos: -"Puede su merced entrar
en aqueste paraíso, - que aquí estrellas hallará
y también hallará soles - que podrán acompañar
el cielo que su merced - consigo trae de la mano".
El oidor, desatinado, - por el talle, el visaje
y la apostura de Quijote, - quedó algo desconcertado,
pero igualmente entró - a hacer noche en la posada.
Al haber falta de camas, - las mujeres acordaron
dormir todas ellas juntas - dentro del mismo desván
y que los hombres quedaran - fuera, como en su guarda.
Al oidor le agradó - que su hija estimada
y aún doncella, se fuese - con todas aquellas damas
y, mientras ello pensaba, - el cautivo se alteraba
viendo al señor oidor, - pues el corazón le daba
barruntos de que aquél era - su hermano, el mediano.
Para comprobar si era - cierta su corazonada
preguntóle al criado - como el oidor se llamaba:
"Es Juan Pérez de Viedma - el nombre del licenciado
y es natural de León", - respondióle el criado;
por lo que el cautivo, alegre, - y bastante alborotado,
llamó a parte a Cardenio, - al cura y a Don Fernando
para darles la noticia. - Como era rico su hermano,
tuvo miedo el cautivo - de que no le hiciese caso
su hermano al saber de él. - "No parece arrogante,
dijo el cura al capitán, - por favor deje que yo haga
el reencuentro de los dos - y verá cuánto le abraza".
Ya, en esto, estaba la cena - de todos aderezada
cuando fueron a la mesa, - eceto el capitán
y las señoras, que fueron - a su aposento a cenar.
En la mitad de la cena - dijo el cura en voz alta,
dirigiéndose al oidor: - "Tuve yo un camarada
cuando estuve cautivo - en Argel que se llamaba
como usted y era valiente - pero algo desdichado,
ese Ruy Pérez de Viedma, - capitán y natural
de un lugar de León". - Llenos los ojos de agua
exclamó, luego, el oidor: - "¡pero si Ruy es mi hermano
y si hubiésemos sabido - de su desventura ya
estaría liberado, - que vive aún mi padre
muriendo con el deseo - de saber en donde está
su estimado hijo mayor!". - El cura, por no alargar
la pena al señor oidor, - fue a buscar al capitán
y al volver con él, le dijo - al oidor: "No llore más
que aqueste hombre es su hermano". - El oidor y el capitán
se abrazaron y, entre lágrimas, - mostraron la amistad
que había entre los hermanos; - presentóle el capitán
a Zoraida y el oidor - a su amada hija, Clara,
y luego, después de hablar, - concertaron que Zoraida
y el capitán volviesen - con ellos hacia la casa
de su estimado padre, - que vivía deseando
no morir por poder ver - al mayor de sus tres vástagos".
Luego, al caer la noche, - acordaron acostarse
todos, menos Don Quijote, - que ofrecióse a hacer la guarda
del castillo para así - defenderlo de gigantes
o de cualquier otro mal, - y después, antes del alba,
Dorotea, ya despierta, - escuchó un dulce cantar,
tan entonado y tan bello, - que la obligó a escuchar.


sábado, 28 de enero de 2017

Carta 42 a Quijote

28 - Enero - 2017
Estimado Quijote:
El cautivo os contó las penurias que pasaron en su viaje por mar hasta llegar a España y que cuando estuvieron al fin libres, en Málaga, se despidieron para seguir cada cual su camino. El y Zoraida pusieron rumbo hacia la tierra de él, para ver si su padre todavía vivía y para saber que fue de sus hermanos. Pues ya nos contará lo que sucedió...

Por mi parte hoy, querido Quijote, quiero hablarte sobre un tema que me pidió un lector del blog: "Por favor, quiero una carta a Quijote sobre los problemas de lectura de estudiantes", me dijo. Mira, Quijote, yo he tenido otros problemas en la vida, pero no el de la lectura, pues me apasiona leer, aunque también tengo que decirte que si un libro no me entra desde el principio lo abandono enseguida. El único libro que me he leído entero y que me ha robado el corazón, aún habiendo sido al principio una auténtica tortura para mi  -como ya te conté en cartas anteriores- fue tu historia. Ya sabes que leerme el Quijote fue un reto para mi y que me lo leí porque fue un regalo de mi padre, que en paz descanse.


