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domingo, 23 de agosto de 2015

Carta 25 a Quijote

23 - Agosto - 2015
Estimado Quijote:
Ya te advirtió el caballero del bosque, es decir: Cardenio  -el autor de la carta y del librillo que encontraste-, que no le interrumpieras mientras hablaba, pero tú no le hiciste ni puñetero caso y ahora nos hemos quedado todos, por tu culpa, sin saber el final de su historia ¡bien!

Vamos a ver, según Cardenio, él y Luscinda  -su prometida- estaban enamoradísimos y todo iba sobre ruedas hasta que apareció en escena Fernando, que se enamoró de ella nada más verla. El resto de la historia no lo sabemos todavía pero no hace falta ser un adivino para imaginar que Luscinda prefirió a Fernando, así que supondremos eso.  Y suponiendo eso, entonces le diría a Cardenio que, sintiéndolo por él, Luscinda no le amaba, pues todos sabemos que entre dos personas enamoradas no se interpone ni un alfiler. Así que dile a Cardenio, de mi parte, si le vuelves a ver, que tiene dos opciones: o bien quedarse en la montañuela tirándose de los pelos mientras los maldice a los dos, o bajar de allí y empezar a vivir su vida.


No es fácil, pero como dice el proverbio: querer es poder. Y si ves que Cardenio no tiene esa voluntad que tú sí tienes, y te sobra, cógele de la oreja y le bajas tú mismo de la montañuela. Llévale contigo y enséñale a soñar como tú sabes, mi valiente caballero, y si aún así no reacciona, tú ya hiciste lo que debías.  Sigue tu camino aunque te alejes de él llorando, pues ya sabes que es imposible hacer soñar a quien se empeña en morir.


P.D. Estimado Quijote, tal como te dije volveré a escribirte, espero que hacia finales de año. Te  echo de menos. Estimados lectores, volveré al blog, pero ahora estoy liadísima escribiendo sin parar. Empecé la novela "Cartas de amor robadas" el dia 19 de julio y hoy llevo 50 páginas escritas. Estoy contenta de cómo está quedando, la verdad, pero todavía me queda... y tengo que darme prisa porque el 15 de septiembre vuelvo al trabajo y ya no tendré tanto tiempo para libros ni novelas. "Cartas de amor robadas" es una historia de amor basada en hechos reales. Una histroria de amor que ocurrió durante la Guerra Civil en España y que he podido conocer gracias a un historiador catalán . Él encontró, en el Archivo de Salamanca, las cartas que una joven enamorada le mandó a su prometido al Frente de Aragón, que es en donde fue destinado cuando le reclutaron para luchar junto al Ejército Republicano. El soldado estuvo luego en la Batalla del Ebro y allí cayó prisionero del ejército de Franco, que fue quien le incautó la cartera en la que llevaba guardadas  las cartas escritas por su prometida. Unas cartas preciosas..., pero no os cuento más..., sólo deciros que si hay  entre vosotr@s algún editor o sabéis de alguien que pueda estar interesado en editar mi novela -sin ningún compromiso-, que me lo diga, que se la mando en cuanto esté escrita. Lo de buscar editor me da un poco de palo, pues no se me da demasiado bien, pero tengo que hacerlo. Así que os dejo mis datos, y a ver si hay suerte. Cruzo los dedos !!!

Maite Lucas Serra
maitelucas1970@gmail.com
Telf. 654.69.49.16

 Que acabéis de pasar un feliz verano, y hasta pronto

  Un abrazo
                      *Maite* ( Un besazo y hasta muy pronto, querido Quijote.  *Odette*)




