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domingo, 17 de mayo de 2015

Carta 16 a Quijote

17 - Mayo - 2015
Estimado Quijote:
Una vez que estás tranquilo va Rocinante y te mete en líos, y ésta vez no te basta  con ir tú solo a empuñar la espada, sino que obligas a Sancho Panza   -que no tiene ningunas ganas- a luchar contigo. Ya podías haber dejado a tu escudero fuera de esto, digo yo.
¿Sabes?, me parece mágico que Rocinante  -que es sólo piel y huesos-  pueda de repente, al ver a las yeguas, salir al trote con ese ímpetu. Pero es que cuando alguien quiere algo de verdad, va a por ello así, a saco, casi volando, y nos deja al resto de los mortales boquiabiertos.


Voy a contarte la historia de alguien que gracias a su empeño hizo algo increíble y dejó a todos boquiabiertos de verdad. Su nombre es Mónico Sánchez  y ¿sabes?, era manchego, como tú. Supe de su historia por el profesor Guillermo Olagüe de Ros  -Catedrático de la Historia de la Ciencia-, a quien he tenido el privilegio de conocer gracias a éste blog.

Mónico Sánchez nació en Piedrabuena (Ciudad Real) en 1880  -en una familia humilde-  y se empeñó en ser ingeniero. Marchó a EEUU, se hizo ingeniero eléctrico, fue contratado por una empresa americana, se hizo millonario, y a su vuelta a España montó en su pueblo una fábrica de aparatos eléctricos en la que dio trabajo a centenares de personas. Pero murió pobre y arruinado -en 1961- porque tuvo la mala fortuna de que le pillara la 1ª Guerra Mundial y luego la Guerra Civil, que quebró España en dos y arruinó a Mónico Sánchez, éste gran creador.


¿Sabes qué creó Mónico Sánchez? ¿qué inventó?, pues dos cosas muy importantes: la telefonía sin hilos y el aparato portátil de Rayos X. Por lo que hace a la telefonía sin hilos, la empresa en la que trabajaba pensó en adaptar su invento a coches, barcos.... Sus teléfonos  inalámbricos  tenían un alcance de 100 Km, aunque eran bastante inseguros. Y en referencia al aparato portátil de Rayos X, tuvo mucho éxito, sobretodo en la 1ª Guerra Mundial, pues facilitaba a los cirujanos operar con mayor seguridad a los heridos de arma de fuego, ya que les permitía ver en dónde estaba la bala.

Ya ves, mi caballero, que tu tierra es muy buena tierra, pues ha dado tan estupendos frutos como el inventor Mónico  Sánchez, y como tú.

Un abrazo

*Odette*

P.D. Estimado Quijote, permíteme unas palabras de agradecimiento a los lectores de éste blog, pues cómo bien dice tu creador: "la ingratitud es hija de la soberbia". Gracias a tod@s por vuestras palabras de apoyo y de ánimos, por vuestras sugerencias y correcciones, y especialmente por estar ahí. Gracias a tí, mami, por ser mi primera lectora. Al profesor Antonio Castillo Gómez y a la profesora Verónica Sierra Blas, mil gracias  por hacer difusión de estas "Cartas a Quijote" desde su blog "Grafosfera", y al profesor Guillermo Olagüe: gracias por compartir tu saber conmigo, por tus correcciones, sugerencias y sobre todo, por creer en mí.

                                     Un abrazo a tod@s  y muchisísimas      




Cap. 15

Don Quijote y su escudero - caminaron hasta un prado
y allí, junto a un arroyo, - decidieron descansar
y saciar su apetito. - Ni el ceniciento asno
ni el caballo de Quijote - fueron atados por Sancho,
por lo que pacieron libres, - mientras que por allí andaban,
paciendo en manada, - unas hacas galicianas
de unos arrieros yangüeses. - Ocurrió que a Rocinante,
a quien Sancho conocía - por poco rijoso y manso,
le vino en gran deseo - refocilarse a las hacas,
y éste salió al trote - y se fue a comunicar
su necesidad con ellas; - pero al parecer las hacas,
que deseaban pacer, - lo recibieron muy mal.
Cuando vieron los arrieros - a sus yeguas molestadas,
a Rocinante le dieron - tantos palos, con estacas,
que acabaron derribandolo. - Y dijo Quijote a Sancho :
"Esta gente es soez - y de ralea muy baja
y por ello, escudero, - tú me puedes ayudar
a vengar este agravio". - "¿Qué venganza hay que tomar
si ellos son más de veinte - y nosotros sólo un par?",
dijo Sancho, preocupado. - "¡Por cien hombres yo valgo!",
y al tiempo que esto afirmaba, - Quijote cogió su espada
y arremetió a los yangüeses. -  Lo mismo hizo Sancho Panza,
pero fueron los arrieros - los que a golpes de estaca,
vencieron en la batalla. - "Yo me tengo por culpable",
díjole Quijote a Sancho, - "por poner mano a la espada
contra quien no es caballero, - pues en pena de pasar
las leyes caballerescas - el gran Dios de las batallas
me ha dado este castigo. - Por ello, amigo Sancho,
a partir de ahora tú - lucharás contra villanos
y yo contra caballeros". - No estuvo de acuerdo Sancho
y le dijo a su amo : - "Yo soy hombre sosegado
que disimula la injuria, - pues tengo que sustentar
a mi mujer y a mis hijos. - No pondré mano a la espada
y todos los que me agravien - por mí serán perdonados".
"Sancho, estás en un error", - dijo Quijote, indignado, 
"si el viento de la fortuna, - hasta ahora tan contrario,
se vuelve a nuestro favor - y nos hace atracar
en el puerto de la ínsula - que te prometí al marchar
¿cómo vas a gobernar?. - Para saber gobernar
hace falta entendimiento - y otra cosa importante,
que es valor para ofender - y defenderse del mal".
Sancho Panza no tenía - ganas de escuchar la plática
y pidióle a Don Quijote, - que no cesaba de hablar,
que le ayudase a auxiliar - al fogoso Rocinante,
aunque no lo mereciera, - por ser él la única causa
de todo aquel molimiento. - "Yo creí que Rocinante
era pacífico y casto; -  bien dicen que hace falta
mucho tiempo para que uno - conozca la humanidad,
y que no hay cosa segura - en la vida en la que andamos", 
díjole Sancho a Quijote, - a lo que dijo su amo:
"Saca fuerzas de flaqueza; - que siempre en las desgracias
queda una puerta abierta - para poder remediarlas".
Sancho acomodó a Quijote - en el asno y de reata
colocó a Rocinante; - luego se llevó a su asno
del cabestro y caminó - hasta que vio una posada.
En lugar de una venta - vio un castillo su amo
y Sancho, que iba cansado - y no quería porfiar,
no le llevó la contrario - y asintió sin rechistar.


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