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martes, 14 de abril de 2015

Carta 12 a Quijote

15 - Abril - 2015
Estimado Quijote:
¿Te parece bonito obligar a Sancho Panza a que se siente contigo a la mesa de los cabreros que os invitaron a cenar, si a él no le apetece?. Está muy bien que salves a damas secuestradas, pero si tratas así de mal a la persona que más cerca de tí está, pierdes toda credibilidad. Y si sigues así, querido Quijote, podrías llegar a ser tan poco creíble como lo es, a mi parecer, la Iglesia Católica.

Hablando de la Iglesia, te diré que yo creo en Dios, pero no en el que me describió una vez un cura diciéndome de él que era como una madre, que premia a sus hijos si se portan bien y los castiga si se portan mal. Y como guinda del pastel añadió que a él Dios le había castigado con una úlcera de estómago por comer mal. Sin palabras...


Hace unos días, una persona que no es creyente me contó qué era para él el ser humano. Te lo cuento porque en un punto de su explicación aportaré la descripción del Dios en el que yo creo. Para esta persona -a quien admiro y aprecio-  sólo tenemos una inteligencia, mayor o menor, para comprender y aprehender lo que nos rodea. Unos sentidos, para saciarnos de lo que nos rodea y estimula, y la palabra, que es expresión de la inteligencia. Yo añado aquí que a esa inteligencia la veo como una parte del todo, de Dios.  Y a Dios me lo imagino como la fuente de energía infinita que lo hace mover todo, el Universo entero, como si se tratara del mismo sol, y a nosotros nos veo como a los rayos de ese sol.


Y volviendo de nuevo a la falta de credibilidad, querido Quijote, tengo que añadir algo a favor de la Iglesia Católica, y es que en ella no sólo ha habido y hay gentuza como pederastas, manipuladores y vividores. Afortunadamente, también hay y han habido en la Iglesia personas tan auténticas y tan íntegras como lo fue mi tío Elías, por ejemplo, al que adoro. Es mi Santo de cabecera y siempre llevo una fotografía suya conmigo. Mi tío Elías, que en realidad era mi tío-abuelo, pues era hermano de mi abuela materna, murió muy joven -a los 24 años-, asesinado por los "Rojos" al principio de la Guerra Civil. 



Y a favor de los "Rojos" también tengo algo que decir, pues hubo muy buena gente entre ellos, como Pere Prat Nogués, por ejemplo, anarco-sindicalista catalán a quien dedico la novela en la que estoy trabajando actualmente: "Héroes que lloran". Según Amàlia, la hija pequeña de Pere Prat, su padre era un hombre pacífico y de una inmensa humanidad que nunca dio ni un bofetón a sus hijos. Pere Prat tenía en alta estima la enseñanza y la educación, fue un excelente mediador entre las fuerzas vivas y la clase trabajadora, y hablaba muy severamente de los "Pistoleros"; jamás aprobó sus actos de quemar iglesias, ni de asesinar a empresarios, a curas y a monjas.

Ya ves que no debemos juzgar a las personas por la institución a la que pertenecen, pues lo único que determina cómo es una persona son sus obras, nada más. Y antes de despedirme, mi caballero, sólo quería decirte que espero no haberte ofendido al acusarte de haber sido injusto con tu escudero, pero tenía que ser sincera contigo, por el cariño que te tengo.

Un abrazo

*Odette*

Cap. 11

Los cabreros convidaron - a Don Quijote y a Sancho
a sentarse en su mesa. - Don Quijote fue a sentarse
y Sancho quedóse en pie - para servir a su amo.
"La andante caballería - y el amor todo lo iguala;
así que siéntate aquí - y come y bebe a mi lado",
díjole Quijote a Sancho. - "Gracias por ser tan galante,
pero a decir verdad, - prefiero a solas yantar
sin melindres ni respetos, - aunque sea cebolla y pan,
que comer en esas mesas - donde es forzoso mascar
despacio y beber poco, - no toser ni estornudar
si a uno le viene en gana, - ni tampoco hacer nada
de lo que trae consigo  - soledad y libertad".
Quijote obligó a Sancho - a sentarse a su lado
y acabando de embaular - todo el servicio de carne,
pusieron en las zaleas - bellotas avellanadas,
junto a medio queso duro. - Con las bellotas en mano,
Don Quijote comenzó - a hablar de tiempos dorados:
"Dichosos aquellos siglos - y dichosa aquella edad
donde todo era común. - Entonces todo era paz,
todo era conformidad - y todo era amistad.
Entonces no hacía falta - ningún caballero andante,
pero con el mal que hay - agora, en nuestros años,
es necesaria en el mundo - la orden que fue fundada
para al débil amparar, - de la cual yo formo parte".
Los cabreros le escucharon, - suspensos y embobados,
y al terminar la arenga - y tras la cena acabar, 
uno se levantó y dijo: - "Queremos darle solaz
convidándole a escuchar - a un compañero que canta
y está a punto de llegar". - Y cuando arribó el zagal,
que se llamaba Antonio, - no se hizo de rogar;
se apoyó en el tronco - de una encina desmochada
y tras templar su rabel, - les cantó un bello romance.
Tanto le gustó a Quijote - escuchar a aquel zagal, 
que le rogó que cantase - otra poesía más.
Pero, Sancho, adormilado, - fue y le dijo a su amo
que era demasiado tarde - para andar aún velando.

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