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sábado, 20 de junio de 2015

Carta 21 a Quijote

20- Junio - 2015
Estimado Quijote:
Ibais caminando en la oscuridad de la noche, tan sedientos, que os alegrasteis de oír un gran ruido de agua, aunque al sentir también un crujir de hierros y cadenas que daban golpes al ritmo del estrépito del agua, se os pasó la alegría en un plis.

Al final tanto miedo acabó en nada, pues lo que oísteis eran sólo mazos de batán, pero la nochecita que te hizo pasar el miedoso de Sancho Panza para que no le dejaras allí solo no la olvidarás en la vida, seguro. Y ahora yo me pregunto: si hubieras ido tú solo a ver qué era aquél ruido y luego hubieras regresado para contarle a tu escudero que sólo eran mazos de batán  ¿te habría creído?

Esta supuesta escena me ha venido a la mente al pensar en el famoso "Mito de la caverna" de Platón, que es lo único que me llamó la atención de las aburridas clases de filosofía que me dio uno de los profesores más sosos que he conocido en la vida. Me imagino a esos hombres encadenados dentro de la oscura caverna mirando hacia la pared que tenían enfrente, que era la única que podían observar debido a su total inmovilidad. Gracias a la luz de la hoguera que había justo a sus espaldas veían, en esa pared, las sombras proyectadas de hombres que caminaban -por un pasillo que pasaba detrás de ellos- llevando todo tipo de objetos.


Esas sombras proyectadas era su única realidad, lo único que conocían, y cuando volvió uno de ellos, tras ser liberado, y les contó que fuera de allí había otra vida distinta, no le creyeron. Es más, le amenazaron con matarle si se atrevía a liberarlos. Es curioso, pero en la vida, muchos andamos metidos en esa caverna y sólo nos damos cuenta de ello cuando nos ocurre algo terrible que nos hace querer romper nuestras cadenas de golpe.

A mí lo que me hizo querer liberarme de repente fue la muerte de mi querido amigo Ramón, con quien conversé unos días  antes de que un accidente de tráfico se lo llevara para siempre de aquí, con 21 años. ¿Eres feliz?, me preguntó él en aquella última conversación que mantuvimos, pues..., no sé, bueno, supongo... Yo tenía entonces 17 años y la verdad es que no me hacía este tipo de preguntas tan profundas. Tenía mi primer trabajo  -de administrativa, que no me gustaba nada pero me permitía ganar dinero para mis gastos-, salía con un chico estupendo: guapo, amable, culto, con un buen nivel económico y que estaba enamoradísimo de mi  -pero yo de él no, aunque al menos no estaba sola-, y bueno, iba haciendo..., pero no,  no era feliz.

Tras la muerte de Ramón sufrí una crisis existencial y entonces me pregunté todo eso que jamás me había preguntado antes, y ¿sabes, querido Quijote?, no hallé respuestas. No sabía lo que quería, así que empecé por dejar aquello que sabía que no quería: el trabajo que no me gustaba, el chico estupendo al que yo no amaba y también dejé el tabaco, pues fumar ya no era un juego como cuando empecé, sino que se había convertido en una adicción y  fumaba demasiado: un paquete diario.

De repente, al dejar todo eso me sentí desnuda, sola, vulnerable y surgían miedos, dudas..., pero aún así me colgué la mochila a la espalda y salí a reencontrarme con mi soledad, pues todavía no tenía ningún sueño definido a seguir. Hay una preciosa canción de Ana Belén: "Desde mi libertad", que describe muy bien este lindo pero duro proceso de liberación: "...no llevaré ninguna imagen de aquí, me iré desnuda igual que nací, debo empezar a ser yo misma y saber que soy capaz y que ando por mi pie.../desde mi libertad soy fuerte porque soy volcán, nunca me enseñaron a volar pero el vuelo debo alzar..."


Liberarse, salir de la caverna para seguir tus propios sueños no es fácil, nunca lo fue, pero tú sabes mejor que nadie, mi caballero, que eso es  lo que realmente da sentido a nuestra vida, ser libres.

P.D. ¿Sabes, querido Quijote?, con motivo de mi 45 cumpleaños, que es éste 23 de junio  -sí, sí, nací en la mágica noche de San Juan-, me han hecho ya un regalazo que es una auténtica joya. Me emocionó muchísimo recibirlo, se trata de "El Quijote" de Gustavo Doré, ese romántico ilustrador que supo captar y mostrar de una forma magistral los mejores pasajes de tu historia. Gracias María por regalármelo y gracias por esa dedicatoria: "Para Maite, para que sigas luchando siempre por tus sueños como un buen Quijote".

Touchée...


Mil graciassssss

*Maite*          ( Hasta la próxima, mi caballero. Un abrazo)


