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viernes, 9 de febrero de 2018

Carta 50 a Quijote

09 - Febrero - 2018
Estimado Quijote:
Sancho Panza le pidió al cura que te dejara salir de la jaula para así poder limpiarla, y tras jurarle al cura que no te fugarías éste te dejó salir. El Canónigo de Toledo, al verte, te dijo que no entendía cómo puedes creerte, a pie juntillas, esos libros de caballería y sus necias hazañas, a lo que tú le respondiste que decir que no existió el gran Amadís es como decir que el sol no alumbra.

El sol alumbra, eso es evidente, igual que es evidente que existe todo aquello en lo que uno cree. Mira, yo creo que existe el amor verdadero, aunque es cierto que éste llega cuando menos te lo esperas, cuando no lo buscas. Hoy te contaré una preciosa historia de amor que me contó una buena amiga mía hace un tiempo. Ella, como yo, trabaja haciendo telemárketing y ella, como yo, ha oído cientos de voces bonitas, aterciopeladas y hasta seductoras. Pero no fue precisamente la voz más bonita, ni la más aterciopelada, ni la más seductora la que la enamoró, sino que fue la única voz que la hizo reír hasta llorar.


De eso hace ya casi dos años, pero ¿sábes? todavía, cuando me habla de él, veo como le brillan los ojos, como le tiemblan las piernas y como cientos de mariposas revolotean a su alrededor.  Yo no sé lo que ocurrirá entre ellos en un futuro, pues cada cual tiene su propia vida, pero lo que sí sé es que cuando se vean por primera vez -sólo se conocen por teléfono- se abrazarán, y se abrazarán de verdad.


En fin, mi caballero, que viva el amor, que es lo más bonito del mundo y tú sigue creyendo en tus libros de caballería y en tu Dulcinea, que es lo que le da sentido a tu vida y los demás que digan misa, y punto.

Un abrazo

*Odette*

Cap. 49

"Cuando veas coyuntura - de ponerme en libertad,
yo te obedeceré; - pero tú, Sancho, verás,
como te engañas en ver - que esos que nos acompañan
son el barbero y el cura", - dijo su amo, con templanza.
Entonces Sancho rogó - al cura que, por un rato,
permitiera que saliese - Don Quijote de la jaula,
para así poder limpiarla. - Y después de asegurarle
Don Quijote al sacerdote - que no se iba a fugar,
el cura lo liberó. - Una vez desenjaulado
se fue hacia Rocinante, - dio dos palmas a sus ancas
y le dijo: "Espero en Dios - y en su bendita madre,
flor y espejo de caballos, - que presto vamos a estar
como los dos deseamos: - yo sobre ti, ejercitando
mi oficio y tú llevando - encima de ti a tu amo".
Miraba a Don Quijote - el canónigo, admirado
de ver aquella locura - que le pareció algo extraña
pues cuando el hombre hablaba - y respondía, mostraba
tener buen entendimiento; - solamente cuando hablaba
de caballería, al pobre, - se le cruzaban los cables
y perdía los estribos. - Movido de la piedad
que despertó en su persona - Don Quijote de la Mancha,
el canónigo le dijo: - "¿Es posible, buen hidalgo,
que la ociosa lectura - de aquellos libros le haya
dañado tanto que ahora - crea usted que va encantado?
¿cómo es posible que haya - entendimiento humano
que se dé a entender - que hubiera tanto gigantes,
tan sinfín de Amadises, - tanta doncella andante,
tantos escuderos condes, - tanta sierpe, tanto endriago,
tantas mujeres valientes, - tantos graciosos enanos
y en fin, tantos disparates? - Si quiere libros de hazañas
y de caballeros, lea - otros que digan verdades,
que además de entretenerle, - de ellos aprenderá
que existieron de verdad - un Aníbal, de Cartago;
un César, que tuvo Roma; - un Gari Pérez, en Vargas;
un Alejandro, en Grecia; - un Viriato, en Lusitania
y un Cid, que tuvo Valencia". - Atentísimo estaba
Don Quijote escuchando - al canónigo y cuando
acabó de hablar le dijo: - "Paréceme, buen hidalgo,
que la plática de vuestra - merced se ha encaminado
a querer darme a entender - que no ha habido jamás
ningún caballero andante - y que estos libros son falsos,
mentirosos, dañadores - e improductivos para
la República, y que yo - hago mal en imitarles,
puesto que me han vuelto el juicio - y puéstome en una jaula.
Pues yo hallo, por mi cuenta, - que el loco y el encantado
es usted en querer dar - a entender que jamás
existió Amadis, que el - pretender eso es cual
querer persuadir que el sol - no alumbra ¿quién podrá
negar que no existieron - los doce Pares de Francia,
ni el rey Artús de Inglaterra, - ni aquello de Fierabrás
con el puente de Mantible - en tiempo de Carlo Magno?
en Roncesvalles está - el cuerno de Roldán,
tamaño como una grande - viga; de donde se saca
que hubo doce Pares y - Caballeros semejantes
destos que dicen las gentes - que a sus aventuras van
¿no es todo aquesto verdad?" - El canónigo, admirado
de oír aquella mezcla - de mentiras y verdades,
le respondió, asombrado: - "Señor, no puedo negar
que algo de lo que ha dicho, - como que hubo doce Pares
en Francia, no es verdad, - pero mi razón no alcanza
a comprender que un hombre - como vos, que sóis honrado
y de buen entendimiento, - crea tan disparatados
libros de caballerías, - y sus tan necias hazañas".

domingo, 14 de enero de 2018

Carta 49 a Quijote

14 - Enero - 2018
Estimado Quijote:
Mientras el canónigo y el cura conversaban sobre los libros de caballería y las comedias, Sancho se acercó a la verja de la jaula en la que te llevaban preso y te dijo que los que iban con el rostro cubierto no eran encantadores, sino que eran el barbero y el cura. Y para que te dieras cuenta por ti mismo de que aquello no era encantamiento sino malicia, te preguntó si te venían ganas de hacer aquello que no se excusa. Y entonces ahí , al ver lo sucio que ibas, le pediste que te sacara de la jaula.