Hay personas a las que no les gusta leer y lo entiendo, como también hay personas que detestan hacer deporte, por ejemplo, y también lo entiendo. A cada cual le gusta lo que le gusta, aunque es cierto que los que leemos no entenderíamos la vida sin esos libros que dan color a nuestros días. Y nos gustaría contagiar ese arcoíris que sentimos en nuestro corazón, al leer, a los que les da grima abrir un libro, pero ¿cómo hacerlo? esa es la pregunta del millón. Aunque la respuesta a esa pregunta no la tengo yo, querido Quijote. ya me gustaría tenerla.

Supongo que lo importante es que cada cual sea él mismo y que al menos no pierda la curiosidad por aprender, por conocer, por ver, por construir, por crear.., pues es esa curiosidad  la que nos permite sentirnos vivos de verdad. 


Hasta pronto, mi caballero.

Un abrazo

*Odette*


                                                                     Cap. 41

...Cuando estuvo todo listo - yo fui en busca de Zoraida,
la cual me pareció al verla - una auténtica deidad,
venida a la tierra para - mi auxilio y mi agrado.
Le besé la mano como - en señal de dar las gracias
por darme la libertad - y luego, al ir a marcharnos,
tuvimos la mala suerte - de que su padre asomara
por la ventana y nos viera, - y comenzara a gritar.
Viendo el peligro en que estábamos - decidí ir a por su padre,
trayéndole con nosotros, - con las manos bien atadas
y un pañizuelo en la boca. - Con él fuimos a la barca
junto a todos los demás - y empezamos a remar,
mientras que Zoraida, triste, - cubrióse los ojos para
no ver a su padre atado. - A las dos horas pasadas
se le quitó la atadura, - al tiempo que le advirtieron
que no hablase palabra- si no quería acabar
en el fondo de aquel mar, - y el hombre no dijo nada
pero su hija pidió - que le diesen liberad
si no querían ver cómo - se arrojaba ella al mar.
Prometiron a Zoraida - dejarlo libre en llegar
a la más cercana tierra - que pareciera cristiana
para que así su padre - no pudiera delataros,
y así Zoraida quedó - más o menos contentada.
Quiso nuestra buena suerte - llevarnos a una cala
en donde dejamos libre - al padre de la muchacha,
mientras que él a ella gritaba: - "¿Dónde vas, ciega Zoraida,
en poder de estos perros - que te aconsejaron mal
y que son tus enemigos? - ¿dónde vas, muchacha infame?
¡Oh, moza desatinada!". - Comenzamos a remar
y al cabo de un largo rato - aún pudimos escuchar:
"¡Vuelve, amada hija, vuelve, - que te voy a perdonar!
¡vuelve, hija, a consolar - a tu triste y pobre padre
que en esta desierta arena - la vida abandonará
si le abandonas tú a él". - Llorando escuchó Zoraida
a su padre, y suplicóle: - "¡No me juzques de ser mala
tan solo por ser cristiana - y pide, padre, a Alá
que Lela Marién te de - consuelo en tu pesar;
Marién te ayudará - puesto que ella fue la causa
de que yo sea cristiana!". - Pero ya, cuando Zoraida
esto dijo, no se oía - ni se veía su padre.
Seguimos remando y vimos - que a nosotros se acercaba
un bajel que de repente - nos comenzó a disparar,
dando una de las balas - en mitad de nuestra barca,
de modo que la abrió toda - y se comenzó a inundar.
Rogamos a los corsarios - franceses de aquel barco
que vinieran a salvarnos - y ellos, sin vacilar,
nos vinieron a auxiliar, - nos subieron a su barco,
nos robaron y después - de darnos comida y agua,
nos echaron con su esquife - otra vez de nuevo al mar.
Sin mirar a otro norte - que a la tierra de España
que se nos mostró delante - comenzamos a bogar
y nos dimos tanta priesa, - que al poco tiempo llegamos
por fin a tierra cristiana. - A Dios le dimos las gracias
llorando, luego besamos - el suelo de nuestra España
y, después de caminar - esperando hallar la
caballería costera, - vimos que se acercaban
unos treinta caballeros. - "¡Al cielo y a Dios, mil gracias,
por habernos conducido - a esta tan buena parte!,
puesto que si no me engaño - esta tierra que pisamos
es la misma Vélez Málaga, - si ya los años pasados
de cautivo no han borrado - de la memoria acordarme
de vos, tío Bustamante", - dijo un cautivo cristiano
de los nuestros cuando vio - a un jinete acercarse.
"¡Oh, sobrino de mi alma, - que por muerto ya te daba,
qué ilusión verte de nuevo!", - dijo el jinete abrazando
a su querido sobrino, - que aceptó ser invitado
junto a todos los demás - a ir hacia la ciudad.
Lo primero que hicimos - al llegar a Vélez Málaga
fue ir hacia la iglesia - para a Dios darle gracias
por la merced recibida, - y tras una breve estancia
en el pueblo, decidimos - que debía cada cuál
proseguir su caminar. - Yo decidí, con Zoraida,
caminar hacia mi tierra - por ver si aún mi padre
vivía, o si mis hermanos - no fueron tan desgraciados
como yo lo fui en Argel, - y ahora vamos hacia allá",
díjoles para acabar - el cautivo a los demás.




