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domingo, 6 de marzo de 2016

Carta 35 a Quijote

6- Marzo - 2016
Estimado Quijote:
El triángulo amoroso entre Camila, Anselmo y Lotario se va complicando cada vez más. Ella le mandó una carta a su marido en la que le pedía que volviera pronto a casa y por lo que escribió, Anselmo supo que Lotario había cumplido con lo pactado. Lo que no supo Anselmo es que mientras él estaba yendo de camino hacia su casa, Lotario siguió seduciendo a su mujer hasta que ésta acabó entregándose a él.



Dicen que la farsa duró sólo unos días, que la verdad salió pronto a relucir y que aquello costó la vida al curioso impertinente. Y ¿qué ocurrió exactamente?, te preguntarás, pues no tengo ni idea, pero en cuanto lo sepa te lo cuento.

Está claro que tarde o temprano la verdad siempre sale a relucir y lo que también está claro es que lo que un día fue verdadero, lo seguirá siendo. Te digo esto porque precisamente ahora estoy saliendo con un amor de juventud: Santi, con quien tuve una relación de esas que son tan de verdad que por más tiempo que pase nunca se olvidan. Yo tenía entonces 18 años y él 22 y nos separamos, no por que hubiera terceras personas, sino porque nuestras vidas tomaron rumbos distintos. Ahora que nos hemos reencontrado de nuevo -casi 30 años después-,  me ha vuelto a enamorar como lo hizo entonces, siendo él mismo.


¿Sábes, Quijote?, las personas que son auténticas, que son de verdad,  no cambian y eso lo he visto en Santi, que es el mismo de ayer: el mismo chico guapísimo que conocí, con ese sentido del humor que a veces a mí me cuesta pillar; el mismo buen amante que me hace tocar la luna sin apenas proponérselo y el mismo hombre sencillo que no necesita demostrar nada a nadie porque él ya brilla con luz propia. Santi es la misma buena persona que conocí, ese caballero amante de la justícia, ese Quijote capaz de defender a los más débiles hasta la saciedad y ese hombre valiente que ha sabido mantener, a pesar de lo difícil que ha sido su vida, esa preciosa sonrisa suya.




En fin, mi caballero, ya ves que me siento tan feliz como una niña con zapatos nuevos. Ya me tocaba y a él también, así que nada, lo disfrutaremos, que la vida son dos días y estos momentos inolvidables que estamos viviendo ahora es lo que nos llevaremos de aquí.

