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viernes, 26 de junio de 2015

Carta 22 a Quijote

26 - Junio -2015
Estimado Quijote:
Le pegaste tal susto al pobre barbero, que iba con su bacía de metal sobre la cabeza para resguardarse de la lluvia, que desde su asno se echó al suelo. Y cuando se levantó salió a todo correr dejándose allí la bacía, lo que te fue como anillo al dedo, pues la cogiste en un plis y colocaste sobre tu cabeza esa especie de palangana que era para ti el gran yelmo de Mambrino.


Antes, los barberos hacían de todo: afeitaban, quitaban muelas, operaban y hacían otros mil trabajos manuales, sin embargo ahora no; ahora sólo se ocupan de afeitar y de arreglar barbas y bigotes, y de cortar el pelo. Y ¿sabes?, quedan poquísimos, pues los hombres se afeitan ellos mismos en su casa y para cortarse el pelo ni viene el barbero ni van ellos a la barbería, sino que acuden a la peluquería, que es a donde vamos también las mujeres a ponernos guapas.

¿Y quién saca las muelas ahora?, te preguntarás, pues el dentista  -al que es carísimo ir- y además de quitar muelas también coloca implantes  -que vienen a sustituir a los dientes y muelas caídas- y empasta caries, endereza los dientes torcidos e incluso los blanquea. ¡Ah!, y todo eso lo hace sin que sintamos nada de dolor gracias a la anestesia, que es uno de los mejores inventos que se han hecho en medicina.

¿Y qué es la anestesia?, pues es un fármaco que inyecta el médico para bloquear la sensibilidad táctil y dolorosa del paciente, o sea, para que no nos enteremos de nada. Pero no te imagines ahora que todo el mundo va con los dientes estupendos y una sonrisa impecable y resplandeciente, pues como ya te dije ir al dentista es caro, un lujo, diría yo, que lógicamente no está al alcance de todos. Y a parte, también hay países en los que la anestesia ni llega ¿por qué?, pues porque sus mandamases están más ocupados en comprar armas, por ejemplo, que en ocuparse de la salud de sus ciudadanos. Eso sí, a ellos, no los verás ni desdentados ni tampoco luchar en primera línea de fuego.


¿Y quién fabrica y vende esas armas?, no soy nada experta en el tema, pero me imagino que los países ricos. Siempre se ha dicho que los ricos hacen las guerras y que los pobres mueren en ellas. ¿Sabes?, ojalá llegara un día en el que ningún soldado fuera a luchar y tuvieran que hacerlo ellos. Estoy segura, mi caballero, de que aunque tú mismo les enseñaras todo lo que hay que saber para ser un buen soldado, a la hora de coger el arma se harían caquitas en los calzoncillos, pues son muy valientes para fabricar y vender armas, pero para utilizarlas, no.


P.D. Antes de despedirme, querido Quijote, quiero invitaros  -a tí y a los lectores de éste blog- a escuchar a un pedazo de artista que he descubierto hoy mismo. Se llama Juanma Luque (Kelu) y es un músico -callejero reivindicativo, dice él en su facebook- que canta con el alma.
Iba yo esta mañana hacia el trabajo, echando una cabezadita en el tren, cuando de repente esa voz, esa letra, esa guitarra, esa rumba..., me ha desperezado por completo, poniéndome la piel de gallina. La canción que ha cantado, que se titula "El deshaucio", es profundamente desgarradora, no hay palabras para describirla..., hay que escucharla. Todavía no la ha grabado, está en ello, me ha dicho. Os paso el link de su facebook para que le escuchéis y para que le contratéis también si tenéis que organizar alguna celebración, alguna fiesta, como banda sonora de una película... De momento, a falta de bolos, que no salen, hace su gira por las líneas del metro y por el tren.

https://www.facebook.com/juanma-luque-kelu-302935513064918/


Añado las siguientes líneas el 15 de noviembre del 2015: He visto por internet que el Kelu ha hecho realidad su sueño de niño: grabar un CD, ¡¡Enhorabuena y que vendas mucho, Kelu!! Adjunto la fotografía de su CD que se titula: Reformando mi interior.

                                                                  

Un abrazo  a tod@s

*Maite*               (Un abrazo, mi caballero, y hasta la próxima.  *Odette*)



