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viernes, 9 de septiembre de 2016

Carta 41 a Quijote

09 - Septiembre - 2016
Estimado Quijote:
Os contó el cautivo que pasó de estar preso en aquella galera a estarlo en tierra firme, en la prisión de Argel. Y que salió de allí gracias a la mujer que pagó su rescate; que es la mujer con la que está ahora en la venta.

A parte de en la guerra, en donde a uno le apresan cuando cae en el bando enemigo, se supone que el resto de la gente que va a parar a la cárcel es porque ha cometido algún delito ¿no? pues no, querido Quijote, no siempre es así; a Santi  -de quien ya te hablé en la carta 35-, le metieron en la cárcel injustamente  -durante diez meses- y sin un sólo día de permiso.


Cuando Santi me explicó lo que le había ocurrido no podía creerlo, pues lo suyo era de locos, para tirarse de los pelos hasta quedarse calvo, en serio, pero al final he logrado entender el porqué de su encarcelamiento y os lo contaré.

Resulta que una mujer se obsesionó con él, le acosó hasta la hartura y le advirtió: "Si no te casas conmigo te meteré en la cárcel", y así fue.  La mujer le puso una denuncia falsa de malos tratos y a Santi no le permitieron demostrar su inocencia. Le metieron en el calabozo inmediatamente -sin ninguna orden de detención-, le hicieron luego un juicio rápido y salió de ese juicio con una orden de alejamiento hacia esa mujer, y ahí empezó su calvario ¿Por qué? pues porque la policía, en lugar de ayudarle a quitarse a esa mujer de encima, lo que hacía era seguirla a ella -que seguía acosando a Santi a la par que seguía poniéndole más denuncias falsas de malos tratos- y entonces le apresaban a él por incumplir la ley de alejamiento y le metían de nuevo en el calabozo. Sí, así de surrealista fue todo.

Al final metieron a Santi en la cárcel para que cumpliera los diez meses de pena que le cayeron en el primer juicio y luego, al salir, se demostró que era inocente. Yo no entendía como la policía y la justicia podían ser tan ineptas hasta que logré dar con la respuesta. Resulta que todo viene de la Ley de Violencia de Genero que hicieron el sr. Zapatero y su gobierno en el año 2004, en la que para proteger a la mujer eliminaron la presunción de inocencia del hombre. Y eso significa que si una mujer acusa a un hombre de maltratador, ese hombre es llevado a la cárcel, sin más, y eso es injusto, pues hasta un asesino tiene presunción de inocencia.

Ya era hora que se hiciera una ley que protegiera a la mujer, hasta ahí estoy de acuerdo, por supuesto, pero para nada apoyo esa caza de brujas que se está llevando a cabo contra el hombre, así que le pido desde aquí a quien  deba modificar esa ley que lo haga, y que sobretodo pida disculpas  e indemnice a todos esos hombres que han sido víctimas de la L.I.V.G. Algunos, como Santi, lo han podido contar -a pesar de las secuelas que le han quedado, como una epilepsia crónica-, otros están cumpliendo pena en la cárcel injustamente y también hay los que por no poder soportar la presión de tanta injusticia y crueldad murieron de pena, y los que se quitaron la vida. Por respeto a esos hombres que ya no están y a los que están sufriendo todavía, pido, por favor, justicia, y pido, por favor, una ley de igualdad en la violencia de genero para la mujer y para el hombre, pues yo no quiero que muera ninguna mujer, pero tampoco quiero que muera ningún hombre.


En fin, mi caballero, espero que los políticos hagan algo al respecto, aunque poca fe tengo ya en ellos viendo que no son capaces ni de hacer su trabajo, que es formar un gobierno, y que en lugar de ello se pasan el día criticándose unos a otros, como niños.

P.D. Querido Quijote, tardaré unos meses -dos o tres, espero que no más- en volver a escribirte, pues como te dije ando liada en algo, que es la escritura de otro libro. En esta ocasión se trata de una novela que está basada en hechos reales, en lo que le ocurrió a Santi. Disculpad, estimados lectores, las molestias. Pronto volveré con vosotr@s.