Un abrazo

*Odette*

Cap. 34

"...Yo me hallo tan mal sin vos - que si presto no venís
habré de ir con mis padres, - porque a quien dísteis título
de guardar por nuestra casa, - mira más por sus caprichos
que por lo que a vos os toca", - dijo en la carta Camila,
a lo que respondió Anselmo - que permaneciera allí,
que él pronto regresaría. - Y mientras que no volvía,
Lotario aprovechó - para adular a Camila
alabando su hermosura, - hasta que ella, al fin,
se rindió y se enamoró. - Estos dos malos amigos,
que eran ya nuevos amantes, - no pudieron encubrir
su flaqueza a Leonela, - la doncella de Camila,
y así ella fue la única - que supo de aquél desliz.
Cuando regresó Anselmo, - Lotario dijo a su amigo
que se sintiera orgulloso - de su querida Camila
porque había demostrado - que además de ser bellísima,
era una honesta mujer, - pero Anselmo aún quiso
seguir con aquellaa empresa - por placer y regocijo,
y Lotario aceptó. - Éste vio salir un día
a muy a deshora a un hombre - de la casa de Camila
y, pensando que aquél era - otro que había caído
en las redes de su amor, - los celos, que le roían
las entrañas, le llevaron - a decirle a Anselmo así:
"Sábete, amigo Anselmo, - que por no querer herirte
no te conté al llegar - la verdad de lo ocurrido,
pero por nuestra amistad - y por ser justo ahora digo
que la grande fortaleza - de Camila está rendida
a lo que yo quiera hacer - della y por eso, amigo,
te aconsejo que finjas - que te ausentas por tres días
y que te escondas aquí - en la recámara y
tú mismo constatarás - que es cierto lo que te digo".
Absorto quedó Anselmo - y Lotario, arrepentido
de su crueldad con Camila, - fue hacia ella y cuando quiso
explicarle lo ocurrido, - ella se adelantó y dijo:
"Sabed, amigo Lotario, - que tengo un gran sufrir,
pues cada noche, Leonela, - encierra a un galán aquí
y luego éste hombre sale - a horas tan intempestivas
que si alguien lo ve puede - creer que es amante mío,
y lo que más me fatiga - es no poderla reñir
ni poderla castigar, - que podría ella descubrir
nuestro romance secreto". - Lotario escuchó a Camila
y luego, con gran penar, - le contó lo que le dijo
a Anselmo y pidióle - después perdón, de rodillas,
a lo que ella sugirióle - que hiciera lo establecido
con Anselmo y que mientras - ella ya se encargaría
de buscar algún remedio, - para salir de aquél lío.
Y la enmienda fue aquesta: - estando Anselmo escondido
en la recámara entraron - Leonela y Camila
y ésta dijo a su doncella: - "¡Ay, Leonela, amiga!
por favor, llama a Lotario - para que venga y me diga
que fue lo que vio en mi - que le llevó a seducirme
en desprecio de su amigo - y en la deshonra mía".
La doncella fue a por él - y allí se quedó Camila
diciéndose a sí misma: - "Llegué limpia a mi marido
y limpia he de salir dél, - o cuando mucho salir
bañada en mi casta sangre - y en la deste falso amigo,
que es de sangre tan impura". - Escondido en los tapices
Anselmo quiso salir - para abrazar a Camila
pero se detuvo al ver - que llegaba su enemigo.
Y ella, cogiendo una daga, - se acercó a Lotario y dijo:
"¡Enemigo y traidor! - ¿cuándo fue que respondí
a tus ruegos con alguna - señal que despertó en tí
la esperanza de cumplir - tus deseos libertinos?
sólo quiero castigarme - por éste descuido mío
que en tí suscitó esperanza, - pero antes de morir
te voy a matar a tí, - para así hacer justicia",
y diciendo éstas razones - y con la intención de herir
de muerte a Lotario, - con la daga bien asida
fue hacia él e intentó - clavársela, aunque al fin
Lotario se lo impidió. - Al no poder conseguir
matar a su amante/amigo - fingió matarse a sí misma
clavándose aquella daga - por sobre de la clavícula,
y después se desmayó. - Estaba allí tendida
bañada en su propia sangre - cuando Lotario fue aprisa
y sin aliento a ver - si todavía vivía.
Y al comprobar que era - pequeña aquella herida
que se hizo su querida - simuló estara muy triste
y, mirando a su amada, - comenzóse a maldecir,
como si estuviera muerta. - Leonela fue a por vino
y limpióle bien la herida - a su señora, Camila,
al tiempo que aconsejábale - no hablarle a su marido
de todo lo acontecido - porque entonces le pondría
a él en la obligación - de vengarse de su amigo,
y díjole que el darle - razones para reñir
no era nada conveniente. - "Y ¿qué le voy a decir
si yo no le sé mentir'", - preguntó entonces Camila.
"Ya se me ocurrirá algo, - ya verá, señora mía",
respondióle Leonela. - Todos salieron de allí
y Anselmo, orgulloso - de la honradez de Camila,
fue en busca de Lotario - para abrazarle y decirle
lo feliz que se sentía, - mientras que su mal amigo
no podía sentir dicha - de lo que Anselmo decía,
puesto que él sabía que - todo aquello era mentira.
Pero la farsa duró - solamente unos días,
hasta que tornó fortuna - su rueda y salió al fin
la verdad a relucir; - cosa que costó la vida
al curioso impertinente, - y lo que ocurrió fue así...


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