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viernes, 18 de septiembre de 2015

Carta 26 a Quijote

18 - Septiembre - 2015
Estimado Quijote:
Tiene gracia, yo que creía que ibas tú a salvar a Cardenio y ahora resulta que quieres quedarte en la montaña, como él, llorándole a tu amada, para imitar así a Amadís de Gaula, que fue, según tu opinión, el mejor caballero que hubo. Está bien que imites al mejor en tu oficio para así aprender de él pero ¿es necesario imirarle también en eso?, y encima le pides a tu escudero que le lleve a Dulcinea la patética carta que le has escrito, en la que le cuentas tooodas las locuras que estás haciendo por ella y las que seguirás haciendo, si no viene pronto a por ti.

¿Que porqué me parece patética la carta?, porque lo es ¿o no es patético que una persona le suplique amor a otra como si le pidiera limosna? y a parte de eso, luego está el chantage emocional que le estás haciendo a Dulcinea, en plan: o vienes a por mi o me mato. Querido Quijote, lo que necesitas ahora urgentemente es que te inyecten en vena una gran dosis de autoestima para que no te arrastres ni un segundo más ni ante Dulcinea, ni ante ninguna otra mujer.

Eso no es lo que desea una mujer de un hombre, ni a la inversa, creo. Lo que desea una mujer de un hombre -al menos yo-  es caminar, de igual a igual, junto al hombre que la ha enamorado siendo él mismo, sin más. Así que si quieres enamorar a Dulcinea, para ya de hacer tonterías y sé natural, sé tú mismo, y así dejarás que surja la magia del amor, si es que tiene que surgir, claro.


No sé si Sancho Panza -que marchó muy triste al dejarte en la montaña casi desnudo, y haciendo cabriolas- conseguirá traerte a  Dulcinea. El pretende que así sea, para que de esta forma sanes enseguida, al verla. Si es así, si vuelve con ella, quiero pedirte un favor, querido Quijote: sé tú mismo y no hagas el ridículo ante ella, pues lo estropearías todo y no necesitas para nada aparentar ser quien no eres ¿para qué?,  tú ya brillas con luz propia.

¿Sabes, mi caballero?, te pido este favor porque me encanta que la gente se ría contigo  -yo soy la primera que me parto-, pero no quiero que nadie, y menos la persona a quien tú amas, se ría de tí.

P.D. Querido Quijote, estimados lectores, por fin estoy acabando la novela, quizás la termine este finde, o la próxima semana ¡bien!. Han sido muchas horas de trabajo, de sonrisas y de lágrimas, de buscar información en un mar de datos, de no saber por donde tirar unas veces y de sentir una inspiración repentina en otras. Ha habido momentos de todo, pero nunca de abandonar, pues me propuse darlo todo desde un principio y así ha sido. No he dejado de escribir ni un solo día, ocho horas diarias cuando estaba de vacaciones y ahora, que ya trabajo, una hora y media por la mañana, de 5,30 a 7. Le he cambiado el título a la novela, os diré el definitivo en cuanto lo tenga registrado ¿Sabeis?,  ha sido importante para mi escribir este libro, que es una novela muy real gracias a la colaboración de los familiares de los protagonistas, que me ayudaron a conocer su verdadera historia de amor. No sé si al final lograré editar el libro o no, los temas empresariales -aunque me dedique a vender enciclopedias por teléfono, y se me dé más o menos bien-  no me gustan nada, no son lo mío, ya os lo comenté. Pero aún así me siento triunfadora, pues no  sólo es triunfador el escritor que logra vivir de la escritura, sino que también lo es aquél que lo da todo cada vez que escribe, aunque nadie le lea. Esa es una de las cosas más importantes que he aprendido escribiendo esta novela. Os seguiré informando..., ahora cuando la termine me tocará releerla y corregir..., y sólo una última cosa antes de despedirme: cuando os llame algún pesado para venderos algo por teléfono, sed amables, por favor, que no cuesta nada. Ser teleoperador es un trabajo muy duro, os lo aseguro, y si supierais la presión que tenemos detrás, quizás nos mandaríais igual a hacer puñetas, pero lo haríais de una forma más educada, como hacen los  franceses. Ahora, que estoy vendiendo en Francia,  he comprobado que a pesar de que también  allí hay gente ordinaria,  la mayor parte de los franceses son tan educados que incluso cuando te mandan a freír espárragos, te apetece responderles: Merci, monsieur/madamme, avec plaisir. En fin, querido Quijote, estimados lectores, os dejo por hoy. Hasta muy pronto y seguid escribiéndome siempre que queráis,  que me encanta saber vuestras sugerencias y opiniones.

