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jueves, 26 de marzo de 2015

Carta 9 a Quijote

27 - Marzo - 2015
Estimado Quijote:
Sólo comenzar tu aventura junto a Sancho Panza sufriste dos incidentes gracias a tu cabezonería. Primero te lanzaste contra treinta molinos de viento que imaginaste que eran desaforados gigantes, y luego embestiste a un grupo de gente que acompañaba a una señora  -que viajaba en un coche-  y que tú creíste que era una princesa raptada.


Por cierto, Quijote, en mi mundo también existen coches, aunque  poco tienen que ver con los que tú conociste. Ahora ya no avanzan arrastrados por caballos, sino que en su interior llevan un complejo mecanismo que, al ser activado, genera la fuerza necesaria para que el coche avance sin dificultad. Y para conducirlo lo hacemos mediante un volante  -que es como el timón de un barco, pero más pequeño-  que va conectado a un  eje central al que van insertadas, en sus extremos, las cuatro ruedas del automóvil.



En fin, querido Quijote, es toda una modernidad nuestro coche actual y también tenemos trenes, aviones  -que vuelan como pájaros-  y hasta se han inventado cohetes -que son como molinos de viento, pero gigantes y sin aspas- que el hombre ha utilizado para ir hasta la luna. Sí, sí, hasta la misma luna ¿sabes?, ahora mismo, contándote esto, me ha venido a la mente Llan Ramón, el primer astronauta israelí  que fue a la luna.


Y ¿por qué me acuerdo de él ahora y no de otros astronautas?, pues por un detalle importante que llevó consigo en ese viaje suyo. Se trata de un dibujo de la tierra vista desde la luna hecho por Petr Ginz, un niño judío que  en 1944 fue asesinado por los nazis en el campo de concentración de Auschwitz.


Llan Ramón llevó ese dibujo consigo para "Cumplir  los sueños de un niño que se vio obligado a vivir  entre los muros de un ghetto y para rendir homenaje a todas las víctimas del Holocausto", aunque el vuelo del Columbia tuvo un trágico final y los siete tripulantes que viajaban en él fallecieron.

Recordar a alguien es la mejor forma de rendirle homenaje, así que hoy quiero rendir mi particular homenaje a Petr Ginz, a Llan Ramón -y a sus compañeros de viaje-  y a todas las víctimas del Holocausto. A parte, querido Quijote, también estoy preparando una novela que homenajea a los españoles que fueron llevados como prisioneros  al campo nazi de Mauthausen. En particular, dedico mi libro al anarco-sindicalista catalán Pere Prat Nogués, nacido en Terrassa, como yo.

Mis "Héroes que lloran" -así se titula el libro- nada tenían que ver con la segunda Guerra Mundial, pero fue Franco -tras haber ganado la Guerra Civil en España- quien entregó a los perdedores de dicha guerra (que se encontraban entonces refugiados en Francia)  a Hitler, al éste ocupar Francia.

Pero de este libro, de "Mis héroes que lloran", ya te hablaré en otra ocasión, mi caballero.

Un abrazo

*Odette*


Cap. 8

Estando en esto vieron -  treinta molinos de viento
y así como Don Quijote -  los vio, dijo a su escudero:
"Es gran servicio de Dios -  quitar la mala simiente
de la faz de nuestra tierra, -  y por eso ahora debo
acabar con los gigantes". -  "Fíjese, vuesa merced,
que aquellos no son gigantes, -  sino molinos de viento",
díjole Sancho a su amo. -  "Quítate, si tienes miedo,
y vosotros, non fuyades, - que os voy a acometer,
gigantes desaforados", -  gritaba el caballero.
Don Quijote le pidió -  a su dama, Dulcinea,
que en tal trance le ayudase; -  se cubrió de su rodela
y con la lanza en el ristre, -  con Rocinante se fue
a embestir a los gigantes, -  aunque acabó maltrecho
y rodando por el campo. -  "Le dije a vuesa merced
que eran molinos de viento", -  reprendióle su escudero.
"Cállate, amigo Sancho, -  que yo creo que aquél
que me robó el aposento -  ha sido el que ha vuelto
los gigantes en molinos; - pero poco han de poder
todas éstas malas artes -  contra la bondad que tiene
la intención de mi espada". -  Y después de hablar esto
Don quijote y su escudero - su camino prosiguieron.
Mientras caminaban vieron -  dos frailes, dos caballeros,
y un coche que venía -  con dos mozos de a pie
y con cuatro de a caballo. -  "En aquel coche que véis
llevan los encantadores -  hurtada alguna princesa
y es menester deshacer -  a toda prisa este tuerto",
dijo Quijote olvidando -  que aún andaba maltrecho.
Sancho Panza, que aún tenía -  a los gigantes en mente,
quiso intentar evitar -  otra historia funesta
pero no lo consiguió. -  Alguna de aquella gente
fue herida por Quijote -  y luego a la mujer
que viajaba en el coche -  le pidió que se volvieran
hacia el pueblo de Toboso - y hablaran a Dulcinea
lo que por su libertad -  Don Quijote había hecho.
El escudero del coche -  no estuvo con él de acuerdo
y terminaron los dos -  enfrentados en un duelo...

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