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viernes, 10 de julio de 2015

Carta 24 a Quijote

11- Julio -2015
Estimado Quijote:
En este capítulo recibisteis una de cal y otra de arena, pues de un lado perdisteis el asno de Sancho Panza  -bueno, os lo robaron-,  pero también hallasteis un tesoro: una maleta con varias cosas, entre ellas, un librillo y una carta ¡qué emoción! Encuentro fascinante leer algo que ha sido escrito por alguien desde el corazón. ¿Sabes?, yo también encontré una vez un tesoro: un librillo escrito por alguien que estaba enamorado hasta la médula ¡qué belleza, por Dios!, no recuerdo haber leído antes algo tan romántico como aquello.


Tras una larga jornada laboral estaba yo en el andén esperando el tren para regresar a casa, cuando de pronto vi ese librillo del que te hablo. Lo cogí con la intención de ver si había alguna seña en él que me permitiera devolvérselo a su propietario,  y al no hallar nada ni en la parte de delante ni en la parte de atrás, lo abrí por el principio y empecé a leer..., era un diario personal.

En ese diario, su autor  -un muchacho vegateriano, hiper sensible y muy idealista- relataba un viaje que hizo y que empezó en su país natal: Portugal. De allí fue a EEUU -en donde se desplazaba en monopatín-, aprendió inglés y luego, pasado un tiempo, vino a Cataluña, en donde conoció a su amor, su primer amor.

Mientras leía el diario  -o más bien, lo devoraba-  iban pasando frente a mi trenes y más trenes. Se me hacía tarde, pero no podía dejar de leer ni tampoco llevarme el librillo, por si su dueño volvía a por él.Y lógicamente, tampoco quería que me pillara in fraganti, así que decidí leer un último párrafo y dejarlo en el mismo lugar en el que lo había encontrado. Tuve suerte, pues lo último que leí fue lo mejor: " Ahora que la conozco no sé cómo he podido vivir tanto tiempo sin ella", ¿no es eso precioso?


¿Sabes, Quijote?, a mi también me han dicho cosas bonitas, por supuesto  -como a todos-,  pero recuerdo en especial algo muy bello que me dijo el escritor Andrés Trapiello. Entonces -hará unos 14 años-, yo estaba buscando editor para mi "Quijote" en verso. Quería editarlo, tal como le conté a él, con la intención de animar a la gente a leer la novela original, cosa que fue para mí un esfuerzo titánico. Verás...

Cuando siendo adolescente le dije a mi padre "Papá, quiero ser escritora"  -sí, sí, ese es mi sueño, querido Quijote, aunque de momento me dedique a vender revistas y colecciones de libros por teléfono-, él me regaló la historia de tu vida en dos tomos enormes y me dijo: "Maite, si quieres ser una buena escritora tienes que aprender de los mejores". No me hizo ninguna gracia recibir ese regalo, es más, lo dejé en la misma caja, allí en un rincón, pues el "Quijote" me sonaba a la cosa más aburrida del mundo, lo siento, pero así era, y no tenía ninguna intención de leerlo.

Luego, tras ser madre de mi primer hijo, me pregunté un día "¿Maite, dónde está aquél sueño que tenías de ser escritora?", mi padre ya había muerto, y fue entonces cuando fui a buscar la caja que contenía los dos enormes volúmenes de tu vida y me dije "Ahora es el momento". Comencé a leer la primera página y me desesperé, no entendía nada de nada ¿es que estaba escrito en chino? ¿no era español Cervantes?, lo dejé. A los pocos días volví de nuevo y tras leer varias líneas sólo tenía ganas de llorar y de preguntarle a mi padre ¿Por qué puñetas me regalaste ese tocho de libro que no hay quien entienda?, y lo volví a dejar. Lo intenté varias veces más, siempre con miedo..., pues sabía que tarde o temprano abandonaría.

Y antes de darme por vencida me dije "Venga, va, una vez más, tienes que conseguirlo". Yo soy una persona de retos, de retos impuestos por mí, así que me armé de paciencia y volví de nuevo al ataque, pero esta vez sin miedo y  con la confianza de que iba a conseguirlo, poco a poco, sin prisas, y con la mente y el corazón abiertos. Comencé con el primer capítulo, primero una lectura rápida, luego otra más despacio, subrayando lo que me parecía más importante. De este subrayado hice luego un resumen, y del resumen me salió escribir un poema. Me gustó y así lo hice con todos los capítulos. Bueno, con casi todos, pues versifique toda la primera parte y parte de la segunda, que esta vez pienso acabar.