Cap. 21

Empezó a llover a cántaros - y, mientras Sancho y su amo
buscaban algún cobijo, - vieron que a ellos se acercaba
un hombre de a caballo, - que en la cabeza llevaba
un algo que relumbraba - cual el oro, si no más.
"Ese hombre que aquí viene - puesto en su cabeza trae
el gran yelmo de Mambrino, - así que échate a una parte
que voy a tomarle el yelmo, - pues como tú ya bien sabes,
juré tomar por la fuerza - a algún hombre su celada",
dijo Quijote, orgulloso. - El hombre que se acercaba
era el barbero de un pueblo - que, montado en su asno,
iba a otro pueblo con - su bacía de metal
para sangrar a un enfermo - y hacerle a otro la barba,
y éste al ver que llovía - púsose la palangana
para resguardar del agua - el sombrero que llevaba.
"Defiéndete, criatura, - o entrégame a voluntad
lo que a mí se me debe", - dijo, Quijote, llevando
intención de atacarle. - El barbero, aterrado,
viendo venir tal fantasma - se dejó caer del asno,
guardándose así del golpe - de la lanza que empuñaba
Don Quijote de la Mancha. - Y tras tirarse del asno,
se levantó y comenzó - a correr por aquél llano,
dejando allí la bacía, - "Ese pagano ha imitado
al castor que, al encontrarse - del cazador acosado,
deja aquello por lo que él - sabe que es acorralado",
díjole a Sancho, Quijote. - Y éste al ir a ajustar
el yelmo en su cabeza - vio que no tenía encaje
y le faltaba la mitad. - "Esta famosa celada
seguro que fue a parar - a manos de un ignorante
que no supo valorarla - y fundió una mitad,
al ver que era de oro puro, - y con la otra mitad
hizo esta que parece - del barbero, palangana", 
díjole a su escudero - Don Quijote de la Mancha.
"Pues bacía es lo que es - y no ninguna celada",
díjose a sí mismo Sancho. - "Más vale esto que nada
para poder defenderse - de alguna que otra pedrada",
añadió entonces, Quijote. - "Eso si es que no le lanzan
una piedra como aquella - que le dio en toda la mano
e hizo la alcuza pedazos, - aquella alcuza del bálsamo
que le hizo vomitar", - recordóle Sancho Panza.
"Aún tengo la receta - del bálsamo Fierabrás",
apuntóle Don Quijote. - "Pues no volveré a tomarlo
e intentaré no ponerme - en fase de precisarlo,
procurando a nadie herir, - ni que me hiera a mí nadie.
Otra cosa es que alguien - me vuelva a mantear,
ya que en aquestas desgracias, - que llegan sin avisar,
sólo se puede esperar - a que la desgracia pase",
díjole sancho a Quijote. - "Sábete que vas errado
si  nunca olvidas la injuria - que te hayan hecho, Sancho;
pues sábete que es de pechos - nobles el no hacer caso
a las simples niñerías". - "¿Cómo las voy a olvidar
si las guardan mis espaldas?", - díjole al fin Sancho Panza,
al tiempo que suspiraba. - Después de hablar un buen rato,
bebieron, almorzaron - y el camino retomaron.
Yendo los dos caminando - díjole a Quijote, Sancho:
"De unos días a esta parte - me he puesto a considerar
lo poquito que se gana - en la aventura en que andamos;
¿no fuera mejor, señor, - servir a un príncipe grande,
que tenga alguna guerra - en la que pueda luchar,
y mostrar usted su fuerza?. - Seguro que a cada cual
pagaría por sus méritos". - "Tienes toda razón, Sancho,
pero primero hay que andar - por el mundo y cobrar fama
para que así al llegar - ante el más grande monarca
uno sea caballero - ya afamado y admirado
por sus célebres hazañas. - Y entonces lo que pasa
es que el caballero llega, - se enamora de la infanta
y ella se enamora de él. - El rey, padre de la infanta,
tiene una reñida guerra - con otro hombre importante
y luego, el caballero, - pide permiso al monarca
para poder ayudarle - y a su favor luchar.
El rey le da la licencia, - con todo su buen talante,
y entonces se despide - de la infanta y va a luchar.
Pelea en la guerra, vence, - y le pide al monarca
la mano de la infanta, pero el rey antes de darle
su hija al caballero, - tendrá que averiguar
que éste es hijo de algún rey, - de no importa qué lugar.
Lo averigua, se casan - y al morir el monarca
la hija queda heredera  - y el caballero, monarca.
Aquí es cuando el caballero - comienza a premiar
a su escudero y a todos - aquellos que le ayudaron
a subir a tal estado, - y a su escudero lo casa
con la hija de algún duque. - Todo eso llegará,
Sancho, amigo, no lo dudes, - pero ahora hay que luchar
para cobrar esa fama - que me ha de hacer monarca.
Hay, a parte de la fama, - algo que también me falta,
que es el linaje de reyes, - pues el rey no me dará,
aunque sí me la merezca, - la mano de la infanta
sin antes averiguar - si llevo sangre real.
Aunque quizás tenga suerte, - y podría ser que el sabio
que escribe mi historia - encontrara en mi pasado
que soy nieto de algún rey. - Porque te hago saber, Sancho,
que en el mundo hay dos linajes: - los que vienen de monarcas
y el tiempo va deshaciendo, - y los de condición baja,
que suben de grado en grado - hasta llegar a ser grandes;
aunque yo soy hijodalgo, - por esta regla de tres
que el sabio de mi historia - hará creer al monarca,
sabrá que debo ser rey. - Y sino el cielo será
el que me concederá - la mano de la infanta,
que a Dios me encomendaré - en una de mis plegarias.
Y tú, Sancho, rápate - algo a menudo las barbas,
porque si no aunque te vistas - repleto de mil diamantes,
tus espesas, tan mal puestas - y aborrascadas barbas
mostrarán que tú no eres - un conde, sino un villano",
advirtióle a su escudero - Don Quijote de la Mancha.

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