viernes, 9 de septiembre de 2016

Carta 41 a Quijote

09 - Septiembre - 2016
Estimado Quijote:
Os contó el cautivo que pasó de estar preso en aquella galera a estarlo en tierra firme, en la prisión de Argel. Y que salió de allí gracias a la mujer que pagó su rescate; que es la mujer con la que está ahora en la venta.

A parte de en la guerra, en donde a uno le apresan cuando cae en el bando enemigo, se supone que el resto de la gente que va a parar a la cárcel es porque ha cometido algún delito ¿no? pues no, querido Quijote, no siempre es así; a Santi  -de quien ya te hablé en la carta 35-, le metieron en la cárcel injustamente  -durante diez meses- y sin un sólo día de permiso.


Cuando Santi me explicó lo que le había ocurrido no podía creerlo, pues lo suyo era de locos, para tirarse de los pelos hasta quedarse calvo, en serio, pero al final he logrado entender el porqué de su encarcelamiento y os lo contaré.

Resulta que una mujer se obsesionó con él, le acosó hasta la hartura y le advirtió: "Si no te casas conmigo te meteré en la cárcel", y así fue.  La mujer le puso una denuncia falsa de malos tratos y a Santi no le permitieron demostrar su inocencia. Le metieron en el calabozo inmediatamente -sin ninguna orden de detención-, le hicieron luego un juicio rápido y salió de ese juicio con una orden de alejamiento hacia esa mujer, y ahí empezó su calvario ¿Por qué? pues porque la policía, en lugar de ayudarle a quitarse a esa mujer de encima, lo que hacía era seguirla a ella -que seguía acosando a Santi a la par que seguía poniéndole más denuncias falsas de malos tratos- y entonces le apresaban a él por incumplir la ley de alejamiento y le metían de nuevo en el calabozo. Sí, así de surrealista fue todo.

Al final metieron a Santi en la cárcel para que cumpliera los diez meses de pena que le cayeron en el primer juicio y luego, al salir, se demostró que era inocente. Yo no entendía como la policía y la justicia podían ser tan ineptas hasta que logré dar con la respuesta. Resulta que todo viene de la Ley de Violencia de Genero que hicieron el sr. Zapatero y su gobierno en el año 2004, en la que para proteger a la mujer eliminaron la presunción de inocencia del hombre. Y eso significa que si una mujer acusa a un hombre de maltratador, ese hombre es llevado a la cárcel, sin más, y eso es injusto, pues hasta un asesino tiene presunción de inocencia.

Ya era hora que se hiciera una ley que protegiera a la mujer, hasta ahí estoy de acuerdo, por supuesto, pero para nada apoyo esa caza de brujas que se está llevando a cabo contra el hombre, así que le pido desde aquí a quien  deba modificar esa ley que lo haga, y que sobretodo pida disculpas  e indemnice a todos esos hombres que han sido víctimas de la L.I.V.G. Algunos, como Santi, lo han podido contar -a pesar de las secuelas que le han quedado, como una epilepsia crónica-, otros están cumpliendo pena en la cárcel injustamente y también hay los que por no poder soportar la presión de tanta injusticia y crueldad murieron de pena, y los que se quitaron la vida. Por respeto a esos hombres que ya no están y a los que están sufriendo todavía, pido, por favor, justicia, y pido, por favor, una ley de igualdad en la violencia de genero para la mujer y para el hombre, pues yo no quiero que muera ninguna mujer, pero tampoco quiero que muera ningún hombre.