Mira, querido amigo, yo ayer también me di cuenta por mí misma de algo: de lo mal que funciona la sanidad pública por culpa de los políticos, que son los que han recortado  en sanidad y en educación; en aquello que el ser humano necesita para vivir con dignidad. Te cuento: mira, hace dos años que estoy en lista de espera para que me saquen una muela del juicio. Esta semana pasada me hacía un dolor tan horroroso que me fui al dentista de pago para que me la quitara, pero el cirujano que me visitó, tras ver la radiografía, me dijo que no podía sacármela porque estaba pegada al nervio. "Tienes que ir a urgencias, aquí no disponemos de los aparatos adecuados para hacer este tipo de extracciones, que además la tiene que hacer un maxilofacial", me explicó. Y me fui a urgencias.


"Lo siento", me dijo el doctor que me atendió en urgencias,"pero no tenemos urgencias maxilofaciales en fin de semana, sólo de lunes a viernes, y tienen que ser programadas, a no ser que haya una fractura, que no es el caso. Es una lástima, pero en toda Cataluña no hay urgencias maxilofaciales más que en el hospital  Vall d'hebrón" ¿Y qué hago? le pregunté. "Yo le puedo recetar algo para el dolor, pero el resto es un tema burocrático, vaya a su médico de cabecera e insista para que la operen lo antes posible, no puede hacer nada más, lo siento". Así que mientras no me llamen para operarme, me toca seguir aguantando el dolor de muela -y eso que trabajo como teleoperadora a jornada completa-, que tampoco están las condiciones laborales como para cogerse una baja.

Y así están las cosas, querido Quijote: por culpa de los dichosos políticos -los de aquí, los de allí, y los de más allá-, que sólo hablan y hablan mientras se van llenando los bolsillos con lo que recortan y con los impuestos que nos cobran, la gente de a pie vamos llorando de dolor, de falta de vivienda, o de falta de oportunidades educativas para nuestros hijos ¡No hay derecho! así que desde hoy no quiero saber nada más de ningún político, ni de los independentistas, ni de los monárquicos, ni de ninguno. Que se vayan todos, absolutamente todos, a hacer puñetas. 


Mi caballero, espero que Sancho te saque pronto de la jaula y puedas darles a esos dos tipos su merecido que, como los políticos, son unos sinvergüenzas, y se lo merecen.

Un abrazo

        *Odette*
  


Cap. 48

El canónigo le dijo - al sacerdote aquesto:
"Tuve cierta tentación - de hacer un libro de
caballerías guardando - en él esos puntos que
he significado y - unas cien hojas ya llevo.
Después de haberlas escrito - para hacer la experiencia
de si se correspondían - a mi estimación, las he
comunicado con hombres - apasionados de aquesta
leyenda, dotos, discretos - y con otros hombres que
son ignorantes y sólo - atienden al gusto de
oír disparates y, - de toda aquesta gente,
he hallado aprobación; - aunque con todo aquesto
no he proseguido adelante. - Y los motivos que han hecho
que no siguiera adelante - fueron que consideré
que lo que hago es cosa ajena - a mi profesión y luego,
que también evidencié - que abunda más la gente
simple que la que es prudente. - Puesto que yo creo que
es mejor ser elogiado - de los pocos sabios que
burlado de muchos necios, - decidí no estar sujeto
al confuso juicio del - tan desvanecido pueblo,
a quien por la mayor parte - toca estos libros leer.
Pero en realidad lo que - me hizo abandonar fue
un argumento que me hice - yo mismo, sacado de
las comedias que ahora - se representan, diciendo:
Si al vulgo le gusta oírlas - y las considera buenas,
estando lejos de serlo, - y además están de acuerdo
los autores y actores - en que así han de ser
porque así las quiere el vulgo, - que no quiere ver comedias
que no puedan comprender, - yo no voy a hacer lo que
hacen ellos sólo porque - quieran mejor ganar el
sustento con esos muchos - que con los pocos que entienden,
que son sólo tres o cuatro. - Aunque algunas veces he
procurado persuadir - a los actores que se
engañan en tener el - juicio que tienen y que
mucha más fama tendrán - y que atraerán más gente
representando comedias - que sigan el arte que
no las que prefiere el vulgo, - ya tienen su parecer
tan asido que no hay - ningún argumento que
cambie ya su parecer. - Y no está la falta en el
vulgo, que desea ver - disparates, sino en
quien no sabe ejecutar - otra cosa, que esa mesma.
"Ha despertado en mi - (díjole el cura luego)
un antiguo rancor que - tengo con esas comedias
que agora se usan, tal, - que iguala al que tengo
a las lecturas de aquel - estilo caballeresco,
puesto que habiendo de ser - la comedia espejo de
la vida humana, ejemplo - de las costumbres y ser
imagen de la verdad, - las que agora se representan
son espejos de locuras, - ejemplos de estupideces
e imágenes de lascivia. - Y no se disculpa eso
diciendo que el principal - y mayor intento que
las ordenadas repúblicas - tienen permitiendo que
se represente comedias - es el de entretener
a toda la gente y que, -si se consigue aquesto,
no importa luego que el medio - sea malo o sea bueno.
Por muy rústica y torpe - que una persona sea,
debería de salir - de una buena comedia,
airada contra el vicio, - enseñada con las veras,
discreta con las razones, - suspensa de los sucesos,
deleitada con las burlas, - perspicaz con los ejemplos
y enamorada de - la virtud: que todos estos
afectos ha de avivar - la buena comedia en el
ánimo de todo oyente. - Y no tiene culpa de
que se hagan malas comedias - el poeta, al componer,
que suele conocer bien - el lugar en donde yerra;
sino que la culpa es de - los representantes que
compran sólo las comedias - que son de aquel jaez,
con lo cual debe, el poeta, - acomodarse a lo que
su representante pide. - Aquestos inconvenientes
cesarían con que hubiese - algún ser inteligente
en la Corte que pudiese - examinar las comedias
antes de representarse, - y si de aquesta manera
se pudiera revisar - también aquellas novelas
de caballerías, creo, - que también habría de buenas".
En tanto que ellos hablaban, - Sancho se acercó a la verja
de la jaula en la que - Don Quijote iba y le
dijo: "Señor, sepa que - estos dos que van cubiertos
los rostros son el barbero - y el cura de nuestro pueblo,
y creo que así le llevan - de pura envidia que tienen
de ver que vuestra merced - se les adelanta en
alcanzar famosos hechos. Para prueba de que usted
no va encantado, sino - trastornado el juicio, le
voy a hacer una pregunta". - "Pregunta lo que quisieres
(aseguróle Quijote), - que yo te responderé.
Y en lo que dices de ellos, - te digo que aunque parezca
que son nuestros compatriotas - no lo son y has de entender
que son sólo encantadores, - y lo único que pretenden
es a los dos confundirnos; - a tí para que los veas
como el cura y el barbero - y a mi para que  no sepa
atinar de donde me - viene todo aqueste enredo,
puesto que si por un lado - tú me dices que el barbero
y el cura nos acompañan, - y por otro, yo me veo
enjaulado y sé de mi - que no hay ninguna fuerza
humana para enjaularme, - como no fueran las fuerzas
sobrenaturales, ¿qué - quieres que diga o piense
sino que aquesta manera - de mi encantamento excede
a cuantas yo he leído? - Así que date sosiego
en esto de creer que - son el cura y el barbero
y pregunta lo que quieras, - que bien te responderé".
"¡Válame Nuestra Señora! - ¿cómo es posible que sea
su merced tan duro de - celebro y tan falto de
meollo que no consiga - ver que en el engaño aqueste
hay más malicia que encanto?" - inquirióle el escudero.
"Acaba de conjurarme - y pregunta lo que quieras",
respondióle Don Quijote. - "Pues lo que quiero saber,
(dijo entonces Sancho Panza), - es que diga su merced
si desde que va enjaulado - o encantado, como cree,
le ha venido voluntad - o alguna gana de hacer
aguas grandes o menores". - "¿Qué quieres decir con eso
de hacer aguas, buen amigo?" -, preguntóle a su escudero.
"Sepa que quiero decir - si tuvo gana de hacer
aquello que no se excusa". - aclaróle el escudero.
"¡Ya, ya te entiendo, Sancho! - ¡gana tuve muchas veces,
y aún agora la tengo! - ¡Sácame, Sancho, de aqueste
peligro, que no ando limpio!" - suplicóle a su escudero
Don Quijote al sentir - la suciedad en su cuerpo.



