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miércoles, 11 de marzo de 2015

Carta 6 a Quijote

11 - Marzo - 2015
Estimado Quijote:
Cómo te dejarían los mercaderes que tu vecino no logró reconocerte hasta que te hubo limpiado la cara. Por cierto, es una buena persona Pedro Alonso, pues esperar a que anocheciera para llevarte al pueblo y que así nadie viera el lamentable estado en el que regresabas, dice mucho de él.

Imagino el revuelo que se armaría entre tu gente más cercana cuando llegaste a casa, pues tratar de ver con exactitud el alcance del daño que te hicieron, con sólo la luz de la lumbre o de alguna vela, o una antorcha, no sería fácil. Al menos cuando yo me he quedado sin luz eléctrica en casa y he tenido que recurrir a las velas, ufff..., me he sentido algo limitada. En esas ocasiones pienso en la lucha diaria que tienen las personas invidentes, como la pintora Kelly Arrontes, por ejemplo. Por cierto, esta es una frase de Kelly que leí hace poco en un periódico, y que me dio que pensar : "A medida que la luz exterior se iba apagando, una luz interior crecía en mi".


Haciendo referencia a la luz eléctrica que tenemos ahora en las casas, intentaré explicarte de una forma sencilla en qué consiste este tipo de luz. Es muy parecida a la luz del día, aunque sea artificial, y llega a nosotros a través de las bombillas, que son como huevos de cristal  -esa es su forma de origen, aunque luego se han realizado más diseños- . Y la luz llega a las bombillas a través de unos cables ¿cómo? ¿por qué? -pues no tengo mucha idea, pero así es- ¡Ah!, y una cosa importante : las bombillas se encienden y se apagan con tan solo pulsar un botón, así de fácil.

                    
Todas las casas están repletas de bombillas y también las hay en las calles, sobretodo en Navidad, que es cuando tanto las casas como las calles se engalanan cubriéndose con sus mejores luces, te impresionaría verlo. Es tan bonito que si hubieras visto al llegar a tu pueblo tantas luces de colores brillar y bailar en el aire, aún yendo como ibas, en tan mal estado, seguro que habrías sonreído. Y desde el mismo asno sobre el que te llevaba Pedro Alonso, habrías alzado los brazos con las manos bien extendidas para intentar tocar esas luces, que te abrían parecido traviesas estrellas caídas del cielo. ¿No es así? ¿ mi caballero?.

Un abrazo

*Odette*

Cap. 5

"¿Dónde estás, señora mía, - que no te duele mi mal?
o no lo sabes señora, - o eres falsa y desleal.
¡Oh gran marqués de Mantúa, - mi tío y señor carnal!",
dijo, Quijote, al ver - a un hombre arribar.
Aquel tipo que llegó, - Pedro Alonso se llamaba,
y era un simple labrador - que se acercó a  ayudar
al hombre que allí yacía - herido de gravedad.
Tras quitarle la visera - (que estaba hecha pedazos) ,
le limpió la cara y vio - a su vecino, Quijano.
Y tras apartarle el peto - y después el espaldar,
subióle sobre su burro ; - lió bien en Rocinante
las estropeadas armas - y tomando a éste y al asno,
comenzó a caminar. - Pedro quiso aguardar
a que la noche cayera - para que no viera nadie
lo mal que el hidalgo estaba, - y al fin, en la oscuridad,
llegó a casa de Quijana, - que andaba algo alborotada.
Cuando el cura, el barbero, - la sobrina y la ama,
vieron llegar a Quijote - en tan lamentable estado
decidieron actuar, - y entre los cuatro acordaron
abrasar aquellos libros - que le hicieron tanto mal.


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