En fin, mi caballero, espero que los políticos hagan algo al respecto, aunque poca fe tengo ya en ellos viendo que no son capaces ni de hacer su trabajo, que es formar un gobierno, y que en lugar de ello se pasan el día criticándose unos a otros, como niños.

P.D. Querido Quijote, tardaré unos meses -dos o tres, espero que no más- en volver a escribirte, pues como te dije ando liada en algo, que es la escritura de otro libro. En esta ocasión se trata de una novela que está basada en hechos reales, en lo que le ocurrió a Santi. Disculpad, estimados lectores, las molestias. Pronto volveré con vosotr@s.

Un abrazo

*Odette*

Cap. 40

...Don Fernando recitó - los sonetos y después
el cautivo prosiguió - relatando a los presentes
su cuento, diciendo así: - "Cuando al cabo de unos meses
murió mi amo, Uchalí, - que fue un hombre de bien
y me trató humanamente, - fui después preso en Argel
por Azán Agá, que era - un tipo de lo más cruel.
Sobre el patio de la cárcel - en la cual estuve preso
había un par de ventanas, - que más que ventanas eran
ordinarios agujeros, - y un día, haciendo pruebas
de saltar con las cadenas - por entretener el tiempo,
alcé los ojos y vi - que por una de aquellas
ventanas aparecía - una caña con un lienzo.
Al ponerme yo debajo - la caña cayó a mis pies
y al abrir el lienzo hallé - en él unas diez monedas,
de las que usan los moros. - A la par del gran contento
que tuve al ver el dinero, - admirado me quedé
pensando quien era aquél - que me hacía tal merced
y, entonces, en señal - de mi agradecimiento,
doblé el cuerpo poniendo - los brazos sobre el pecho
e incliné la cabeza, - haciendo así las zalemas
que hacen los moros. Después - vi una mano de mujer,
que de allí a poco sacó - por el agujero mesmo
una cruz hecha de cañas, - que luego volvió a esconder;
señal que me confirmó - que aquella mujer era
una cristiana cautiva. - No vi más a la mujer
hasta que a los quince días - sacó la caña otra vez
e igual que la vez primera, - la dejó caer de nuevo.
Como hice la otra vez, - desaté el nudo del lienzo
y tomé el dinero que iba - junto a un doblado papel,
que estaba escrito en arábigo; - de nuevo hice las zalemas
y, al ver la blanca mano - de la mujer, hice señas
que leería el pliego. - Entre confuso y alegre,
por todo lo sucedido, - busqué a alguien que leyere
el arábigo papel, - que decía exactamente
lo que ahora os diré: - "Cuando yo era pequeña
tuvo mi padre una esclava - que me enseñó en mi lengua
la oración cristianesca - y algo de Lela Marién,
que es la Virgen María. - Y al fallecer la mujer,
me apareció y me pidió - que a tierra cristiana fuera
a ver a Lela Marién, - pero no hallé al caballero
que pudiera allí llevarme, - hasta que le vi a usted;
soy una muchacha hermosa - y tengo todo el dinero
que podría ayudarnos - a escaparnos de Argel
y, luego, si usted lo anhela, - prometo ser su mujer,
y si no es lo que desea, - me quedaré con Marién,
que sé que me quiere bien". - Tan alegre me quedé
al escuchar las razones - que me dijo la mujer,
que le pedí a mi amigo - que escribiera en un papel
mi respuesta a la mora, - y así se la dicté:
"Que Alá te guarde, señora, - y que Alá guarde también
 a Marién, madre de Dios. - A Marién, que bien te quiere,
debes de rogarle que - te muestre y te de a entender
cómo llegar a su tierra, - que como es Marién mujer
muy buena, así lo hará. - De mi parte yo te ofrezco
hacer por ti lo que pueda, - aunque me llegue la muerte,
y además deso también, - te prometo que en tierra
de Lela Marién serás - para siempre mi mujer,
querida señora mía". - Con ilusión dejé ver
la nota, dando a entender - que a la caña le pusiese
un hilo para así - poder atar el papel;
puso el hilo, até el pliego - y después, mandó, mi estrella,
más de cincuenta escudos - y un montón de monedas,
que aumentaron en mí - la esperanza y el contento
de alcanzar la libertad. - Por mi amigo supe, luego,
que aquella mora era - hija y única heredera
de la fortuna de un moro - muy rico por todo extremo,
y también supe de ella - que era una mujer tan bella
que muchos de los virreyes - que veían su belleza
la pedían por mujer, - aunque nunca aceptó ella.
Como no hay dos sin tres, - pareció el lienzo de nuevo
con cien escudos de oro, - y otro arábigo papel,
en el que pude leer: - "Por la ventana os daré
muchos dineros de oro - para que con él paguéis
vuestro rescate y también - el de los amigos vuestros.
Luego podría ir uno - hacia tierra cristianesca
y comprar allá una barca, - para con ella volver
en busca de los demás. - Cuando salvados estéis,
id al jardín de mi padre - que allí esperando estaré
a que vengáis a buscarme - y, mientras, mi caballero,
que el buen Alá te guarde". - Todos queríamos ser
primeros en ir a España - pero, como la experiencia
de uno de mis amigos - le había mostrado que
muy mal cumplían los libres - las palabras y promesas
dadas en el cautiverio - (porque el temor a perder
la libertad alcanzada - les hacía no volver
y borrar de su memoria - lo que antes prometieron),
cambiamos algo los planes. - El que tradujo las letras,
que era un renegado, amigo,  - y quien vivió esa experiencia,
nos dijo que mejor era - comprar la barca  en Argel
por él mismo, y así fue. - Zoraida mandó el dinero
para pagar los rescates - y acordamos, después,
con ella, que el primer "juma", - que es el viernes, estuviese
lista para embarcar, - y justo el día antes
fuimos todos rescatados - por el mismo mercader...


