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sábado, 12 de diciembre de 2015

Carta 30 a Quijote

13 - Diciembre - 2015
Estimado Quijote:
Tu escudero no logró sacarte de la sierra ni aún diciéndote que te estaba esperando Dulcinea, pues te empeñaste en seguir allí haciendo esos hechos heroicos  -suspirar por ella y vagar por ahí medio desnudo y muerto de hambre-  que te hicieran digno de su corazón. Sin embargo, cuando volvió de nuevo Sancho Panza, ésta vez acompañado de un tipo algo curioso con una barba un tanto extraña y de una dama  -muuuy bella-, cambiaste de opinión enseguida. La hermosa dama te pidió que le hicieras un favor y tú, como buen caballero andante que eres, no te pudiste negar.

Saliendo ya de la sierra en compañía de tu escudero, del tipo de la barba y de la bella dama, apareció en el camino el cura de tu aldea, que andaba por allí junto a un mozo imberbe. Te sorprendió verle, normal, y le pediste al tipo de la barba que le cediese la silla de su mula al cura, y ahí vimos los poderes mágicos de esa extraña barba... La mula le dio dos coces al tipo de la barba y éste, al caer al suelo, las perdió ; se le despegaron del rostro  -sin que le saliera ni una sola gota de sangre- . Y el cura, al ver aquello, cogió las barbas del suelo en un santiamén y de un golpe se las pegó de nuevo.


Eso no es magia, querido Quijote, eso huele a chamusquina, a trampa ¿no te das cuenta?. Eres un ingenuo, como yo lo era de niña, bueno, te confieso que todavía sigo siéndolo, aunque un poquitín menos. De niños todos somo ingenuos y creemos en los Reyes Magos y esas cosas, pero poco a poco vamos perdiendo ese encanto, diría yo, hasta convertirnos en personas serias, mal pensadas y aburridas..., en adultos.


Una parte de mi sigue siendo la niña que fui y otra es la seria, la adulta. Mi parte adulta, por ejemplo, me dice: Maite, deja de creer ya en almas gemelas, en príncipes azules, y en esas cosas, o al final te quedarás sola. Pero ¿sábes, mi caballero?, luego sale esa niña rebelde y espontánea que siempre hubo en mi y me dice: tranquila, que nunca estarás sola, porque yo estoy aquí contigo.

P.D. Querido Quijote, estimados lectores, os deseo que paséis unas felices fiestas y que el 2016 sea un buen año para todos vosotros. ¿Cuál es el regalo de Navidad que os hago?, a tí, mi caballero, el deseo de que no cambies jamás. Y a vosotros, queridos lectores, que no olvidéis al niño -o a la niña- que fuísteis, al Quijote que vive en cada uno de vosotros, ese es el regalo que os hago.


Hasta pronto.