¿Sabes?, yo siempre fui una mala estudiante, jamás leí nada de literatura y dejé los estudios a medias, el "Quijote" es lo único que he leído así más académico, por decirlo de alguna manera. Por ello, me encantaría hablarles de tí a esos  estudiantes olvidados por algunos profesores, a esos que están en la última fila pasando el tiempo porque no están motivados por aprender, como me ocurrió a mi. A ellos me gustaría decirles -porque jamás leerán este blog-, que tienen todo el derecho del mundo a soñar y que dentro de cada uno de ellos hay un Quijote esperando a ser despertado, para soñar junto a ellos.

Me encantaría decirles a estos estudiantes de la última fila, que para leer el Quijote no hace falta entender tooodas sus palabras, pero que sí es necesario dejar el miedo a un lado y confiar en que teniendo la mente y el corazón abiertos, lo conseguirán. Y lo que lograrán es que, mágicamente, se rompa esa barrera del castellano antiguo que les dificultaba leer al principio, y entonces todo fluirá. Las palabras extrañas ya no les importará no entenderlas ni tendrán que acudir al diccionario a buscarlas -algunas ni existen-, porque les llegará lo importante, la esencia, y reirán contigo, también llorarán y acabarán enamorándose de tí, como a mí me ocurrió.

En fin, volviendo a Trapiello, ¿sábes qué me dijo?, tras soltarle todo este  rollo y mandarle mi Quijote en verso: "Eres como el Quijote, pero en mujer", lógicamente, sus palabras me emocionaron. Acabó no editando mi Quijote en verso, no me acuerdo del  motivo y ya tampoco importa, pues al final lo que tenemos que llevarnos de las experiencias vividas y de las personas conocidas a lo largo de nuestra vida es lo mejor que nos han aportado, mi caballero, y nada más.

P.D. Estimado Quijote, permíteme unas palabras a los profesores que leen éste blog: No os olvidéis, por favor, de los alumnos de la última fila, también existen. Y si alguna vez queréis que venga a contarles a estos alumnos mediocres que sólo acumulan suspensos -como yo acumulé-  cómo yo pasé de odiar el "Quijote" a quererlo, vendré encantada a contárselo.

Y ya para terminar, querido Quijote y lectores de este blog, me despido de vosotr@s por un tiempo, por unos meses, espero que sean pocos. Os cuento... Tenía una novela a medio escribir, pero de repente estos días me han contado una historia -acerca de unas cartas de amor que fueron robadas al final de la guerra civil- que me ha apasionado y quiero contarla en un libro. No llego a todo: los hijos, el trabajo, la casa, el blog..., así que ahora, para poder escribir esta historia tengo que dejar algo y serán las cartas a Quijote, pero por poco tiempo. Luego volveré, por supuesto.

Que paséis un feliz verano y hasta pronto !!!