sábado, 16 de diciembre de 2017

Carta 48 a Quijote

16 - Diciembre - 2017
Estimado Quijote:
El cura y el barbero seguían -a caballo y todavía disfrazados- el carro en el que te llevaban prisionero. Delante de todo iba el dueño del carro, a los lados los cuadrilleros y luego iba también Sancho Panza, montado sobre su asno. Cuando pararon en un valle para que los bueyes pastaran, Sancho Panza puso al cura en su sitio diciéndole que era un embustero y un envidioso. Que si Quijote está loco y que si hay que llevarlo así por su bien, le dijo el cura a un tal canónigo de Toledo que andaba por allí. ¿Sábes lo que ocurre, querido amigo? que ni el puñetero cura ni el puñetero barbero tienen sueños por los que luchar, ni ilusiones por las que vivir, de ahí que necesiten aplastar los tuyos, esa es la pura verdad. Grandes personas como tú han estado encarceladas por eso, por ser personas brillantes.


Deberíamos de admirar y respetar a todas y a cada una de las personas que tienen un "Don" como tú, "Don Quijote", pues son esas personas las que construyen el mundo. Y hablando de personas soñadoras, de personas con "Don", te mando esta preciosa fotografía realizada por Janine Garrell, una excelente fotógrafa, autodidacta, cuyas fotografías le llegan a uno al alma.


Adjunto la dirección de su página web para  quien quiera contactar con ella: 
   
                                         www.takeoffphotography.com

Mi caballero, sé fuerte y no te dejes vencer. El mundo te necesita. Te necesitamos tanto como el aire que respiramos, por eso te quiero, por eso te queremos. Hasta pronto.

