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sábado, 3 de junio de 2017

Carta 43 a Quijote

03 - Junio - 2017
Estimado Quijote:
Llegó a la venta un señor -acompañado de varios hombres que iban a caballo- con su bella hija y nada más verla te prendaste de su belleza. Aaaayyyy, mi caballero, si es que eres un "coeur d'artichaut", un enamoradizo. En fin, a lo que íbamos, resulta que el cautivo y ese señor, al que llamaban oidor, eran hermanos; su reencuentro fue muy emotivo y acordaron ir juntos -el cautivo, Zoraida, el oidor y su hija Clara- hacia casa del padre de los dos, que no quería morir sin antes ver a su hijo mayor: el cautivo.

Cenaron todos y luego se acostaron, todos menos tú, que te ofreciste a guardar el castillo para defenderlo de cualquier mal. Tú siempre tan galán, así me gusta.Y antes del Alba, Dorotea -que dormía en el desván con las otras mujeres-, escuchó un dulce canto ¿quién cantaba? pues me imagino que lo sabremos en el próximo capítulo.


Querido Quijote, hoy te contaré algo que me sucedió hace unos días. Iba caminando por la calle cuando se me acercó un hombre que iba repartiendo folletos informativos sobre el referéndum. Que si hay que votar para que Cataluña sea independiente, que si ya está bien de que España nos robe ¡Hem de fer algo! (tenemos que hacer algo), exclamó. Y yo, educadamente, le devolví el folleto y seguí caminando.

¿Sábes, querido Quijote? no pienso votar ningún referéndum mientras esté en el poder de Cataluña ese partido político de burgueses catalanes que fue presidido tantísimos años por Jordi Pujol, aunque ahora hayan cambiado de nombre son los mismos. Ese partido me recuerda a la "Lliga Regionalista" de Francesc Cambó, el partido político que ayudó económicamente a Franco durante la Guerra Civil española para que éste acabara con la Segunda República. 

La Lliga también pagó a pistoleros -allá en los años 20- para que quitaran de en medio a líderes sindicalistas como Salvador Seguí -conocido como "el noi del sucre" (el chico del azúcar)-: un hombre pacífico que sin utilizar más armas que el diálogo y las huelgas consiguió que hoy tengamos la jornada laboral de ocho horas.




Estas personas como Salvador Seguí son las personas que a mi me gustaría que nos gobernaran, personas que se preocupan por la educación, por la igualdad, por la justicia social, y no esa gente a las que sólo les mueve la ambición del poder y del dinero. Así que mientras ellos sigan ahí, yo seguiré aquí, haciendo mi propio camino y devolviendo, educadamente, esos folletos sobre un referéndum que hoy por hoy no me interesa nada, aunque por ello me tachen de facha, como ya han hecho en más de una ocasión.

Que pases un feliz verano, mi caballero, y también vosotr@s, estimados lectores.

Un abrazo

*Odette*

                                                               Cap. 42

Tras escuchar al cautivo, - Cardenio y los demás
se ofrecieron a servirle - en lo que le hiciera falta
y él, bien lo agradeció, - pero no aceptó nada
de lo que se le ofreció. - Llegó luego a la posada
un coche con varios hombres - que venían a caballo,
y al llegar allí pidieron - para el señor oidor, cama.
El señor oidor vestía - con las manos arrocadas
una ropa algo luenga - y traía de la mano
a una doncella vestida - de camino, tan bizarra,
tan hermosa y tan gallarda, - que se hacía de mirar,
y dijo Quijote, en verlos: -"Puede su merced entrar
en aqueste paraíso, - que aquí estrellas hallará
y también hallará soles - que podrán acompañar
el cielo que su merced - consigo trae de la mano".
El oidor, desatinado, - por el talle, el visaje
y la apostura de Quijote, - quedó algo desconcertado,
pero igualmente entró - a hacer noche en la posada.
Al haber falta de camas, - las mujeres acordaron
dormir todas ellas juntas - dentro del mismo desván
y que los hombres quedaran - fuera, como en su guarda.
Al oidor le agradó - que su hija estimada
y aún doncella, se fuese - con todas aquellas damas
y, mientras ello pensaba, - el cautivo se alteraba
viendo al señor oidor, - pues el corazón le daba
barruntos de que aquél era - su hermano, el mediano.
Para comprobar si era - cierta su corazonada
preguntóle al criado - como el oidor se llamaba:
"Es Juan Pérez de Viedma - el nombre del licenciado
y es natural de León", - respondióle el criado;
por lo que el cautivo, alegre, - y bastante alborotado,
llamó a parte a Cardenio, - al cura y a Don Fernando
para darles la noticia. - Como era rico su hermano,
tuvo miedo el cautivo - de que no le hiciese caso
su hermano al saber de él. - "No parece arrogante,
dijo el cura al capitán, - por favor deje que yo haga
el reencuentro de los dos - y verá cuánto le abraza".
Ya, en esto, estaba la cena - de todos aderezada
cuando fueron a la mesa, - eceto el capitán
y las señoras, que fueron - a su aposento a cenar.
En la mitad de la cena - dijo el cura en voz alta,
dirigiéndose al oidor: - "Tuve yo un camarada
cuando estuve cautivo - en Argel que se llamaba
como usted y era valiente - pero algo desdichado,
ese Ruy Pérez de Viedma, - capitán y natural
de un lugar de León". - Llenos los ojos de agua
exclamó, luego, el oidor: - "¡pero si Ruy es mi hermano
y si hubiésemos sabido - de su desventura ya
estaría liberado, - que vive aún mi padre
muriendo con el deseo - de saber en donde está
su estimado hijo mayor!". - El cura, por no alargar
la pena al señor oidor, - fue a buscar al capitán
y al volver con él, le dijo - al oidor: "No llore más
que aqueste hombre es su hermano". - El oidor y el capitán
se abrazaron y, entre lágrimas, - mostraron la amistad
que había entre los hermanos; - presentóle el capitán
a Zoraida y el oidor - a su amada hija, Clara,
y luego, después de hablar, - concertaron que Zoraida
y el capitán volviesen - con ellos hacia la casa
de su estimado padre, - que vivía deseando
no morir por poder ver - al mayor de sus tres vástagos".
Luego, al caer la noche, - acordaron acostarse
todos, menos Don Quijote, - que ofrecióse a hacer la guarda
del castillo para así - defenderlo de gigantes
o de cualquier otro mal, - y después, antes del alba,
Dorotea, ya despierta, - escuchó un dulce cantar,
tan entonado y tan bello, - que la obligó a escuchar.


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