Cap. 24

El Caballero del Bosque - agradecióle a Quijote
las muestras de cortesia - que tuvo con su persona
y Don Quijote le dijo - al tal poeta, del Bosque:
"Los deseos que yo tengo - son de serviros a vos,
ayudándoos a encontrar - remedio a vuestro dolor,
y si éste no lo tiene - sollozar junto a su hombro,
que todavía es consuelo - en las desgracias dar con
quien se duela también de ellas. - Y le suplico, señor,
que ora me digáis quien sois - y cuál es vuestro dolor",
a lo que el caballero - del Bosque le respondió:
"Si me dais algo a comer - y me prometéis que no
vais a interrumpir mi historia, - luego os lo contaré todo".
Quijote le prometió - al caballero del Bosque
que nadie interrumpiría - el relato de su historia
y así, después de comer, - el mancebo les contó:
"Nací en Andalucía - y Cardenio es mi nombre;
mis padres son más bien ricos, - mi ascendencia es noble
y mi desventura es tanta - que no la alivia ni el oro
que puedan tener mis padres, - que las desdichas que son
del cielo no se remedian - ni con plata ni con oro.
Yo amaba a Luscinda, - rica y noble como yo,
y ella me amaba a mi, - pero por salvar su honor,
el padre de la muchacha - convino que era mejor
prohibirme entrar en su casa. - Cuando esto aconteció,
aumentó aún más el deseo - y, aunque el padre obligó
a silenciar nuestras lenguas, - las plumas lo hablaron todo;
pues es cierto que las plumas - descubren lo que se esconde
en el fondo de las almas, - que en presencia de la cosa
que se ama uno suele - hacer confesiones torpes
y faltas de libertad. - Nos escribimos los dos
hasta que vi que mi alma - se consumía al no
poder tener a Luscinda - y la pedí por esposa
a su padre, pero éste, - al principio, se negó,
alegando que estando - vivo mi padre era lógico
que hiciera él tal petición. - Pensé que tenía razón
y fui a encontrar a mi padre, - pero cuando éste me vio,
me dio una carta que haría - aplazar tal petición.
Me escribía el Duque Ricardo, - que vivía en el mejor
estado de Andalucía, - para que a su hijo mayor
fuese a hacerle compañía - y no como mayordomo,
sino para ser su amigo. - Sin tardar, aquella noche,
fui a contarle a Luscinda - y a su padre el notición,
y ella me prometió -  que allí su corazón
esperaría mi vuelta. - Con aquesta ilusión
fu a casa del gran Duque - y ocurrió lo que ocurrió:
Fui amigo de sus hijos, - del mayor y del menor,
y éste último, Fernando, - un día me confesó
que estaba enamorado - de una linda labradora,
a la que anhelaba tanto, - que creyó que lo mejor,
para que ella se entregase - a él sin ningún temor,
era prometerle que - luego sería su esposo.
A Fernando procuré  - apartar de tal propósito
pero él no me hizo caso - y lo que a mi me contó,
después de haber gozado - a la linda labradora,
fue que para olvidar - la hermosura de la moza
que le tenía bien preso, - la más buena solución
era alejarse de ella. - Me propuso, el mentiroso,
que viniésemos los dos - junto a mi progenitor,
a la casa de mi padre - y, duando el duque aceptó
vinimos a mi ciudad. - Lo que le aconteció
a Fernando es lo que suele - ocurrir en el amor
que uno vive cuando es mozo, - pues lo que éste sintió
no fue amor, sino apetito, - cuyo fin es solo el gozo,
que en llegando a alcanzarle, - después ya se terminó.
No puede continuar - aquello que no fue amor
y cuando aplacó el deseo - al mozo le pareció
que era mejor alejarse - de la linda labradora,
para así poder huír - del seguro problemón
que tendría si el Duque - supiera lo que ocurrió.
Vinimos los dos a casa, - mi padre nos recibió
y, cuando vi a Luscinda, - mi corazón se exaltó.
Le hablé tanto a Fernando - de Luscinda que insistió
éste en querer conocer - tal belleza en persona.
Cuando Fernando la vio - al instante enmudeció
y quedó tan enamorado - que ni lo disimuló.
Yo, al sentir tanta alabanza - que salía de su boca,
comencé a recelar - de aquél ser tan fastidioso,
aunque no de la bondad - y de la fe de la joven,
que su amor me prometió. - Esta un día me pidió
un libro caballeresco - y entonces le di yo
el de Amadís de Gaula..." - "Sabiendo de la afición
que tiene vuestra amada - la confirmo por hermosa
y quisiera yo, señor, - que junto a la bella historia
de Amadís también le hubiera - mandado aqueste otro:
el de "Don Rugel de Grécia". - Y perdóneme, señor,
por interrumpir la historia - y prosígala que no
voy a interrumpirle más", - dijo Quijote al del Bosque,
a lo que éste, enloqueció, - cogió un guijarro, lo alzó,
y le dio en todo el pecho. - Sancho Panza acudió
a defender a su amo, - pero el pobre recibió
tanto como Don Quijote. - Al final lo que ocurrió
fue que el loco los dejó - molidos y se marchó
a emboscarse en la montaña. - Y mientras Sancho, quejumbroso, 
no cesaba de llorar, - su amo se empecinó
en a aquél Cardenio hallar, - para escuchar, con decoro, 
el final de aquella historia, - que él mismo interrumpió.

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