Un abrazo

*Odette*

Cap. 47

Mientras que el cura acordaba - con los cuadrilleros que
les daría un tanto al día - para que fuesen con él
hasta el pueblo de Quijote, - y antes de que se moviese
el carro, salió llorando - de la venta la ventera,
su hija y Maritornes, - para despedirse de
Don Quijote, simulando - que lloraban su tristeza,
a lo que él les respondió: - "No lloréis, que aquestas penas
son anexas a los que - profesan lo mismo que
yo profeso; y si estas - calamidades no me
acontecieran sería - solo un pobre caballero
andante de poco nombre, - de los que nadie se acuerda.
Del valiente sí se acuerdan, - que tienen envidia de
su virtud y valentía - príncipes y caballeros,
que intentan por malas vías - destruir a aquél que es bueno,
aunque a pesar de ello - la virtud tenga el poder
de salir de todo trance. - Señores, rogad al cielo
me saque destas prisiones - en las que alguien me ha puesto
con tan mala intención, - que si me libero de ellas
no olvidaré sus mercedes - y las gratificaré".
En tanto que esto pasaba, - el cura y el barbero,
despidiéronse de todos - los que estaban en la venta,
quedando en darse noticias - de lo que les sucediera,
y se pusieron a andar. - El cura y el barbero
subiéronse a caballo - con sus antifaces puestos
y anduvieron tras el carro - que, guiado por su dueño,
iba primero; a los lados - andaban los cuadrilleros
con escopetas y, luego, - seguía el escudero
Sancho Panza en su asno, - acarreando la rienda
de Rocinante. Quijote - iba arrimado a las verjas
sentado y maniatado, - con tal silencio y paciencia
que no parecía hombre - de carne, sino de piedra.
Y así, con aquel espacio - y silencio anduvieron
dos leguas, hasta llegar - a un valle en el que el boyero
dejó a los bueyes pastar. - Fueron alcanzados presto
por seis hombres de a caballo - que llegaron diligentes
a ellos y les saludaron. - Uno de los hombres, que era
canónigo de Toledo, - quiso saber el porqué
iba Quijote enjaulado, - y el triste caballero
de la Mancha, respondió: - "Sabed, señor caballero,
que voy aquí encantado - por la envidia que me tienen
los malos encantadores; - que es mucho más molesta
y perseguida la virtud - de los malos, que esa mesma
es amada de los buenos. - Soy caballero de aquellos
que a pesar de la envidia, - su nombre ha de valer
para la inmortalidad, - y así servir de ejemplo
a caballeros andantes - de los siglos venideros".
"Es verdad que Don Quijote - va encantado en la carreta
por la mala intención - de aquella gente a la que
la virtud enfada y - la valentía exaspera",
aseguró el sacerdote. - A lo que el escudero,
Sancho Panza, protestó: - "¿Cómo quieren que me crea
que mi señor va encantado? - él tiene su juicio entero,
come, bebe y hace sus - necesidades ¿no es cierto
que dicen que el encantado - ni habla, ni come, ni duerme?
Señor cura, por más que - se encubra el rostro sepa
que le conozco y que sé - que es usted un embustero,
pues donde reina la envidia - la virtud vivir no puede,
ni hay liberalidad - en donde hay escasez".
En este punto el cura, - que tuvo temor de que
se pudiera descubrir - lo que el barbero y él
procuraban encubrir, - le habló al canónigo de
la locura de Quijote, - y le explicó también
el motivo por el cual - viajaba el caballero
metido en aquella jaula. - "Los libros caballerescos
(dijo el canónigo al cura) -, no le hacen ningún  bien
a Don Quijote y tampoco - a la república pues,
son perjudiciales y - todos explican lo mesmo;
son cuentos disparatados - que atienden sólamente
a gozar, y no a enseñar. - El deleite que se engendra
en el alma ha de venir - de toda aquella belleza
que se imagina o se ve, - y toda cosa que tiene
en sí fealdad no puede - causarnos ningún contento.
Y si los que escriben dicen - que lo que componen es
mentira y que por eso - no están forzados a ver
ni finuras ni verdades, - yo les diría que es
tanto mejor la mentira - si parece verdadera.
Fuera desto, aquestos libros - son largos en las contiendas
y en los  amores, lascivos; - en las razones son necios
y en el estilo, duros, - y deberían de ser
desterrados por inútiles". - El cura estuvo de acuerdo
con aqueste y le contó - lo que el barbero y él
hicieron con las lecturas - de Don Quijote y, después
de oírle, dijo el canónigo: - "De las lecturas aquestas
sólo se salva lo único - que pueden tener de bueno,
que es el sujeto que tiene - para que un entendimiento
bueno se pueda mostrar - en ellos, puesto que ofrecen
largo y espacioso campo - por donde el que escribe puede,
sin empacho, describir - naufragios y reencuentros,
batallas, tormentas y - ser orador elocuente.
Puede mostrar las astucias - de Ulises y la clemencia
de Trajano y, si quiere, - puede hacer todo aquesto
tirando hacia la verdad, - que si la verdad la ofrece
con ingeniosa invención - y un estilo placentero
compondrá una bella tela - con el fin que se pretende,
que es deleitar y enseñar. - El autor puede ser épico,
lírico, trágico o cómico - en las partes que encierran
en sí tanto la oratoria - como la otra dulce ciencia
que es la poesía mesma; - pues la épica bien puede
ser redactada en prosa - como estar escrita en verso,
mostrando en ambas formas - veracidad y belleza".


miércoles, 6 de diciembre de 2017

Carta 47 a Quijote

06 - Diciembre - 2017
Estimado Quijote:
El cura convenció a los cuadrilleros para que no  te apresaran y resulta que luego fue él quien lo hizo -junto al barbero-, con la ayuda de sus amiguetes de turno: el ventero, Fernando, los cuadrilleros y los criados de Luís, y lo hicieron de la forma más ruin que pudieron. Disfrazados, para que no les reconocieras, te ataron y te metieron en una jaula que habían construído ellos mismos sobre una carreta de bueyes.


El único que fue a cara descubierta y que no participó ni sabía nada de tu secuestro y encarcelamiento fue tu escudero que, por caridad, no te contó esta vez la verdad cuando supo de qué iba aquello. Simplemente se acercó a tí, una vez ya encarcelado, y te mostró su afecto y su apoyo.

Y así, como si fueras una béstia, un criminal, pretenden llevarte a tu pueblo, y encima te quieren hacer creer que eso es bueno para tí ¡qué sinvergüenzas!

Ahora, después de haberte soltado toda la verdad, me siento mal, pero a la vez tengo la conciencia tranquila de haber hecho lo que debía. O al menos eso es lo que me gustaría que me dijeran a mi si estuviera en tu lugar: la verdad, aunque duela.

Podrán encarcelarte y llevarte de vuelta a tu pueblo, vale, pero no conseguirán arrancar los sueños de tu alma, mi caballero, de ello estoy completamente segura. Así que respira hondo y tómatelo con calma y ya les demostrarás, en su momento, quien eres tú de verdad.