viernes, 24 de junio de 2016

Carta 40 a Quijote

24 - Junio - 2016
Estimado Quijote:
El nuevo huésped de la venta  -ese tipo leonés vestido de moro-  os contó su historia y resulta que veintidós años atrás su padre les dio a escoger  -a él y a sus dos hermanos- entre las tres siguientes profesiones: servir a Dios  -en la iglesia-, dedicarse al comercio, o servir al rey  -en la guerra-. El escogió éste último camino, pero tuvo la mala suerte de caer prisionero de Uchalí  -rey de Argel-, que le llevó a bogar a su galera.


Mira, querido Quijote, que cada cual sirva a quien quiera, eso está claro, pero yo ni "harta vino" iría a servir al rey, que él a mí no me ayuda a llegar a fin de mes, ni me ayuda a nada. Y ya nos contará ese pobre hombre si le ayudó su rey a él a salir de aquella galera. y por lo que hace al tema de servir a Dios, te contaré lo que le ocurrió a mi abuelo materno: Tomás Serra Picas, por no querer seguir el camino que le propuso su padre, el de servir a Dios.

Mi abuelo Tomás, en lugar de hacerse cura, decidió casarse con quien luego sería mi abuela: Miguela Garre  -una guapísima y elegante mujer, hija de un oficial de la guardia civil-  y por ello José María Serra, el padre de mi abuelo Tomás -un prestigioso pintor y escultor catalán de principios del s. XX- le desheredó y le cerró todas las puertas aquí. Entonces, mis abuelos maternos, junto a su primera hija  -Carmen-, que nació en Barcelona y era entonces una niña, empezaron un largo periplo en busca de trabajo por todo el país, coincidiendo con los duros años de la Guerra Civil.


Una vez terminada la guerra, un primo de mi abuelo Tomás  -que era jesuíta-  le encontró un trabajo en Caracas y se fue para allá. Marchó solo,  pues mi abuela  -con los cuatro hijos que tenían entonces- no se atrevió a cruzar el charco, pero gracias al dinero que él les fue mandando desde allí lograron vivir sin estrecheces.

Mi abuelo Tomás era un hombre de letras  -fue maestro y traductor de libros, y sabía hasta el esperanto-  y allí, en Caracas, fue crítico de cine y también trabajó como asesor del presidente que había entonces allí  -el Sr.Caldera- , ayudándole a preparar sus discursos. Vino a España en contadas ocasiones y yo sólo le vi una vez. Tendría yo entonces unos ocho años aproximadamente y le recuerdo alto, muy alto, y serio, muy serio; ahora pienso que quizás más que serio estaría triste, no sé. Lo que sí sé es que me habría encantado tenerle cerca de mi, primero porque era mi abuelo y después porque él es la única persona de letras que hay en mi familia y habría aprendido tanto de él...