Un abrazo

*Maite/Odette*

Cap. 25

"¿Por qué se empeña en seguir - andando por las montañas
solo por buscar a un loco - que va lanzando guijarros?",
preguntóle a Don Quijote - su escudero, Sancho Panza.
"Porque te hago saber, Sancho, - que además de desear
hallar a aquel pobre loco, - también quiero hacer algo
que me permita ganar . perpetuo nombre y fama
en la faz de aquesta tierra; - pero todo esto está
en tu propia diligencia", - aseguróle a Sancho
Don Quijote de la Mancha. - "¿Y por qué todo está
en mi propia diligencia?", - preguntóle entonces Sancho
a su amo, que le dijo: - "Porque si tu regresar
de donde voy a enviarte - es presto se acabará
mucho antes mi tristeza, - y presto comenzará
mi gloria a florecer. - Y ahora, sin tardar,
te contaré lo que haré: - voy a imitar al más grande
caballero que no es - sino que Amadís de Gaula,
puesto que cuando alguien quiere - ser famoso en su arte
u oficio éste debe - imitar al que es más grande
en su mismo oficio o arte. - Después de hendir gigantes,
de descabezar serpientes - y de matar endriagos,
Amadís se retiró, - desdeñado de su amada,
al islote Peña Pobre, - para llorar a Oriana,
y eso mismo haré yo - en mitad de la montaña,
lloraré y haré locuras - para que sepa mi amada
lo que soy capaz de hacer, - si un día me desdeñara;
loco soy y lo seré - hasta que tú, amigo Sancho,
regreses con la respuesta - de una sincera carta
que contigo enviaré - a mi Dulcinea amada.
Pero ahora, dime, Sancho, - ¿en dónde te has guardado,
el gran yelmo de Mambrino - que casi cae a pedazos
cuando aquel pobre loco - empezó a lanzar guijarros?,
a lo que respondió Sancho: - "La bacía, abollada,
la llevo en el costal, - para que al volver a casa
pueda aderezarla y luego - hacerme en ella la barba,
si Dios me diere la gracia - de algún día regresar
junto a mi mujer e hijos". - "Mira que eres tonto, Sancho,
¿es que en todo este tiempo - que ya llevas a mi lado
aún no te has percatado - que en el caballero andante
todas las cosas parecen - quimeras o necedades,
o que están al revés?, - y no porque sean tales,
sino porque encantadores, - que entre nosotros andan,
truecan todas nuestras cosas - a su gusto y a su gana,
bien para favorecernos - o bien para aniquilarnos;
y así, eso que tú ves - como una palangana,
puede parecer bacía - y a otro le parecerá
lo que el encantador quiera. - El sabio que es de mi parte
hizo que los demás vieran - en el yelmo, palangana,
por lo mucho que éste vale, - para así asegurarse
de que a nadie le vinieran - ganas de querer robarme,
¿lo entiendes, ahora, Sancho?". - Llegaron en estas pláticas
al pie de una montaña, - y en aquella soledad
llena de árboles silvestres - y de flores y de plantas,
Don Quijote de la Mancha - se apeó de Rocinante
y le dijo a su escudero: - "En tres días partirás,
pero antes has de ver - lo que haré por mi amada,
para que así se lo cuentes. - Comenzaré por rasgar
mis vestiduras y luego - voy a esparcir mis armas
y a darme calabazadas - por todos estos peñascos".
"Por amor de Dios, mi amo, - díjole, entonces, Sancho,
dése las calabazadas - en alguna cosa blanda,
que yo diré a mi señora - que se las dio en un peñasco".
"Te agradezco, amigo Sancho, - que me quieras ayudar
pero esto va de veras - y a nadie quiero engañar",
