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lunes, 6 de abril de 2015

Carta 10 a Quijote

06 - Abril - 2015
Estimado Quijote:
¡Ya te vale!, primero le pides a la señora del coche que vuelvan todos a Toboso para contarle a Dulcinea que la has liberado  -como si estuviera presa la mujer, y como si el Toboso estuviera allí mismo- y luego, al oponerse a ello el escudero del coche, le das a éste con la espada en toda la cara y le dejas sangrando como un cerdo en plena matanza. Pero no tienes bastante con eso, sino que además le pides que se rinda, cuando el pobre está tan grogui que no puede ni hablar, y le amenazas con cortarle la cabeza si no lo hace.

Suerte que interviene a tiempo la señora del coche suplicándote que le perdones la vida. Y lo haces ¡Bravo, Quijote ! , pero sólo cuando ella te asegura que el hombre se presentará ante Dulcinea para que tu amada haga  de él lo que su voluntad quiera. Únicamente puedo repetirte lo mismo que te dije al comenzar la carta, Quijote: ¡ya te vale!

No habría llegado la sangre al río  ni nada de eso habría ocurrido si en tu época hubiera existido el teléfono móvil , pues entonces la señora del coche habría telefoneado a Dulcinea para  contarle que la habías liberado y todo se habría acabado aquí.

Querido Quijote, te cuento lo que es un teléfono móvil, para que te hagas una idea. Es como una caracola de mar  -aunque su diseño se parece más a una pequeña piedra plana de forma rectangular- con la diferencia de que al acercártelo a la oreja, en lugar de sentir las olas, oyes la voz de la persona con la que deseas hablar.



Y eso no ocurre ni por obra del Espíritu Santo ni de ningún encantador, sino que es obra del avance tecnológico de mi mundo.

El teléfono móvil es muy útil, muchísimo, y todos llevamos uno encima, como si de una prolongación de nuestro brazo se tratara, y lo utilizamos a menudo, demasiado. Si  nos vieras por un agujero como deambulamos por la calle alucinarías, pues parecemos un ejército de hormigas huyendo en desbandada, todos corriendo -porque en mi mundo todos vamos así, a un ritmo frenético- con el móvil pegado a la oreja.


Nos hemos vuelto tan adictos al móvil que si lo olvidamos en casa volvemos corriendo a buscarlo, pues sin él nos sentimos desnudos, perdidos..., y, ¿sabes?, con tanta prisa y tantas ondas vibrando en el aire -eso es lo que  hace que los móviles funcionen, aunque  en realidad  su mecanismo es mucho más complejo-,  han surgido enfermedades en mi mundo que en el tuyo no existían. Esos son los efectos secundarios del progreso  -pues ocurre  como con muchos medicamentos, que te curan una cosa y te estropean otra-,  por un lado te facilita la vida y por otro te la perjudica.


En fin, mi Caballero, me estoy alargando demasiado y no te quiero cansar con las cosas de mi mundo. Te dejo por hoy.

Un abrazo

*Odette*


Cap. 9


...el vizcaíno escudero - fue el primero en atacar
y lo hizo con tal furia - que se le torció la espada;
eso fue lo que salvó - a Quijote de acabar
muerto en aquella batalla. - Quijote lleno de rabia
y aún erguido, aunque maltrecho , - apretando más la espada
en sus manos descargó - sobre el fiero contrincante.
Quijote acertó de lleno - y el otro empezó a sangrar
por nariz, boca y oídos. - Don Quijote, con la espada,
le pidió que se rindiese, - si no quería acabar
con la cabeza cortada, - pero el hombre, muy turbado,
quedó mudo al responder. - Y entonces aquella dama
que iba en el coche rogó - a Quijote perdonase
la vida a su escudero. - "Por cierto, fermosa dama,
yo haré lo que me pedís; - mas me habéis de asegurar
que este caballero irá - a Toboso a presentarse
ante doña Dulcinea, - para que dél ella haga
lo que su voluntad quiera", - dijo Don Quijote, airado,
y algo malhumorado. - La desconsolada dama
prometió que el hombre haría - lo que le fuese mandado
y por eso, Don Quijote, - decidió no hacerle daño
y perdonarle la vida - a aquel individuo aciago.

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