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sábado, 6 de febrero de 2016

Carta 33 a Quijote

6 - Febrero - 2016
Estimado Quijote:
Mientras que tú dormías en un camastro de aquella venta en la que Sancho Panza fue manteado, el ventero les sirvió comida a tus compañeros de viaje. Mientras comían, hablaron de los libros de caballería; el cura los condenó por estar llenos, según él, de mentiras, locuras y disparates y también por tener, como única finalidad, la de entretener, sin más. Sin embargo, el ventero los defendió a capa y espada, e incluso llevó a la mesa algunos de sus ejemplares favoritos. "El curioso impertinente" fue el libro escogido por el cura para leerlo en voz alta. Todos esperaban impacientes a que empezara a leer y yo también, por supuesto.


Hay personas que leen para entretenerse, otras que lo hacen para aprender y hay a quien le gusta leer para entretenerse y aprender a un mismo tiempo, como a mi. Por eso uno de mis escritores favoritos es el escritor y periodista estadounidense Larry Collins, autor de "O llevarás luto por mi", un libro que me encantó.

Este libro, que es la biografía novelada del torero español Manuel Benítez, "El Cordobés", me permitió conocer, de una forma amena y entretenida, las miserias que padeció España durante el franquismo. Lo que no me gusta nada de este libro es el personaje principal, bueno, más bien su afición al toreo -aunque entiendo que él empezó a dedicarse a ello por necesidad, más que por gusto-.

Eso de que haya gente que se dediquen a torturar públicamente a un ser vivo hasta su muerte me parece imperdonable y que encima haya un montón de idiotas que lo aplaudan, me parece de juzgado de guardia.


¿Sábes, querido Quijote?, lo justo sería que esos asesinos hicieran de sus víctimas por un día y que durante ese día todos los toros del mundo, vestidos de luces, les fueran clavando banderillas a ellos hasta dejarlos sin vida, tendidos sobre la arena. Quizás así llegarían a entender la indecible tortura que sufren sus víctimas antes de morir desangradas, o quizás ni así llegarían a entenderla, pues la especie humana es a veces tan extraña... ¿no te parece, mi caballero?

Un abrazo

*Odette*

Cap. 32

Ensillaron todos luego - y al otro día llegaron
a la venta en la que fue - Sancho Panza manteado.
Don Quijote se acostó - porque iba muy quebrantado,
y el cura pidió al ventero - que a todos aderezase
comida de la que hubiese. - Mientras comían hablaron
de la extraña locura - de Quijote de la Mancha
y contóles, la ventera, - lo que ocurrió con su amo
y con un huésped arriero. - Después de aquesto hablaron
de las lecturas que hicieron - a Quijote tanto mal
y estando en esto, el ventero, - defendió a capa y espada
los libros caballerescos, - y dijo que él guardaba
aún varios de esos libros - que tanto le confortaban.
"Pues traédmelos, señor, - que de verlos tengo ganas",
pidióle el cura al ventero, - que se fue, sin vacilar,
a su aposento a por ellos. - "Sepa, querido hermano,
díjole el cura al verlos, - que sólo  el " Gran Capitán"
es historia verdadera - y que todas las demás
están llenas de mentiras, - locuras y disparates;
porque todo es compostura - y ficción que fue inventada
de unos ingenios ociosos - para así recrear
el tiempo a quien las leyera, - sin ninguna intención más".
"¡A otro perro ese hueso! - ¡bueno es que quiera darme
vuestra merced a entender - que aquestos libros de hazañas
están llenos de engaños - siendo el Consejo Real
quien ha dado la licencia - para a la imprenta llevarlos,
como si ellos fueran gente - que habían de dejar
que se impriman mentiras!" - dijo el ventero, enojado.
"Ya os he dicho, amigo, - que todo esto se hace
con el fin de entretener - nuestros ociosos pensares",
replicóle el sacerdote - "y que se consiente igual,
en repúblicas pactadas, - el que se pueda jugar
al ajedrez o a pelota - para poder recrear
a quien no quiere ni debe, - o no puede trabajar,
como igual se consiente - imprimir y que haya tales
libros, creyendo que nadie - llegue a ser tan ignorante
que los tenga por verdad. - Espero que llegará
el día en que yo pueda - todo esto comunicar
con quien pueda remediarlo, - y en este entretanto
quiera Dios que no os ocurra - lo que al huésped que albergáis".
"Eso no", dijo el ventero - "que no estoy tan loco para
ser un caballero andante; - que bien veo que ahora ya
no se usan los caballeros". - A la mitad de ésta plática
se halló Sancho Presente - y de lo que había escuchado
quedóse muy pensativo, - proponiéndose esperar
en lo que paraba aquél - gran viaje de su amo,
puesto que si no salía - con la dicha que pensaba,
determinaba dejarle - y volver de nuevo al lado
de su mujer y sus hijos. - El sacerdote, entretanto,
siguió mirando los libros - y al cabo de un rato
le pidió al ventero que - le dejara trasladar
"El curioso impertinente", - cosa que, de buena gana,
el ventero aceptó, - al tiempo que los demás
ya esperaban, impacientes, - a que el cura comenzara
a leer lo que al ventero - tanta complacencia daba.


2 comentarios:

  1. Me ha gustado mucho tu carta!!
    Espero que algún día los amantes de "la fiesta" reflexionen y se den cuenta que el arte no puede unirse a la muerte y maltrato de un animal.

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    1. Gracias Ana, ojalá que así sea, que algún día triunfe el sentido común. Un abrazo y gracias por leerme.

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