aseguró Don Quijote - a su amigo Sancho Panza.
"Pues, entonces, haga cuenta, - sugirióle éste a su amo,
que han pasado los tres días - y entrégueme la carta,
que cuanto antes me marche - antes podré regresar
y antes le podré sacar - de esta pena tan grande
o de este purgatorio, - que aunque parece infernal
no lo es porque en él hay - la esperanza de salvarse,
cosa que en el infierno, - dígole que no la hay.
En referéncia a la carta, - Quijote le dijo a Sancho
que la iba a escribir - en el libro que encontraron
y que , luego, él la diera - a un maestro o sacristán,
para que la trasladara - en papel y en letra clara.
"¿Y qué hacemos de la firma?" - preguntóle Sancho Panza,
a lo que Quijote dijo: - "Tú puedes firmar la carta,
que ella no se enterará; - a lo que me sé acordar
ella no sabe escribir - ni leer y además
nunca a visto carta mía, - ya que nos enamoramos
con un honesto mirar - y así nos hemos amado,
siempre de forma platónica. - En doce años que hace
que amo a Dulcinea - la he visto cuatro veces
y también ella a mi, - a pesar del gran recato
con que su padre, Lorenzo - y su madre, que se llama
Aldonza, la han criado". - ¿Qué su señora amada
es la Aldonza Lorenzo?", - preguntó Sancho a su amo,
a lo que éste respondió: - "Esa es, esa es mi amada".
"Pues yo la conozco bien, - aseguró Sancho Panza,
y sé decirle de ella - que tira bien una barra
como el más fuerte zagal, - que es una muchacha de chapa
y es moza de pelo en pecho, - que de todo hace donaire,
que no es nada melindrosa - y que está ya trocada:
que gasta mucho la faz - de las mujeres andar
siempre al campo, al sol y al aire. - ¿Cómo iba a imaginar
que era ella su princesa - si no es esa muchacha
una mujer principal?". - "Bástame a mí pensar
que es hermosa y honesta - y respecto a su linaje
eso me importa bien poco, - que a nadie he de informar
para que le den un hábito. - Porque has de saber, Sancho, 
que las dos cosas que incitan - a un hombre a enamorarse
de una mujer son sólo - su belleza y buena fama,
cosas de las que mi amada - anda bastante sobrada.
Al terminar de hablar - Quijote escribió la carta
y luego se la leyó - a su amigo en voz alta:
"Soberana y alta dama: - Tengo el corazón llagado
y te envío la salud - que en este instante me falta.
Si tú a mi me desprecias - me voy a sostener mal
en aquesta cuita que es - fuerte, penosa y larga.
Ya te contará lo que hago - mi buen escudero Sancho,
¡Oh, amada enemiga! - ¡Oh, bella mujer ingrata!
que por tí estoy padeciendo; - si gustares de auxiliarme
tuyo soy y si no vienes, - haz lo que te venga en gana,
que con acabar mi vida - también voy a contentar
mi deseo y tu crueldad". - Después de leer la carta
Quijote escribió una cédula - a su sobrina estimada
para que ésta le entregara - a su escudero Sancho
tres de los cinco pollinos -que en la casa guardaba,
y tras rubricar la cédula, - se comenzó a desnudar,
quedó en carnes y pañales, - y luego, sin más ni más, 
dio un par de zapatetas - en el aire y luego un par
de tumbas cabeza abajo - y con los pies bien en alto,
descubriendo ciertas cosas - que, por no querer ya más
volverlas de nuevo a ver, - Sancho decidió marchar
para volver cuanto antes, - y así a Quijote sanar.

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