Querido Quijote, por razones familiares que ya te contaré un día al oído, no he podido acceder al legado literario de mi abuelo  -que murió en Caracas cuando yo era una niña-, y por eso hoy, desde aquí, quiero pedir algo muy especial: si alguien supo de él, le leyó, trabajó con él, fue su amigo, o simplemente le conoció, que me lo diga, por favor, me haría muuuy feliz. Y  ojalá, mi caballero, que pronto, muy pronto, pueda contarte más cosas acerca de él.

P.D. Te mando dos cartas de golpe porque hasta agosto o septiembre no podré escribirte, pues ando bastante liada en algo que te contaré en breve...

Un abrazo

*Odette*

Cap. 39

"...Nací en León y fue - mi padre un gastador
y un liberal por haber - sido soldado de mozo,
que en la escuela soldadesca - el franco se hace pródigo
y el mezquino se hace franco. - Esta mala condición
no le fue de buen provecho - y un día nos llamó
a sus tres hijos a solas - y nos dijo éstas razones
que os diré a continuación: - "Quiero deciros que no 
conservo bien vuestra hacienda - y como vosotros sóis
lo que más quiero en el mundo, - he decidido una cosa:
como ya estáis en edad - de elegir profesión
lo que he pensado es - hacer de mi herencia cortes,
que van a ser cuatro partes, - las tres que os daré a vosotros
y la cuarta que será - para sustentarme yo
en los días que me queden. - Pero os pido un favor,
y es que cuando tengáis - el dinero que os toca,
sigáis luego un camino - de los que os diré ahora.
Casa real, mar, o iglesia, - son las mejores opciones
para valer y ser rico - y lo que deseo yo
es que uno siga las letras, - la mercancía, el otro, 
y que alguno sirva al rey - en la guerra, porque no
es fácil ir a servirle - en su lujosa mansión,
y la guerra no enriquece - pero da fama y valor".
Tras escuchar a mi padre - cada uno decidió:
yo opté por ir a la guerra - y servir al rey y a Dios,
el menor siguió las letras - y el mediano decidió
viajar hacia las Indias. - Después de venderlo todo,
mi padre nos abrazó, - nos echó su bendición
y, entre lágrimas de todos,  - de los tres se despidió.
Ahora hace veintidós años - que me marché de León
y en todo aqueste tiempo - no sé lo que le ocurrió
a mi estimada familia, - pero lo que a un servidor
le ocurrió fue lo siguiente: - de un capitán famoso
alcancé a ser alférez - y en cuanto hubo ocasión
también capitán fui yo. - Papa Pío Quinto unió
a Venecia con España - en la liga que luchó
contra el Turco, que era el gran - enemigo de los dos,
y al enterarme que era - el general de la unión
Don Juan de Austria, hermano del - rey de aqueste servidor,
decidí luchar con él - y servir a  mi señor.
Para la criastiandad fue - aquel día muy dichoso,
pues se desengañó el mundo - del grandísimo error
en que estaba al creer - a todos los turcos como
los seguros ganadores, - pero entre tanta gloria
yo tuve la mala suerte - de caer aquella noche
prisionero de Uchalí, - rey de Argel, que me llevó
a bogar a su galera. - Entre otros también cayó
Don Pedro de Aguilar, - soldado, poeta y hombre
singular, que hizo allí - dos sonetos que ahora
os los voy a recitar - por saberlos de memoria,
y por el gusto que dan". - Cuando el cautivó nombró
a Don Pedro de Aguilar, - Don Fernando miró a todos
y le preguntó al cautivo: - "¿Qué se hizo de ese hombre?",
a lo que él le respondió: - "A los dos años huyó,
pero no sé a ciencia cierta - si la libertad logró".
"La logró, dijo Fernando, - pues mi hermano vive ahora
dichoso junto a sus hijos - y junto a su bella esposa".
"Pues me alegro por Don Pedro, - que no hay contento mayor
que el de volver a ser libre - después de estar en prisión",
aseguróle el cautivo. - Y, entre tanta emoción
Fernando dijo al cautivo - que él también en su memoria
recordaba los sonetos - que su hermano escribió,
por lo que el cautivo dijo - que siendo así era mejor
que los recitara él. - A lo que éste asintió
y, con visible emoción, - los sonetos recitó...