Cap.20

En el negro de la noche - caminaron prado arriba
para encontrar, a tientas, - una fuente o riatillo
que les calmara la sed, - cuando llegó a sus oídos
un grande ruido de agua. - Alegróles aquél ruido,
pero luego un estruendo - que arribó a sus oídos
les estropeó el contento, - pues oyeron un crujir
de hierros y cadenas - que, dando golpes a ritmo
del estrépito del agua - parecía no dar fin.
Sancho Panza tuvo miedo - y Don Quijote le dijo:
"Sábete, Sancho, que yo - en esta edad nací
para hacer resucitar - en ella la conocida
edad de oro o dorada, - y que me aguardan a mí
los peligros, las hazañas - y los grandes cometidos.
Así que aprieta un poco - a Rocinante las cinchas
y espérame aquí. - Y si no vuelvo en tres días
dile a mi Dulcinea - que ha muerto su cautivo
caballero acometiendo - algo que le hiciera digno
de poder llamarse suyo". - Sancho, llorando, le dijo:
"Desviémonos de aquí, - que quien busca el peligro
suele perecer en él. - Yo dejé a mi familia
por servir a su merced - ¿y ahora usted quiere irse
y dejarme solo aquí?. - No me deje, señor mío,
no me abandone así - y si quiere combatir
espere a que amanezca, - que el sol pronto va a salir".
"¿Y cómo puedes saberlo - si ninguna estrella brilla
ésta noche en el cielo?", - preguntó, Quijote, al fin.
"Porque el miedo tiene ojos - que ven lo que hay más allí
del cielo y de la tierra". - Quijote se quiso ir
a pesar del lloriqueo - de su medroso amigo,
y así se lo hizo saber, - por lo que éste, compungido,
decidió trazar un plan - para retenerlo allí
hasta que amaneciera. - Al ir a apretar las cinchas
al caballo de su amo, - Sancho ató, sin ser sentido,
con el cabestro de su asno - ambos pies a aquel rocín,
de manera que Quijote - no pudo de allí partir
puesto que su Rocinante - solo se movía a brincos.
Quijote, desesperado, - al no saber qué ocurría,
decidió quedarse allí - hasta ver la luz del día,
y el escudero al ver - el rostro de su amo, triste
y enojado, sugirióle - que se echara a dormir.
"Yo no soy un caballero - que reposa en lo peligros;
duerme tú, que tú naciste - para echarte a dormir",
díjole Quijote a Sancho. - "No se enoje, señor mío",
respondióle el escudero, - al tiempo que, asustadizo,
se abrazó al muslo izquierdo - de su amo y le dijo
que para entretenerle - un cuento le narraría.
El cuento que le narró - hablaba de Lope Ruiz,
un pastor enamorado - de Torralba, que era hija
de un ganadero rico... - "de un ganadero rico...",
repetía Sancho Panza, - a lo que Quijote dijo:
"No repitas lo que dices - y habla de forma seguida,
que si no, no acabarás - de contarlo ni en dos días".
"Así es como sé contarlo - y no sé de otra guisa", 
respondióle el escudero. - "Pues a tu guisa, prosigue",
díjole su amo al fin, - y Sancho, a su propio estilo,
siguió contándole el cuento. - "Como antes le decía",
díjole Sancho a su amo, - "Lope a Torralba quería,
y el diablo que no duerme - y que todo lo complica,
hizo que el amor de Lope, - a causa de unos celillos,
que según las malas lenguas - la Torralba dióle a Ruiz,
se volviese en omecillo. - Lope cogió tal manía
a la pastora Torralba - que escondióse de su vista
y ésta, al verse desdeñada, - lo quiso toda la vida".
"Es natural condición - en el sexo femenino
desdeñar a quien las quiere - y amar a quien las humilla",
dijo Quijote al respecto - del cuento de Lope Ruiz.
Y estando en estas razones - a Sancho Panza le vino
deseo de hacer lo que otro - hacer por él no podía;
mas era tanto el miedo - que en su corazón había,
que no osaba apartarse - de su amo ni una pizca.
Así que lo que hizo fue, - ya que aguantar no podía, 
dejar caer los calzones, - alzar luego la camisa
y echar las posaderas - al aire para así
hacer sus necesidades. - Aunque disimular quiso,
recogiendo en sí el aliento, - se le escapó algo de ruido
y al oírlo Don Quijote, - a su escudero le dijo:
"¿Qué rumor es ese, Sancho?" - "Pues no lo sé, señor mío",
respondióle éste a su amo. - Y luego, sin hacer ruido,
Sancho logró quedar libre - de la carga que le había
dado tanta pesadumbre, - mas Quijote, que tenía
bastante vivo el olfato, - al llegarle a la nariz
aquel vapor maloliente, - a su escudero dijo,
tapándose las narices: - "Retírate allá, amigo,
y de aquí en adelante - respétame una pizca".
Después siguieron hablando - hasta que se hizo de día;
Sancho se ató los calzones, - luego desligó al rocín
y lloriqueó de nuevo, - al ver a su amo partir.
Don Quijote, estremecido, - por el llanto de su amigo,
disimuló y, bien erguido, - se encaminó hacia el ruido.
Sancho Panza decidió - junto a su amor ir,
y tras andar un buen trecho - dieron en un pradecillo
que al pie de unas altas - y grandes rocas se hacía,
de las cuales despeñaba - un golpe de agua grandísimo.
Del pie de aquellas peñas - salía el extraño horrísono
que golpeaba sin cesar - y, al aproximarse allí,
vieron mazos de batán, - que a golpes alternativos
formaban el gran estruendo. - A Sancho le dio la risa
y Don Quijote, indignado, - a su escudero le dijo:
"¿Estoy yo obligado, a dicha, - a conocer si un sonido
es son de batán o no?" - a lo que Sancho le dijo:
"Lo siento, vuesa merced, - pero es que esto es de chiste
y es bien  digno de contar - el miedo que hemos tenido
con los mazos de batán, - que más que usted, yo he temido".
Quijote dio un palo a Sancho - y luego, arrepentido,
fuéle a pedir disculpas. - "¿Y ahora, tras la paliza,
me va a regalar usted - la ínsula prometida,
como cuando los señores - a sus criados humillan
y les dan luego unas calzas?", - dijo Sancho Panza, herido.
"A partir de ahora, Sancho, - respétame, y te digo
que yo me haré estimar más, - porque has de saber, amigo,
que después de a los padres, - uno tiene que vivir
respetando a su amo. - Y si eres bueno conmigo,
yo ya me ocuparé - de estarte agradecido",
aseguróle Quijote - a su estimado amigo.

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