Un abrazo

*Odette*

Cap. 40

...Don Fernando recitó - los sonetos y después
el cautivo prosiguió - relatando a los presentes
su cuento, diciendo así: - "Cuando al cabo de unos meses
murió mi amo, Uchalí, - que fue un hombre de bien
y me trató humanamente, - fui después preso en Argel
por Azán Agá, que era - un tipo de lo más cruel.
Sobre el patio de la cárcel - en la cual estuve preso
había un par de ventanas, - que más que ventanas eran
ordinarios agujeros, - y un día, haciendo pruebas
de saltar con las cadenas - por entretener el tiempo,
alcé los ojos y vi - que por una de aquellas
ventanas aparecía - una caña con un lienzo.
Al ponerme yo debajo - la caña cayó a mis pies
y al abrir el lienzo hallé - en él unas diez monedas,
de las que usan los moros. - A la par del gran contento
que tuve al ver el dinero, - admirado me quedé
pensando quien era aquél - que me hacía tal merced
y, entonces, en señal - de mi agradecimiento,
doblé el cuerpo poniendo - los brazos sobre el pecho
e incliné la cabeza, - haciendo así las zalemas
que hacen los moros. Después - vi una mano de mujer,
que de allí a poco sacó - por el agujero mesmo
una cruz hecha de cañas, - que luego volvió a esconder;
señal que me confirmó - que aquella mujer era
una cristiana cautiva. - No vi más a la mujer
hasta que a los quince días - sacó la caña otra vez
e igual que la vez primera, - la dejó caer de nuevo.
Como hice la otra vez, - desaté el nudo del lienzo
y tomé el dinero que iba - junto a un doblado papel,
que estaba escrito en arábigo; - de nuevo hice las zalemas
y, al ver la blanca mano - de la mujer, hice señas
que leería el pliego. - Entre confuso y alegre,
por todo lo sucedido, - busqué a alguien que leyere
el arábigo papel, - que decía exactamente
lo que ahora os diré: - "Cuando yo era pequeña
tuvo mi padre una esclava - que me enseñó en mi lengua
la oración cristianesca - y algo de Lela Marién,
que es la Virgen María. - Y al fallecer la mujer,
me apareció y me pidió - que a tierra cristiana fuera
a ver a Lela Marién, - pero no hallé al caballero
que pudiera allí llevarme, - hasta que le vi a usted;
soy una muchacha hermosa - y tengo todo el dinero
que podría ayudarnos - a escaparnos de Argel
y, luego, si usted lo anhela, - prometo ser su mujer,
y si no es lo que desea, - me quedaré con Marién,
que sé que me quiere bien". - Tan alegre me quedé
al escuchar las razones - que me dijo la mujer,
que le pedí a mi amigo - que escribiera en un papel
mi respuesta a la mora, - y así se la dicté:
"Que Alá te guarde, señora, - y que Alá guarde también
 a Marién, madre de Dios. - A Marién, que bien te quiere,
debes de rogarle que - te muestre y te de a entender
cómo llegar a su tierra, - que como es Marién mujer
muy buena, así lo hará. - De mi parte yo te ofrezco
hacer por ti lo que pueda, - aunque me llegue la muerte,
y además deso también, - te prometo que en tierra
de Lela Marién serás - para siempre mi mujer,
querida señora mía". - Con ilusión dejé ver
la nota, dando a entender - que a la caña le pusiese
un hilo para así - poder atar el papel;
puso el hilo, até el pliego - y después, mandó, mi estrella,
más de cincuenta escudos - y un montón de monedas,
que aumentaron en mí - la esperanza y el contento
de alcanzar la libertad. - Por mi amigo supe, luego,
que aquella mora era - hija y única heredera
de la fortuna de un moro - muy rico por todo extremo,
y también supe de ella - que era una mujer tan bella
que muchos de los virreyes - que veían su belleza
la pedían por mujer, - aunque nunca aceptó ella.
Como no hay dos sin tres, - pareció el lienzo de nuevo
con cien escudos de oro, - y otro arábigo papel,
en el que pude leer: - "Por la ventana os daré
muchos dineros de oro - para que con él paguéis
vuestro rescate y también - el de los amigos vuestros.
Luego podría ir uno - hacia tierra cristianesca
y comprar allá una barca, - para con ella volver
en busca de los demás. - Cuando salvados estéis,
id al jardín de mi padre - que allí esperando estaré
a que vengáis a buscarme - y, mientras, mi caballero,
que el buen Alá te guarde". - Todos queríamos ser
primeros en ir a España - pero, como la experiencia
de uno de mis amigos - le había mostrado que
muy mal cumplían los libres - las palabras y promesas
dadas en el cautiverio - (porque el temor a perder
la libertad alcanzada - les hacía no volver
y borrar de su memoria - lo que antes prometieron),
cambiamos algo los planes. - El que tradujo las letras,
que era un renegado, amigo,  - y quien vivió esa experiencia,
nos dijo que mejor era - comprar la barca  en Argel
por él mismo, y así fue. - Zoraida mandó el dinero
para pagar los rescates - y acordamos, después,
con ella, que el primer "juma", - que es el viernes, estuviese
lista para embarcar, - y justo el día antes
fuimos todos rescatados - por el mismo mercader...


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