Un abrazo

*Odette*/ Maite*


Cap. 29

Después de contar la historia - Cardenio le preguntó
si era hija de Clenardo - y ella, al escuchar el nombre
de su padre, se quedó - admirada y preguntóle
a Cardenio quien él era, - a lo que éste respondió:
"Yo soy el pobre Cardenio - que en Fernando confió
y que a cambio recibió - su mentira y su traición,
yo soy el que en la boda - de Luscinda y del traidor,
se esperó hasta que ella - el sí quiero pronunció
y luego se desplomó. - He esperado hasta hoy,
en aquestas soledades - la muerte como mejor
remedio a mi desdicha. - Pero ahora, que os conozco,
os propongo que busquemos - juntos una solución,
que podría ser que el cielo - nos entregue a los dos
lo que siempre ha sido nuestro". - Y después de aquél sermón
de Cardenio a Dorotea,  - el cura los invitó
a que se fuesen con él - a su aldea y se ofreció
a ayudarles a los dos. - En esto Sancho llegó
y díjoles que a su amo - muy  amarillo lo vio,
desnudo en camisa, flaco, - y muerto de hambre lo halló,
mientras que iba suspirando - por su amada y señora,
la singular Dulcinea. - Sancho Panza les contó
que a su amo le dijo - que la carta le entregó
a su señora y que ella - pedía, de corazón,
que ahora él fuese a verla, - pero que Quijote no
quería ir hasta hacer - antes los hechos heroicos
que lo hiciesen digno della. - Sancho Panza les pidió
que hiciesen algo para - sacar de allí a Quijote,
que si no ya se veía - para siempre servidor
de su amo y que él quería - llegar a gobernador.
A Cardenio y Dorotea, - el cura les explicó
el plan que habían trazado - para sacar a Quijote
de aquellas soledades, - y la joven se ofreció
a hacer ella de doncella. - Sancho Panza preguntóle
al cura quien era aquella - fermosísima señora
y éste le respondió: - "Esta hermosa señora
es la única heredera - del reino Micomicón
y está buscando a tu amo - para pedirle un don,
el cual es que le desfaga - el daño que un gigantón
a ella le tiene fecho. - La fama de Don Quijote
es tan buena que esta dama - viene a pedirle el don
desde tierra guineana". - "Pues aconseje a Quijote",
rogóle Sancho al cura, - "que una vez que el gigantón
ya esté muerto él se case - con la fermosa señora,
que así él será rey - del reino Micomicón
y yo podré ser, al fin, - un grande gobernador".
Sancho quedó muy contento - cuando el cura prometióle
que haría lo que pudiera - para que su amo, Quijote,
se casara con la hermosa - princesa Micomicona
del reino Micomicón, - y con aquesta ilusión
siguió escuchando al cura, - hasta que el plan comenzó.
Se acomodó el barbero - una falsa barba al rostro
y junto a Dorotea - fue en busca de Quijote,
guiado por Sancho Panza. - El barbero le advirtió
a Sancho que si quería - llegar a gobernador
no debía decir nada - de la barba a su señor,
que si él le reconocía - el plan quedaría roto
y su futuro hecho añicos. - Sancho Panza prometió
no decir nada a su amo - y caminando siguió
guiándolos a los dos, - hasta dar con Don Quijote;
mientras, el cura y Cardenio - les seguían, poco a poco,
para no ser descubiertos. - Dorotea vio a Quijote,
se fue a hincar de rodillas - ante las del pobre hombre,
y le fabló de esta guisa: - "¡Caballero valeroso
no me voy a levantar - fasta que me otorgue un don!",
a lo que él respondió. - "No vais a escuchar mi voz
fasta que no os levantéis - del tierra, bella señora".
"Pues no me levantaré - hasta que no oiga de vos
que me concedéis el don". - "Entonces yo vos le otorgo",
díjole al fin Don Quijote, - y estando en esto llególe
a su oído lo que Sancho, - en voz baja susurró:
"Mate pronto al gigante - que ha ferido a la señora
del reino Micomicón". - Y dijo entonces, Quijote,
a la fingida princesa: - "Sea quien fuere, señora,
haré lo que es obligado - hacer en mi profesión
y ahora, por favor, - dígame cual es el don
que os ha hecho venir a mi", - a lo que ella respondió:
"Pues lo que os pido es - que venga conmigo vos
donde yo le llevaré, - y acabe con el traidor
que me tiene usurpado - mi reino, Micomicón".
"Pues manos a la labor", - dijo entonces Don Quijote,
"que en la tardanza dicen - que suele estar el escollo",
y una vez que estuvo armado, - invocó a Dios y ordenó
salir pronto de la sierra, - para ir a Micomicón.
Mientras Sancho, el barbero, - Dorotea y Don Quijote
emprendían su labor, - el cura un plan trazó
para hacer su aparición, - sin que pudiera Quijote
reconocer a Cerdenio, - al que afeitó y disfrazó.
Salieron en el camino - y el Cura fue hacia Quijote,
haciéndole claras muestras - de que lo reconoció
y, Quijote, al ver al cura, - se sorprendió y se dejó
abrazar por su amigo, - y al barbero le pidió
que le cediese la silla - de su mula al sacerdote,
cosa que el hombre aceptó. - Estando en esto ocurrió
que la mula dio dos coces - y el barbero se cayó
y éste, al ver que su barba - se despegaba del rostro,
con las manos se cubrió, - simulando un gran dolor,
como de falta de muelas. - Cuando Don Quijote vio
todo aquel mazo de barbas - sin sangre, alucinó
y creyó que se trataba - de un milagro de Dios.
El cura, que vio el peligro - que corría su invención
de ser pronto descubierta, - a las barbas acudió,
del suelo las recogió - y de un golpe las pegó
sobre el rostro del barbero, - diciéndole a Don Quijote
que era un ensalmo apropiado - para este tipo de cosas.
Quijote quedó pasmado - y el cura le prometió
enseñarle aquél ensalmo - en cuanto hubiera ocasión,
y después del incidente, - la aventura prosiguió.
"Ruego al señor Licenciado - preguntó al cura, Quijote,
me diga cual es la causa - que le trae a aquestos montes",
a lo que el cura le dijo: - "Pues sepa usted, Don Quijote,
que marchábamos los dos, - maese Nicolás y yo,
a Sevilla a cobrar - un dinero y ocurrió
que al camino nos salieron - a encontrar salteadores
que nos robaron y luego - nos despojaron de todo,
hasta incluso de las barbas. - Es aquesta la razón
por la que nuestro amigo - sin la barba se quedó,
pareciendo un mozo imberbe, - aseguró el sacerdote
señalando a Cardenio. - Por lo visto, aquellos hombres,
siguió contándole el cura, - eran presos galeotes
que andaban en libertad - por culpa de un tipo loco
que los ayudó a escapar" - y al oír esto, Quijote,
se quedó tan aturdido - que después de escuchar todo
lo que el cura le contó - bien callado se quedó.


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