Un abrazo y hasta pronto

*Odette*



Cap. 46

En tanto que Don Quijote - esto decía, el cura
persuadía a los cuadrilleros - de cómo sería inútil
prender y llevar consigo - a alguien que por su locura
luego habrían de soltar. - Tanto les supo el cura
convencer que accedieron. - Al barbero le dio, el cura,
ocho reales por la - bacía y también tuvo
que apaciguar al ventero, - que reclamaba aún
el pago de aquellos cueros - que Don Quijote, en lucha,
con su espada horadó. - Quijote, con resoluta
determinación se fue, - al verse libre, en busca
de Dorotea y le dijo: - "Antes de que algún oculto
espía advierta al gigante - de que yo voy en su busca
debemos salir de aquí, - que si se protege en un
inexpugnable castillo - de nada valdrá la mucha
fuerza que mi brazo tiene". "Quiera el cielo que el suyo
y mi deseo se cumplan", - dijo Dorotea al punto.
"¡Ay, señor!, tengo por cierto - (a su amo Sancho expuso),
que esta señora que dice - ser reina con tanto orgullo,
no lo es, que si lo fuere, - no anduviera con alguno
de los que están en la venta - hocicándose a oscuras".
Y, mientras que Dorotea - bien colorada se puso, 
(porque era verdad que - con Don Fernando, a hurto
de otros ojos, se besó), - Don Quijote, con gran fúria,
con la voz atropellada - y la lengua tartamuda,
gritóle a Sancho Panza: - "¡Oh, bellaco infacundo,
ignorante y deslenguado! - ¿colocas en tu confusa
imaginación palabras - que tan sólo son embustes?
¡Vete monstruo y no aparezcas - delante de mi, o te juro
que te penará mi ira!". - Sancho Panza, que no supo
qué hacer, volvió la espalda - y se fue, con gran disgusto.
"No os despechéis, caballero - de la más triste figura,
que las sandeces que ha dicho - su escudero son seguro
producto de encantamento", - díjole, con gran finura,
Dorotea a Don Quijote, - para templar su disgusto,
y el caballero afirmó: - "Por el supremo Dios juro
que ha dado usted en el punto - y que ante Sancho alguna
mala visión se le puso, - que si no no dice embustes
este pobre pecador", - y así le quitó la culpa
a Sancho y le perdonó. - Después de aquesto, el cura
y el barbero decidieron - que era el momento justo
de procurarle a Quijote - la cura a su locura.
Sobre un carro de bueyes - construyeron una jaula
que enrejaron con palos - y así iría, recluso, 
Don quijote hacia su pueblo. - Cuando todo listo estuvo
y estuvieron disfrazados, - se marcharon en su busca
Fernando y los cuadrilleros, - junto al ventero, al cura,
y los criados de Luís. -  En un silencio absoluto
entraron en donde él - dormitaba bien a gusto
y le ataron tan fuerte, - que al despertar sólo pudo
admirarse y suspenderse - de ver aquellas figuras
que le habían encantado, - cosa que el hombre dedujo
cuando fue a defenderse, - y ni menearse pudo.
Sólamente Sancho Panza - iba en su mesma figura
y, aunque reconoció a todas - las contrahechas figuras,
quiso callar hasta ver - el final del infortunio;
que fue el de enjaular - a su amo, mientras que uno
de ellos, le decía así. - "¡Hombre de triste figura!
no te dé afincamiento - esta prisión, que es justa
para acabar más presto - la aventura en que te puso
tu gran esfuerzo. Y tú, - buen escudero, asegúrote
que no has de sufrir por él, - que si el plasmador del mundo
le place, se cumplirán - muy pronto aquellos augurios
que te hizo tu buen señor". - Y dijo Quijote al punto:
"¡Oh, tú, quienquiera que seas! - si es cierto lo que me augúrias
tendré por gloria las penas - de mi cárcel, y seguro
que por alivio tendré - las cadenas que me angústian.
Y en lo que toca a Sancho, - confío en que la virtud
de su buen proceder no - me abandonará y su
recompensa al fin tendrá - por esos buenos y muchos
servicios que me prestó". - Y Sancho, con pesadumbre,
se inclinó hacia su amo - y le besó, con ternura.

viernes, 24 de noviembre de 2017

Carta 46 a Quijote

24 - Noviembre - 2017
Estimado Quijote:
Que si yelmo "sí", que si yelmo "no", esa es la cuestión. Para hacer burla de ello se apuntaron al yelmo "sí": un barbero que estaba también en la venta, el cura, Cardenio y Don Fernando. Y al yelmo "no" se apuntaron: el oidor, Don Luís y sus criados, que no entendían de qué iba todo aquello y ellos veían bacía y no yelmo. Mientras que el barbero burlado, y enfurruñado,  seguía en sus trece de que aquello era bacía.

Entró entonces a la venta un grupo de cuadrilleros y uno de ellos, al oír tal vocerío, sentenció que aquello era bacía, y punto. ¡Que no! ¡que no! gritaste tú enseguida, horrorizado, y ya ibas a arremeterle con la lanza cuando sus compañeros te pararon.


Total, que se lió allí la de San Quintín y todos entraron en acción y se sumaron al barullo: los ya mencionados anteriormente y, además, la ventera, su hija, Maritornes, Dorotea, Luscinda, Clara y Sancho Panza.

De repente viste la luz e intentaste poner paz, pero aquello había ido demasiado lejos y el ventero insistió  en castigarte por alborotarle siempre la venta. Estando en esto, un cuadrillero se acordó de pronto de que una de las órdenes de arresto que llevaban era para tí, por haber liberado a unos presos galeotes.

Parece que la cosa se complica, querido amigo, pues la ley es la ley y no hay caballero que se salve de ella, a no ser que el tal caballero sea un "aforado", es decir, un "privilegiado". De esos "privilegiados" -que no somos ni tú ni yo- tenemos unos cuantos por aquí y te aseguro que de caballeros no tienen nada. Son sólo tipejos que visten traje y corbata y suelen ocupar cargos "importantes".


En fin, mi caballero, rezaré por tí, para que salgas lo menos perjudicado posible de ésta. Animos y no decaigas.