Un abrazo a tod@s

*Odette*/*Maite*    



Cap. 23

"Eres un cobarde, Sancho", - díjole Quijote a éste
mientras iban caminando - hacia la Sierra Morena,
"pero para que no digas - que soy demasiado terco
y que no hago jamás - lo que tú me aconsejas,
voy a tomar ésta vez - tu aviso de ir lejos
de la Santa Hermandad, - fúria que tú tanto temes".
"Señor", respondióle Sancho, - "¿no sabe vuesa merced
que no es huir retirarse - ni el esperar es prudencia,
cuando el riesgo sobrepasa - a la esperanza o aliento?
Sepa que aunque soy villano, - se me alcanza algo de eso
que le llaman buen gobierno: - así que no se arrepienta
de tomar mi buen consejo - y sígame; que el caletre
me dice que hay que correr". - Aquella noche en la Sierra
durmieron entre alcornoques - y entre un par de peñas,
pero la suerte fatal - ordenó que aquél Ginés,
que liberó Don Quijote, - también allí se escondiera,
sin dejarse ver de nadie. - Cuando vio dormido éste
a Quijote y a Sancho, - se acercó y hurtó el jumento
del escudero y se fue, - antes de que amaneciera.
"¡Oh, hijo de mis entrañas, - nacido en mi casa mesma,
que eres brinco de mis hijos, - regalo de mi mujer,
envidia de mis vecinos - y alivio de mis pesos!",
gritó Sancho a llanto vivo - al no ver a su jumento.
Don Quijote, al escucharlo, - consoló a su escudero
prometiendo le daría- de sus cinco asnos, tres,
y Sancho limpió sus lágrimas, - agradeció su merced
y luego siguió a su amo, - cargando con todo aquello
que había de llevar el rucio. - De pronto allí, en el suelo,
Quijote halló un cojín - asido a una maleta
y al ver que pesaba mucho - y llevaba una cadena,
algo deshecha y podrida, - pidió ayuda a su escudero.
En la maleta hallaron - algunas cosas de lienzo,
un montoncillo de escudos - de oro en un pañizuelo
y un librillo de memoria, - guarnecido ricamente.
Quijote tomó el librillo - y ordenó a su escudero
que guardase el dinero - y lo tomase para él,
por lo que Sancho besóle - las manos por tal merced.
Con la esperanza de hallar - alguna pista que diera
a conocer el que fuera - dueño de aquella maleta,
Don Quijote abrió el librillo - y halló en él un soneto;
un soneto que fue escrito - por alguien que, con gran pena,
le lloraba al desamor, - de tan bonita manera,
que aseguró Don Quijote - que el autor de aquél soneto
seguro que era poeta. - "¿Es que usted también entiende 
de este arte de las trovas?" - preguntóle el escudero,
a lo que éste respondió: - "Más de lo que tú te piensas
porque, por si no lo sabes, - los más caballeros eran
grandes trovadores y - grandes músicos también,
cosa que comprobarás - cuando a Dulcinea lleves
una carta que yo mismo - le escribiré, en verso".
Después de aquel soneto - Quijote leyó también
una carta del librillo - en la cual decía aquesto:
"Desechásteme ¡Oh, ingrata! - por quien tiene más dinero
y no por quien vale más; - mas si la virtud fuera
riqueza que se estimara, - no lloraría de pena,
ni envidiaría yo - ninguna dicha ajena.
Lo que alzó tu hermosura - han derribado tus hechos:
por ella entendí que eras - ángel y ahora, por tus hechos,
conozco que eres hembra. - Quédate en paz, mujer,
causadora de mi guerra, - y solo deseo al cielo
que el engañar de tu esposo - esté siempre encubierto,
porque tú no quedes nunca - arrepentida de haber
hecho lo que a mí me hiciste, - ni que yo tenga deseo
de vengar lo que no quiero". - Al acabar de leer,
Don Quijote sacó en claro - que aquella carta era
de algún desdeñado amante, - y entonces, al caballero,
le vino en gran deseo - de saber quien era el dueño
de la carta y del soneto. - Iba pensando en eso
cuando enfrente de él - vio que en una montañuela
iba saltando un hombre, - con extraña ligereza,
y aunque Don Quijote quiso - acercarse hacia él
para ver si era el poeta, - no lo acompañó su penco.
Entonces díjole a Sancho: - "Haz de tus ojos lanternas,
que vamos a rodear - toda esta serrezuela
y así quizá toparemos - con el personaje aquél,
que es, sin duda, el poeta". -  "Pues hallarlo yo no quiero",
aseguró el escudero, - porque si acaso es aquél
el dueño del dinero, - le tendré que devolver
los escudos que encontré - y que ahora yo tengo".
"No seas así, amigo, - que siempre, ante la sospecha,
uno tiene el deber - de buscar hasta saber
la auténtica verdad -  y si crees que aquél
es el dueño del dinero, - se lo has de devolver".
Habiendo ya rodeado - parte de la montañuela,
hallaron a un cabrero. - "Buen hombre ¿sabéis quien es
el dueño de este librillo - y de éstas cosas de lienzo?",
preguntóle Don Quijote - a aquel anciano cabrero,
a lo que éste respondió: - "Solo sé que hay un mancebo,
bien nacido y cortesano, - que merodea la Sierra
y dice que está aquí - cumpliendo su penitencia
que por sus muchos pecados - le había sido impuesta.
El mozo asalta pastores - cuando precisa alimentos
y aunque ya le hemos dicho - que cuando quiera comer
sólo tiene que pedirlo, - él se empeña en coger
a puñadas su sustento. - Cuando el mozo anda en su seso
es cordial, pide perdón - y suelta algún llanto tierno,
pero cuando enloquece, - clava la vista en el suelo
y luego, con gran furor, - arremete contra quien
se halle más cerca de él, - gritando con desenfreno:
¡Ah, fementido Fernando! - ¡con estas manos que tengo
te sacaré el corazón, - ese corazón que alberga
las maldades que me hiciste!" - Y, estando hablando el cabrero, 
de pronto apareció - el misterioso poeta,
que era el mancebo que iba - saltando en la montañuela.
El mozo les saludó - con voz bronca y cortés 
y Quijote lo abrazó, - como si le conociera.
Y, tras dejarse abrazar, - el mozo quedó perplejo
de ver a aquél caballero - tan apretujado a él
y lo apartó un poco, - para poder verle bien.

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