Carta 39 a Quijote

24 - Junio - 2016
Estimado Quijote:
Mientras todos cenaban en compañía de los últimos pasajeros llegados a la venta -un hombre (cristiano, venido de tierra de moros) y una mujer (vestida de mora)-, tú les deleitaste con un interesante discurso sobre las armas y las letras.

Te lamentas, en ese discurso, del cobarde brazo que mata  -mediante el estaño y la pólvora-  al audaz caballero en mitad de su coraje. Aaayyy, querido Quijote, si vieras las armas con las que se mata ahora se te pondrían los pelos de punta, te lo aseguro. ¿Sábes?, hay ahora armas tan potentes  -llamadas de destrucción masiva-, que con que un sólo brazo pulsara un botón saldríamos todos volando en un instante y el planeta tierra quedaría reducido a infinitas motas de polvo.


De hecho, ya se han utilizado estas armas de las que te hablo. En 1945 -durante la 2ª Guerra Mundial-, EEUU lanzó la primera bomba atómica -sobre Japón, concretamente sobre Hiroshima y Nagasaki-  y murieron 260.000 personas, a parte de las muchísimas personas que quedaron afectadas de radiación. Al parecer Alemania se estaba preparando para lanzar  ese tipo de bomba, pero Einstein -físico alemán- advirtió a EEUU de ello y los americanos se avanzaron. "Condeno totalmente el recurso de la bomba atómica contra Japón, pero no pude hacer nada para remediarlo", se lamentaría más tarde Einstein.


Los científicos se devanan los sesos investigando para que se avance en medicina y en otros campos mientras que esos brazos cobardes, esos gallinas, utilizan los resultados de tanto esfuerzo e ilusión a su antojo. Así es la vida, mi caballero, así es de absurda.

Un abrazo

*Odette*

Cap. 38

"...más pobre que el estudiante - es el soldado, que está
atenido a la miseria - de su irrisoria paga
si es que la llega a cobrar - y al tener que robar
se halla en constante peligro - de la muerte encontrar.
Encima de todo eso, - como premio a su grado,
le pondrán en la cabeza - una borla al mutilado
y, cuando esto no  suceda - porque se conserve sano,
seguirá en la pobreza - en la que ya estaba antes.
Si habéis mirado en ello, - son más pocos los premiados
que los muertos en la guerra. - Y dejando esto a parte,
que es madeja enmarañada, - volvamos a lo de antes,
con las armas y las letras. - Dice el letrado al soldado
que es imposible, sin letras, - que se sustenten las armas,
porque hay leyes en la guerra - y a ellas sujeta está;
a esto responden las armas - que las leyes no podrán
sustentarse sin las armas, - porque con aquestas armas
se defienden las repúblicas, - se protegen las ciudades,
se aseguran los caminos - y se despejan los mares.
Y además de todo eso - hay algo que señalar
entre soldados y letras: - le cuesta mucho al letrado
llegar a ser eminente, - tiempo, vigílias y hambre
y otras cosas adherentes - a éstas, pero al soldado
le cuesta lo que al letrado - en tanto y mayor grado,
sin tener comparación, - pues a pique está el soldado
de morir a cada paso. - ¿Y no es de estimar más
éste riesgo del soldado - que el esfuerzo del letrado,
que nada tiene que ver - ni se puede comparar
con el riesgo de morir - a cada paso que da
el atrevido soldado? - A mí me pesa en el alma
haber decidido ser - un caballero andante,
que en esta edad detestable - me da miedo el pensar
que el estaño y la pólvora - la vida me han de quitar
la ocasión de ser famoso - por el valor de mi brazo
y los filos de mi espada. - ¡Benditos aquellos años
que carecieron de aquesta - artillería espantable,
diabólica invención - con la que un cobarde brazo
mata al audaz caballero, - en mitad de su coraje!
Y así acabó Don Quijote - con el extenso preámbulo,
en tanto que los demás - se entretenían cenando;
quedándose, los oyentes, - un tanto alucinados
de escuchar tanta elocuencia - en hombre tan alocado.
Al terminar de cenar, - los manteles levantaros
y Don Fernando rogó - al cautivo les contase
el discurso de su vida, - a lo que, de buena gana
y sin hacerse de rogar, - éste comenzó a contar...