Un abrazo

*Odette*


                                                                         Cap.45

"¿Qué les parece, señores, - (dijo entonces el barbero)
de lo que afirman Quijote - y su gracioso escudero?"
Y luego otro barbero - que estaba en la venta
quiso seguir con la burla - para que todos rieran
y aseguróle al barbero: - "Señor, sepa que también
yo soy deste mismo oficio - y digo que aquesta pieza
está tan lejos de ser - recipiente de barbero
como lo está el color blanco - de arribar a ser negro",
y lo mismo confirmaron - el sacerdote, Cardenio,
Don Fernando y los demás - que estaban allí en la venta;
todos menos el oidor - que, andando algo suspenso
con el negocio de Luís, - no vio bacías ni yelmos.
"¡Válgame Dios! ¿es posible - que toda aquesta gente
diga que aquesta bacía - es en realidad un yelmo?",
dijo el barbero burlado. - Todo eso, para aquellos
que sabían de la burla, - les daba esta materia
una grandísima risa, - pero para Luís y aquellos
que ignoraban la burla, - les parecía que aquello
era el mayor disparate - del mundo y dijo, luego,
un criado de Don Luís: - "Si no es esto una befa
pensada yo no me puedo - persuadir que tanta gente
de tan buen entendimiento - como son, o lo parecen,
todos los que aquí están, - digan que aquesto es un yelmo;
mas al ver que eso afirman, - me doy a entender que
no carece de misterio - el porfiar algo que
es contrario a lo que muestra -la verdad y la experiencia;
porque voto a tal que - no me den a mí a entender,
cuantos viven al revés, - que esta bacía es un yelmo".
Oyendo esto, un cuadrillero - que había entrado en la venta
y que oyó la pendencia, - dijo con ira y molesto:
"¡Debe de estar hecho uva - quien dijere que esto es yelmo!".
"¡Mentís como un bellaco!", - respondióle al cuadrillero
Don Quijote, levantando - el lanzón con el deseo
de descargar sobre él, - cosa que no llegó a hacer
gracias a la intervención - de los demás cuadrilleros
que, viendo que iba Quijote - a atacar al compañero
alzaron la voz pidiendo - ayuda, amparo y merced
a la Santa Hermandad. - El ventero, que también
era cuadrillero, entró - a por su varilla y luego
de coger su espada fue - junto a sus compañeros.
Los criados de Don Luís - rodearon bien a éste
para que no se les fuese - y en medio de aquel revuelo
Don Quijote arremetió - de nuevo al cuadrillero
y Luís gritó a sus criados - que le dejaran a él
y acorriesen a Quijote. - Daba voces la ventera,
el sacerdote gritaba - y la hija de la ventera
se afligía; Maritornes - lloraba y Dorotea,
quedó aturdida y confusa. - Luscinda estaba suspensa
y Clara, desvanecida. - A todo eso, el barbero
y Sancho se aporreaban, - mientras que, al mismo tiempo,
Don Luís le daba a un criado - una puñada que le
bañó los dientes en sangre. - El oidor fue a proteger
a Don Luís y el ventero - tornó a pedir que viniera
pronto la Santa Hermandad; - de modo que en la venta
todo era confusiones, - voces, coces, llantos, miedos,
sobresaltos, cuchilladas, - mojicones, gritos, penas
efusión de sangre y palos. - Y así prosiguió hasta que
Don Quijote se paró - y a todos ordenó que
se calmaran de una vez. - "¿No os dije yo que éste
castillo era encantado - y que seguro que deben
habitar en él demonios? - Mirad bien lo que sucede:
todos peleamos y - no logramos entendernos.
Venga, pues, pongámonos - en paz porque es de necios
que gente tan principal, - como yo y como ustedes,
se maten solo por causas - tan leves, ¿no les parece?
Sancho Panza obedeció, - como un criado bueno,
a la voz de su señor; - el grupo de cuadrilleros,
que no entendía a Quijote, - no se quiso quedar quedo;
el barbero se calmó - porque tenía deshechas
las barbas y los criados - de Don Luís también hicieron
caso a Quijote. El ventero, - iba el hombre insistiendo
en que había que castigar - las insolencias que aquel
loco que a cada paso - le alborotaba la venta,
y cuando pasó el revuelo, - los criados volvieron
a pedirle a Don Luís - que regresara con ellos.
Mientras Luís, con los criados - se avenía, el oidor fue
a consultar a Fernando, - al cura y a Cardenio
que es lo que debía hacer - para arreglar aquello,
y al final fue acordado - que Don Fernando dijera
a los criados de Luís - quien él era y cómo era
su gusto que Don Luís fuese - a Andalucía con él,
donde vivía su hermano, - con título de marqués.
Los criados decidieron - que volviesen tres de ellos
a contar lo que ocurría - al padre de Luís y que
el otro con él quedase - para servirle hasta que
ellos volviesen por él, - o si no que al menos viese
el muchacho lo que el padre - ordenaba para él.
El diablo no contento - de ver como todo aquello
se calmaba acordó - echar mano otra vez,
resucitando de nuevo - desazones y pendencias,
y así, un cuadrillero, - se acordó que un mandamiento
de los que traía para - prender a unos delincuentes
era para Don Quijote, - por haberles dado éste
libertad a unos presos - galeotes, y al tiempo
que el cuadrillero asía - a Quijote, dijo él:
"Venid acá, malnacidos. - ¡Gente infame, qué creéis
que alzar a los caídos - y dar libertad a presos
es de ser salteador - de caminos! ¿no sabéis,
gente soez e infame, - que solo una ley tenemos
los caballeros andantes, - que es su espada y no aqueste
mandamiento de prisión - que un ignorante paleto
ha firmado para mí - sin saber que por yo ser
un caballero andante - estoy esento de él?".


martes, 21 de noviembre de 2017

Carta 45 a Quijote

22 - Noviembre - 2017
Estimado Quijote:
La misma Maritornes que te ató, luego te desató ¡qué alivio! y después apareció en escena el señor oidor, que se enteró de que el mozo de mulas que les seguía lo hacía por amor a su hija Clara. Se enteró de ello gracias a uno de los criados del muchacho, que llegó a la venta para pedirle a Don Luís  -el mozo en cuestión- que volviera a su casa. Al parecer su padre se estaba muriendo de pena desde que él se marchó.

Luego llegó a la venta el barbero al que le robaste la bacía, y la emprendió contigo. Es lógico, querido amigo ¡le robaste su palangana! ¿qué harías tú si él te hubiera robado la lanza?


Después de tanto tiempo sin escribirte, querido Quijote, quiero contarte un par de cosas: una es que estoy bien y que estoy trabajando de nuevo. Me llamó mi ex jefe y he vuelto a mi ex trabajo. Y lo otro que quiero contarte es que con la que está cayendo ahora en España, quiero decirte lo que pienso al respecto:

Mira, ya sabes que no soy independentista, pero encuentro muy lícito que haya catalanes que lo quieran ser. A partir de ahí, tengo que decirte que encuentro una vergüenza lo que ha hecho el gobierno español ante la voluntad del gobierno catalán de querer dialogar con ellos -desde hace muuuchos años- para llegar a un acuerdo. El gobierno español se ha negado rotundamente a dialogar, no quiere ni oír hablar del independentismo catalán. Para ellos es impensable  prescindir del pulmón económico de España, parece ser, y supongo que por eso han aplicado el artículo 155, que viene a decir : "A obedecer todos y a pasar por el aro".

Con la aplicación del artículo 155 el mundo entero pudo ver como el pasado 1 de octubre -fecha en la que el gobierno catalán había convocado elecciones- la policía nacional pegaba -a porrazo limpio- a muchos de los ciudadanos que fuimos a votar: que "sí", que "no", o en blanco. Sólo queríamos votar.


Yo no sé como acabará todo esto -la represión que está ejerciendo el gobierno español contra el sector independentista está siendo muy dura. Me recuerda al franquismo-, pero pase lo que pase sólo pido una cosa: que salga el sol por donde salga no nos olvidemos nunca de sonreír. Eso es lo esencial.

Hasta pronto, mi caballero.

