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viernes, 24 de junio de 2016

Carta 39 a Quijote

24 - Junio - 2016
Estimado Quijote:
Mientras todos cenaban en compañía de los últimos pasajeros llegados a la venta -un hombre (cristiano, venido de tierra de moros) y una mujer (vestida de mora)-, tú les deleitaste con un interesante discurso sobre las armas y las letras.

Te lamentas, en ese discurso, del cobarde brazo que mata  -mediante el estaño y la pólvora-  al audaz caballero en mitad de su coraje. Aaayyy, querido Quijote, si vieras las armas con las que se mata ahora se te pondrían los pelos de punta, te lo aseguro. ¿Sábes?, hay ahora armas tan potentes  -llamadas de destrucción masiva-, que con que un sólo brazo pulsara un botón saldríamos todos volando en un instante y el planeta tierra quedaría reducido a infinitas motas de polvo.


De hecho, ya se han utilizado estas armas de las que te hablo. En 1945 -durante la 2ª Guerra Mundial-, EEUU lanzó la primera bomba atómica -sobre Japón, concretamente sobre Hiroshima y Nagasaki-  y murieron 260.000 personas, a parte de las muchísimas personas que quedaron afectadas de radiación. Al parecer Alemania se estaba preparando para lanzar  ese tipo de bomba, pero Einstein -físico alemán- advirtió a EEUU de ello y los americanos se avanzaron. "Condeno totalmente el recurso de la bomba atómica contra Japón, pero no pude hacer nada para remediarlo", se lamentaría más tarde Einstein.


Los científicos se devanan los sesos investigando para que se avance en medicina y en otros campos mientras que esos brazos cobardes, esos gallinas, utilizan los resultados de tanto esfuerzo e ilusión a su antojo. Así es la vida, mi caballero, así es de absurda.

Un abrazo

*Odette*

Cap. 38

"...más pobre que el estudiante - es el soldado, que está
atenido a la miseria - de su irrisoria paga
si es que la llega a cobrar - y al tener que robar
se halla en constante peligro - de la muerte encontrar.
Encima de todo eso, - como premio a su grado,
le pondrán en la cabeza - una borla al mutilado
y, cuando esto no  suceda - porque se conserve sano,
seguirá en la pobreza - en la que ya estaba antes.
Si habéis mirado en ello, - son más pocos los premiados
que los muertos en la guerra. - Y dejando esto a parte,
que es madeja enmarañada, - volvamos a lo de antes,
con las armas y las letras. - Dice el letrado al soldado
que es imposible, sin letras, - que se sustenten las armas,
porque hay leyes en la guerra - y a ellas sujeta está;
a esto responden las armas - que las leyes no podrán
sustentarse sin las armas, - porque con aquestas armas
se defienden las repúblicas, - se protegen las ciudades,
se aseguran los caminos - y se despejan los mares.
Y además de todo eso - hay algo que señalar
entre soldados y letras: - le cuesta mucho al letrado
llegar a ser eminente, - tiempo, vigílias y hambre
y otras cosas adherentes - a éstas, pero al soldado
le cuesta lo que al letrado - en tanto y mayor grado,
sin tener comparación, - pues a pique está el soldado
de morir a cada paso. - ¿Y no es de estimar más
éste riesgo del soldado - que el esfuerzo del letrado,
que nada tiene que ver - ni se puede comparar
con el riesgo de morir - a cada paso que da
el atrevido soldado? - A mí me pesa en el alma
haber decidido ser - un caballero andante,
que en esta edad detestable - me da miedo el pensar
que el estaño y la pólvora - la vida me han de quitar
la ocasión de ser famoso - por el valor de mi brazo
y los filos de mi espada. - ¡Benditos aquellos años
que carecieron de aquesta - artillería espantable,
diabólica invención - con la que un cobarde brazo
mata al audaz caballero, - en mitad de su coraje!
Y así acabó Don Quijote - con el extenso preámbulo,
en tanto que los demás - se entretenían cenando;
quedándose, los oyentes, - un tanto alucinados
de escuchar tanta elocuencia - en hombre tan alocado.
Al terminar de cenar, - los manteles levantaros
y Don Fernando rogó - al cautivo les contase
el discurso de su vida, - a lo que, de buena gana
y sin hacerse de rogar, - éste comenzó a contar...

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