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jueves, 9 de abril de 2015

Carta 11 a Quijote

10 - Abril - 2015
Estimado Quijote:
Si existiera ese bálsamo milagroso del que hablas que cura hasta la muerte yo también, como Sancho Panza, querría saber su receta, por si cuando me llegue el momento de morir no me apetece nada irme de aquí. Pues eso de tener que marcharme involuntariamente a tan  misterioso y desconocido lugar -me niego a pensar que todo se acaba aquí-, completamente sola y sin nada de equipaje, me da algo de "canguelis", la verdad.


Sin embargo, querido Quijote, hay personas que nos dejan voluntariamente. Mira, hace unas semanas el tren en el que voy cada mañana a trabajar tardó un buen rato en salir de la estación porque hubo un suicidio; alguien se había lanzado a la vía y fue arrollado por el tren que precedía al mío.

¿Sabes?, es una lástima, pero eso ocurre diariamente, pues hay mucha gente desesperada que ante la imposibilidad de hallar una solución a sus problemas se lanzan a las vías del tren, o del metro -que es como un tren, pero que suele ir bajo tierra-,  o se quitan la vida de alguna otra forma. Pero este es un tema triste y muy delicado a tratar, así que lo voy a dejar aquí.

Y para acabar, querido Quijote, sólo te contaré una agradable experiencia que tuve hace ya años tras sufrir un accidente de tráfico. Tras el fuerte golpe que recibí en la cabeza me sentí de repente transportada a un lugar que era... ¿cómo te diría?, muy acogedor, sí, pues allí todo era taaan cálido... , que ahora, al recordarlo, lo comparo como si hubiera vuelto de nuevo al vientre materno, por lo agradable que fue.



Pero los gritos de mi hermana mayor me arrancaron de tan dulce lugar, haciéndome volver de nuevo a la realidad, y llegó entonces el dolor y una amnesia que, afortunadamente, duró poco.

Ojalá que ese lugar en el que estuve sea el cielo, pienso a veces,  y ojalá que en él me encuentre -cuando me llegue el momento de quedarme definitivamente- con todas las personas queridas que he ido conociendo a lo largo de mi vida. ¿Sabes?, lo primero que haría sería ir corriendo a abrazar a mi padre  -le echo tanto de menos...-, y lo primero que le diría es que a pesar de nuestras diferencias siempre le quise, y siempre le querré.

Si le ves, mi caballero, por favor, díselo de mi parte. Gracias.

Un abrazo

*Odette*

Cap. 10

Cuando Sancho vio acabada - la pendencia entre los dos,
se acercó a toda prisa - a pedirle a su señor
el gobierno de la ínsula. - "Tened paciencia, por Dios,
que en estas encrucijadas - no se gana otra cosa
que una oreja cortada - o una cabeza rota;
ya vendrán las aventuras - en las que habrá ocasión
de ganar alguna ínsula", - díjole a Sancho, Quijote.
Y luego, sin decir nada - a la gente de aquél coche,
se entraron por un bosque. -"Si llevase la redoma
del bálsamo Fierabrás, - me bastaría una gota
para mis males sanar". - "¿Qué bálsamo, qué redoma?",
preguntóle Sancho Panza. - "El bálsamo milagroso
que hasta la muerte cura". - "Pues si existe ese licor
yo prefiero su receta - a ser un gobernador",
díjole Sancho a su amo, - a lo que éste respondió:
"Todo llegará a su tiempo". - Cuando Don Quijote vio
su celada hecha pedazos - al cielo alzó los ojos
y juró tomar venganza - del que se la destrozó.
"Advierta, vuesa merced,  - que si aquel hombre cumplió
lo que usted le ordenó, - no merece más dolor",
advirtióle su escudero. - Y Quijote respondió :
"Eso que has dicho es cierto - y te doy toda razón
pero ahora, escudero, - quiero que sepas que yo
le quitaré por la fuerza - la celada a otro hombre,
imitando a alguien en ello: - que esto mismo pasó
sobre el yelmo de Mambrino, - que tan caro le costó
al famoso Sacripante. - Pero dejemos ahora
esto para otro tiempo - y mira en tus alforjas
qué traes para comer". - Comieron queso, cebolla
y algún mendrugo de pan - y luego, junto a las chozas
de un grupo de cabreros, - decidieron acampar.

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