Un abrazo

       *Odette*

                                                                       Cap. 44

Tantas voces dio Quijote - que Maritornes fue aprisa
al pajar por desatar - al caballero asido,
que tras dar luego en el suelo, - levantóse en pie y dijo:
"A cualquiera que dijere - que he sido con justo título
encantado, le desmiento, - le reto y le desafío
a una singular batalla". - Y el ventero, que al oír
los gritos de Don Quijote - había salido, les dijo
a los caminantes que - Quijote andaba sin juicio
y era mejor ignorarle. - "Estamos buscando a un chico
que tendrá unos quince años - y dicen que anda vestido
siempre de mozo de mulas. - Seguro que está aquí
el muchacho que buscamos, - pues con mis ojos he visto
el coche que dicen que él - sigue desde su partida,
que es el del señor oidor, - y después de eso decirle
al ventero, aquellos hombres - entraron a por el chico,
que estaba allí durmiendo. - Despertaron al chiquillo
al tiempo que el caballero - Don Quijote se moría
y rabiaba de despecho - y saña al ver que allí
nadie hacía caso dél. - "Escuche, señor Don Luís,
(dijo al mozo un caminante) - ya puede salir de aquí
y dar la vuelta a su casa - sino quiere ver morir
de pena a su amado padre, - que está desde su partida
con deseos de morir". - Le miró atento, Don Luís,
y luego conoció que era, - el que le tenía asido,
el criado de su padre - y mirándole, le dijo:
"Volveré cuando lo quiera, - y no será hasta dar fin
a un negocio en el que - me van honra, alma y vida".
Y en eso, dijo el oidor: - "¿Qué es esto de raíz?"
"Esto es (dijo el criado), - que el caballero Don Luís,
que es hijo de su vecino, - va a permitir morir
de tristeza a su padre. - ¿no reconoce a este chico?
Y el oidor lo miró bien, - lo reconoció, y le dijo:
"¿Qué niñerías son esas, - o qué causa os ha movido
a venir desta manera - y en este traje vestido,
que dice tan mal de vos, - con su calidad, Don Luís?".
Y Don Luís dijo al oidor: - "La causa de mi venida
a pie y de tan vil traje - es que amo a su hija
desde el día en que la vi - y si usted no nos lo impide
hoy mesmo será mi esposa. - Por ella me vestí así,
por ella dejé a mi padre - y ahora que ya os he dicho
la verdad quiero que vos - me aceptéis por vuestro hijo".
Calló en diciendo esto - el enamorado chico
y el oidor, algo confuso, - suspenso y aturdido
por lo que dijo Don Luís, - le respondió, con sigilo:
"Si eso es lo que deseas - soségate y enseguida
vamos a considerar - lo que a todos mejor sirva".
Mientras con gran impaciencia - los criados de Don Luís
aguardaban a su amo, - llegó entonces allí
aquel barbero que fue - asaltado un buen día
por Quijote de la Mancha - y le robó la bacía,
diciendo que se trataba - del gran yelmo de Mambrino
y que a él pertenecía. - "Ah, ladrón que os tengo al fin!
¡dadme pronto mi bacía!", - díjole el barbero a gritos.
"Para que vean ustedes - (Don Quijote a todos dijo)
el error en el que está - este escudero que afirma
que es bacía lo que es yelmo, - que fue mío por legítima
y lícita posesión - por ganarlo en un conflicto
entre este señor y yo, - corre, Sancho, y saca aquí
el yelmo que este buen hombre - asegura que es bacía".
Sancho trújole y Quijote - lo tomó y luego dijo:
"Miren con qué cara puede - decir él que ésta es bacía
y no el yelmo que es". - Y a esta sazón Sancho dijo:
"En eso no hay duda alguna, - pues mi amo salvó su vida
al ponerse en la cabeza - aqueste yelmobacía".
                       

jueves, 15 de junio de 2017

Carta 44 a Quijote

15 - Junio - 2017
Estimado Quijote:
Los versos que cantaba el poeta que escuchó Dorotea eran tristes, y lo eran porque no podía estar con su amada Clara -eso se lo contó ella misma cuando Dorotea la despertó-. Le contó que ellos dos estaban enamorados pero que como su padre  -el oidor- no aprobaba aquella relación  -una relación un tanto extraña porque nunca se hablaron, tan sólo intercambiaron miradas y señas a través de sus respectivas ventanas, pues eran vecinos-, él la seguía a pie  -siempre disfrazado, para que el oidor no le descubriera- allá hacia donde ella iba, y le cantaba.

Mientras las dos muchachas conversaban, la hija de la ventera y Maritornes te hicieron una gran putada, querido Quijote. Bueno, te la hizo la hija de la ventera, aunque la otra lo consintió, así que viene a ser lo mismo. Y no digas que es obra de un encantamiento lo que ocurrió ¡qué puñetas! se burlaron de ti.

Lo que te ocurrió fue que después de alargar bien el brazo para poder meter la mano por el agujero que daba al pajar -en donde estaban las dos-, tal como te pidió la estúpida esa, te ató fuertemente la mano con una cuerda. Y cuando Rocinante  -sobre el que estabas de pie, intentando no perder el equilibrio para no caer- se movió, te quedaste colgado como un muñeco de trapo, sin poder tocar el suelo.


Ufff, no quiero ni pensar el dolor que te causó ese fuerte tirón, ni el quedarte ahí colgado, por Dios, ojalá pudiera venir corriendo a salvarte y a pegarles un par de tortas a esas dos idiotas, que es lo que se merecen. Y hablando de idiotas que se merecen un par de tortas, te contaré lo que me ha ocurrido precisamente hoy: me he quedado sin trabajo por culpa de un idiota que me engañó, te cuento:

Yo me gano la vida como teleoperadora haciendo telemárketing  -vendiendo por teléfono-, como ya te he contado en alguna ocasión. Es un trabajo que quema mucho, así que cuando hace un mes vi un anuncio en el que una editorial pedía  -a cambio de un sueldazo- una persona mayor de 40 años, que no fumara y que tuviera experiencia en tmk para concertar entrevistas, pensé: ese es mi trabajo.

Cuando llegué allí me hicieron una prueba telefónica -después de haber leído un argumentario de tres páginas sobre el corredor del mediterráneo- y luego le conté al idiota ese mi sueño de ser escritora, y me dijo: "Pues estás en el sitio indicado, aquí aprenderás muchísimo, concertarás visitas con personas muy cultas que yo entrevistaré: médicos, abogados, alcaldes... Y también editaré tu libro, ya verás..."


