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viernes, 16 de octubre de 2015

Carta 27 a Quijote

16 - Octubre - 2015
Estimado Quijote:
Mientras que tú estás en la montaña rezando con el artesanal rosario que te has confeccionado, tu escudero está yendo hacia el Toboso. ¿Encontrará a Dulcinea? ¿volverá con ella de vuelta? ¿será el vuestro un amor correspondido? ojalá, pero por si acaso no te hagas demasiadas ilusiones, pues aunque tú la ames a ella, de lo que ella siente por tí no sabes absolutamente nada.

El amor correspondido es como una lotería, pues pocos son los afortunados que tienen la ocasión de conocerlo. No cuentan como amores correspondidos los flechazos -que duran lo que duran-, ni los matrimonios que llevan cien años casados compartiendo, no amor, sino el techo que los cobija, u otros intereses. 

¿Sabes?, a lo largo de mi vida he visto tan pocas parejas que se amen uno al otro de verdad que podría contarlas con los dedos de una sola mano, a parte de las que salen en las novelas y en las pelis de televisión, claro. ¿Qué es la televisión?, te preguntarás, pues imagínate una caja  -de unos tres palmos de alto por tres de ancho-, con una pantalla de cristal en la parte de delante, un botón para activarla, un pequeño altavoz para que oigamos el sonido y un cable, para conectarla. 


Pulsando el botón que está instalado junto a la pantalla podemos ver en ella: obras de teatro, partidos de fútbol, películas, anuncios publicitarios, reportajes, actuaciones musicales, entrevistas, debates... Y ¿cómo llegan las imágenes y el sonido a la televisión?, pues porque previamente alguien lo ha grabado con una cámara. Una cámara es como un cañón enano que se coloca ese alguien sobre el hombro y que en lugar de lanzar bombas ésta recibe, en forma bien comprimida, lo que la persona que graba está viendo en ese momento. El proceso de cómo viajan las imágenes y el sonido grabados, de la cámara a la televisión, no te lo puedo explicar porque no lo sé, pero me imagino que será a través  de ondas o de cables, supongo.


¿Sabes, Quijote?, la televisión es nuestro mayor entretenimiento y nos enseña y nos informa al mundo entero, pues te puedo asegurar que casi todo el mundo tiene  una en su casa. Pero también tiene su lado negativo, y es que se ha convertido en una de las armas  que utiliza el poder para manipularnos.  No hay libertad de expresión al cien por cien por parte de los periodistas que trabajan en ella y más de uno -y de dos- han sido despedidos por expresar  libremente su opinión.

Así es la vida, ya ves..., y volviendo de nuevo a lo que te decía al principio de todo, de si encontrará Sancho Panza a Dulcinea, de si volverá con ella de vuelta, de si será el vuestro un amor correspondido, pues ojalá. Pero te repito que no te hagas demasiadas ilusiones, mi caballero, por si acaso, pues no me gustaría que te llevaras una decepción.

P.D. Querido Quijote, estimados lectores, al fin he terminado la novela y ahora estoy en el proceso de corrección. El título es "Cartas de amor en la guerra". Me he dado cuenta, al releerla, que es mucho más visual que literaria, y por ello se la he mandado a una directora de cine. Le hablé de mi novela y enseguida me dijo que quería leerla. La profesionalidad y la calidad humana de esta estupenda mujer que ha dirigido ya varias películas  -ya os diré su nombre si llega a cuajar el proyecto-  me hizo intuir que era ella la persona idonea para llevar al cine tan bella historia de amor. Mientras, por mi lado, yo seguiré trabajando en la correción de la novela y luego a buscar editorial, como ya os dije. En fin, ya os iré contanto...

Un abrazo a todo@s

*Odette* /Maite *

Cap. 26

"¡Ea, manos a la obra! - venid ya a mi memoria
las cosas que hizo Amadís - y enseñadme por dónde
debo empezar a imitaros. - Mas yo ya sé que el pobre
lo que más hizo fue el rezo - y el encomendarse a Dios;
pero ¿cómo rezaré - si de rosario no gozo?",
preguntóse Don Quijote, - y estando en esto pensó
que rasgando una tira - de las faldas de su ropa
podría hacer un rosario. - Una gran tira rasgó
y once nudos le dio, - haciendo uno más gordo
que todos los demás nudos, - y así su invento sirvió
para rezar todo el tiempo - que el purgatorio duró.
En esto, es suspirar, - y en llamar por los bosques
a sus faunos y silvanos - para recibir su apoyo,
pasó el tiempo Don Quijote. - En esto y, cómo no, 
en buscar algunas yerbas - que llevarse a la boca,
mientras Sancho no volvió. - Pero dejemos ahora
a Quijote y veamos - lo que a Sancho le ocurrió.
Este se puso en camino - de dirección al Toboso
y a la hora de comer - a una venta llegó
pero de entrar dudó, - pues al verla se acordó
que en ella fue manteado. - Estando en esto salió
de la venta el barbero - con el señor sacerdote,
amigos de Don Quijote, - y el cura le preguntó
a Sancho por su señor. - "Está muy a su sabor
cumpliendo penitencia - escondido en el monte
y yo voy con una carta, - que mi amo le escribió
a su Dulcinea amada, - hacia el pueblo de Toboso,
para entregársela en mano", - dijo Sancho al sacerdote.
"A ver, muéstreme la carta", - pidióle a continuación,
pero por más que buscó - el librillo de memória,
Sancho Panza no lo halló, - y es que Quijote olvidó
entregárselo a Sancho - y Sancho no se acordó
de pedírselo a su amo. - Sancho se enfurruñó
al ver que no hallaba el libro - y se comenzó a dar golpes
hasta bañarse en sangre - las narices y el rostro,
pues también iba en el libro - la cédula que Quijote
a su sobrina escribió. - El cura lo consoló
diciéndole que en hallando - a su amo y señor
le haría revalidar - la manda que escribió,
y entonces al escudero - se le pasó el mal humor
y le dijo al licenciado - que ya no sentía aflicción
por el olvido del libro, - ni de la carta tampoco,
puesto que aún la recordaba, - y al cura le prometió
recitársela en voz alta, - tal como él la escuchó:
"Sobajada y gran señora, - desconocida y preciosa,
el llagado que no duerme - y el ferido piensa en vos
y besa sus bellas manos, - ingrata mujer hermosa.
Siempre suyo hasta la muerte. - El de el más triste rostro".
El cura y el barbero - escucharon con asombro
todas aquellas sandeces - y, sin hablar del error
en el que estaba Sancho, - díjole a éste, el sacerdote:
"Para salvar a Quijote - de su terrible dolor
yo me voy a disfrazar - de moza menesterosa
y a su amo le pediré - con gran tristeza un don,
el cual me lo habrá de dar - por ser hombre valeroso
y gran caballero andante; - haré ir a Don Quijote
a desfacer un agravio - que a mi un malvado hombre
con mucha crueldad me ha hecho - y así será como el pobre
saldrá de allí y nosotros - buscaremos solución,
remedio o algún apaño - a su locura, en cuestión".

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