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sábado, 28 de enero de 2017

Carta 42 a Quijote

28 - Enero - 2017
Estimado Quijote:
El cautivo os contó las penurias que pasaron en su viaje por mar hasta llegar a España y que cuando estuvieron al fin libres, en Málaga, se despidieron para seguir cada cual su camino. El y Zoraida pusieron rumbo hacia la tierra de él, para ver si su padre todavía vivía y para saber que fue de sus hermanos. Pues ya nos contará lo que sucedió...

Por mi parte hoy, querido Quijote, quiero hablarte sobre un tema que me pidió un lector del blog: "Por favor, quiero una carta a Quijote sobre los problemas de lectura de estudiantes", me dijo. Mira, Quijote, yo he tenido otros problemas en la vida, pero no el de la lectura, pues me apasiona leer, aunque también tengo que decirte que si un libro no me entra desde el principio lo abandono enseguida. El único libro que me he leído entero y que me ha robado el corazón, aún habiendo sido al principio una auténtica tortura para mi  -como ya te conté en cartas anteriores- fue tu historia. Ya sabes que leerme el Quijote fue un reto para mi y que me lo leí porque fue un regalo de mi padre, que en paz descanse.


Hay personas a las que no les gusta leer y lo entiendo, como también hay personas que detestan hacer deporte, por ejemplo, y también lo entiendo. A cada cual le gusta lo que le gusta, aunque es cierto que los que leemos no entenderíamos la vida sin esos libros que dan color a nuestros días. Y nos gustaría contagiar ese arcoíris que sentimos en nuestro corazón, al leer, a los que les da grima abrir un libro, pero ¿cómo hacerlo? esa es la pregunta del millón. Aunque la respuesta a esa pregunta no la tengo yo, querido Quijote. ya me gustaría tenerla.

Supongo que lo importante es que cada cual sea él mismo y que al menos no pierda la curiosidad por aprender, por conocer, por ver, por construir, por crear.., pues es esa curiosidad  la que nos permite sentirnos vivos de verdad. 


Hasta pronto, mi caballero.

Un abrazo

*Odette*


                                                                     Cap. 41

...Cuando estuvo todo listo - yo fui en busca de Zoraida,
la cual me pareció al verla - una auténtica deidad,
venida a la tierra para - mi auxilio y mi agrado.
Le besé la mano como - en señal de dar las gracias
por darme la libertad - y luego, al ir a marcharnos,
tuvimos la mala suerte - de que su padre asomara
por la ventana y nos viera, - y comenzara a gritar.
Viendo el peligro en que estábamos - decidí ir a por su padre,
trayéndole con nosotros, - con las manos bien atadas
y un pañizuelo en la boca. - Con él fuimos a la barca
junto a todos los demás - y empezamos a remar,
mientras que Zoraida, triste, - cubrióse los ojos para
no ver a su padre atado. - A las dos horas pasadas
se le quitó la atadura, - al tiempo que le advirtieron
que no hablase palabra- si no quería acabar
en el fondo de aquel mar, - y el hombre no dijo nada
pero su hija pidió - que le diesen liberad
si no querían ver cómo - se arrojaba ella al mar.
Prometiron a Zoraida - dejarlo libre en llegar
a la más cercana tierra - que pareciera cristiana
para que así su padre - no pudiera delataros,
y así Zoraida quedó - más o menos contentada.
Quiso nuestra buena suerte - llevarnos a una cala
en donde dejamos libre - al padre de la muchacha,
mientras que él a ella gritaba: - "¿Dónde vas, ciega Zoraida,
en poder de estos perros - que te aconsejaron mal
y que son tus enemigos? - ¿dónde vas, muchacha infame?
¡Oh, moza desatinada!". - Comenzamos a remar
y al cabo de un largo rato - aún pudimos escuchar:
"¡Vuelve, amada hija, vuelve, - que te voy a perdonar!
¡vuelve, hija, a consolar - a tu triste y pobre padre
que en esta desierta arena - la vida abandonará
si le abandonas tú a él". - Llorando escuchó Zoraida
a su padre, y suplicóle: - "¡No me juzques de ser mala
tan solo por ser cristiana - y pide, padre, a Alá
que Lela Marién te de - consuelo en tu pesar;
Marién te ayudará - puesto que ella fue la causa
de que yo sea cristiana!". - Pero ya, cuando Zoraida
esto dijo, no se oía - ni se veía su padre.
Seguimos remando y vimos - que a nosotros se acercaba
un bajel que de repente - nos comenzó a disparar,
dando una de las balas - en mitad de nuestra barca,
de modo que la abrió toda - y se comenzó a inundar.
Rogamos a los corsarios - franceses de aquel barco
que vinieran a salvarnos - y ellos, sin vacilar,
nos vinieron a auxiliar, - nos subieron a su barco,
nos robaron y después - de darnos comida y agua,
nos echaron con su esquife - otra vez de nuevo al mar.
Sin mirar a otro norte - que a la tierra de España
que se nos mostró delante - comenzamos a bogar
y nos dimos tanta priesa, - que al poco tiempo llegamos
por fin a tierra cristiana. - A Dios le dimos las gracias
llorando, luego besamos - el suelo de nuestra España
y, después de caminar - esperando hallar la
caballería costera, - vimos que se acercaban
unos treinta caballeros. - "¡Al cielo y a Dios, mil gracias,
por habernos conducido - a esta tan buena parte!,
puesto que si no me engaño - esta tierra que pisamos
es la misma Vélez Málaga, - si ya los años pasados
de cautivo no han borrado - de la memoria acordarme
de vos, tío Bustamante", - dijo un cautivo cristiano
de los nuestros cuando vio - a un jinete acercarse.
"¡Oh, sobrino de mi alma, - que por muerto ya te daba,
qué ilusión verte de nuevo!", - dijo el jinete abrazando
a su querido sobrino, - que aceptó ser invitado
junto a todos los demás - a ir hacia la ciudad.
Lo primero que hicimos - al llegar a Vélez Málaga
fue ir hacia la iglesia - para a Dios darle gracias
por la merced recibida, - y tras una breve estancia
en el pueblo, decidimos - que debía cada cuál
proseguir su caminar. - Yo decidí, con Zoraida,
caminar hacia mi tierra - por ver si aún mi padre
vivía, o si mis hermanos - no fueron tan desgraciados
como yo lo fui en Argel, - y ahora vamos hacia allá",
díjoles para acabar - el cautivo a los demás.




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