Qué bien, qué fácil, concertar entrevistas con personas cultas para que salgan en sus libros de biografías, de política..., y encima me va a editar mi libro, no me lo podía creer. Pero ese idiota en cuestión no me dijo que esas personas a las que tenía que llamar -haciendo puerta fría con la típica base de datos sacada de internet- para invitarles a entrevistarse con él, tenían que pagar cuatro mil euros -como mínimo- para salir en sus libros. 

Yo fui la única seleccionada para ese puesto de trabajo -la única ingenua a la que logró engañar- y si no me fui de allí en cuando supe de que iba aquello fue porque me había despedido del trabajo anterior y en aquél momento no tenía nada más. 

Esta misma mañana me ha dicho su hijo que no he superado el período de prueba porque no he concertado ninguna visita en un mes -aunque hay varias pendientes de alcaldías y de empresas que me he currado yo, y que se llevará él-, cuando me tenían que haber dado un premio por haber estado picando piedra durante tantos días seguidos.

En fin, que antes de irme no he podido darle un par de tortas a ese idiota que me engañó porque el muy cobarde se ha escondido, no le he visto el pelo.

Bueno, mi caballero, como dicen que no hay mal que por bien no venga, ahora me toca esperar a ver qué cosas buenas me trae la vida...

Un abrazo

*Odette*

                                                                Cap. 43

Le pareció a Dorotea - que no sería bien que
dejase Clara de oír - aquel entonar tan bello,
y así, la despertó. - A Clara, aún soñolienta,
cuando apenas hubo oído - alguno de aquellos versos,
le dio un temblor extraño - y, abrazando a Dorotea,
dijo la moza, llorando - "¡Ay, señora! ¿para qué
me habéis despertado si - lo mejor era tenerme
cerrados ojos y oídos - para no escuchar ni ver
a ese desdichado músico?" - Extrañada, Dorotea,
deseó saber la causa - del cantar de aquellos versos
en tono tan lastimero, - y al preguntárselo a ella,
ésta le respondió así: - "Este músico y poeta,
es natural de Aragón - y es hijo de un caballero,
el cual vivía frontero - a la casa en la que
vivimos mi padre y yo. - Un día el muchacho éste
me vio, se enamoró - y me lo dio a entender
desde las ventanas de - su casa con tantas señas
y con tan sinfín de lágrimas, - que mi corazón también
se enamoró de él. - Llegóse en esto el tiempo
de nuestra partida y no - pude despedirme de él,
pero al cabo de unos días, - cuando entramos a una venta,
allí de nuevo le vi, - disfrazado por no ser
descubierto de mi padre, - del cual se esconde siempre.
Iba vestido de mozo - de mulas y me alegré
de verle y, desde entonces, - por amor me sigue siempre
allá a donde yo voy, - y siempre me sigue a pie.
Todos los versos que canta - los saca de su cabeza,
que es mi amor un gran poeta, - y cada vez que le veo
o le escucho cantar tiemblo, - temerosa cada vez
de que mi padre le vea - y descubra el deseo
que nos une a los dos, - pues sin él vivir no sé,
a pesar de que jamás - he conversado con él.
Esto es, señora mía, - lo que os puedo contar deste
mozo que canta tan bien". - "Doña Clara, reposemos
lo que queda de la noche - y luego, al amanecer,
Dios dirá lo que hay que hacer", - díjole a ésta, Dorotea,
deseando hallar un buen - fin a éste principio honesto.
Sosegáronse con esto - y, mientras que en la venta
se guardaba un gran silencio, - la hija de la ventera
y Maritornes, se fueron - a hacer burla al caballero
Don Quijote que, montado - en su jaco, estaba haciendo
la guarda de la posada. - Había un agujero
en el pajar que salía - al campo y, las doncellas,
se colocaron allí, - desde donde le oyeron
hablar con voz regalada - a su amada Dulcinea:
"¡Oh, señora Dulcinea! - ¿qué fará ahora su merced?
dímelo tú, sol, que debes - de estar ensillando apriesa
tus caballos para así - madrugar y pronto ver
a mi amada señora. - Así, sol, cuando la veas
salúdala de mi parte, - pero, guárdate que al verla
no le des paz en el rostro, - que tendría entonces celos
de lo que a ella le des". - "Lléguese acá su merced
-díjole a Don Quijote - la hija de la ventera-,
y déjeme ver su mano - para desahogar la pena
de no poderle tener, - por ser vos de Dulcinea".
Y entonces, Don Quijote, - tras oír a la doncella,
se acercó al agujero - y, tras ponerse de pies
encima de Rocinante, - díjole a la mozuela:
"Tomad, señora, esa mano - que no ha tocado mujer,
ni aún la que tiene entera - posesión de aqueste cuerpo.
No os la doy para besarla, - sino para que miréis
la trabazón de sus músculos, - la complexión de sus nervios
y la anchura de sus venas, - que de aquí sacaréis
cómo debe ser la fuerza - de aqueste brazo que tiene
mano tan descomunal". - Y la hija de la ventera
dijo: "Pues ahora veremos - toda la fuerza que tiene
y, haciendo una lazada - corrediza al cabestro
del asno de Sancho Panza, - se la echó a la muñeca,
bajóse del agujero - y luego ató fuertemente
lo que quedaba al cerrojo - que estaba en la puerta
del pajar y, entre risas, - dejaron al caballero
asido de tal manera - que no pudo desprenderse
de tan apretado lazo. - Estaba el caballero
con grandísimo temor - y atención que si el jumento
se desviaba de allí - iba a quedarse él
colgado del brazo, que - no osaba ni hacer
el más leve movimiento. - Y, mientras que el caballero
se veía así atado - y se decía a sí mesmo
que aquello era encantamento, - acercáronse a la venta
cuatro hombres de a caballo. - Uno de aquellos jumentos
fue a oler a Rocinante, - que aguantaba sin moverse
a su estirado señor - y, Rocinante, que era
de carne y no de leño, - se tornó para oler
a quien le acarició - desviando así, al moverse,
los pies junto de Quijote, - que hubieran dado en el suelo
a no quedarse colgado - de la mano sin poder
alcanzar tocar la tierra, - con las plantas de los pies.