Translate

miércoles, 6 de diciembre de 2017

Carta 47 a Quijote

06 - Diciembre - 2017
Estimado Quijote:
El cura convenció a los cuadrilleros para que no  te apresaran y resulta que luego fue él quien lo hizo -junto al barbero-, con la ayuda de sus amiguetes de turno: el ventero, Fernando, los cuadrilleros y los criados de Luís, y lo hicieron de la forma más ruin que pudieron. Disfrazados, para que no les reconocieras, te ataron y te metieron en una jaula que habían construído ellos mismos sobre una carreta de bueyes.


El único que fue a cara descubierta y que no participó ni sabía nada de tu secuestro y encarcelamiento fue tu escudero que, por caridad, no te contó esta vez la verdad cuando supo de qué iba aquello. Simplemente se acercó a tí, una vez ya encarcelado, y te mostró su afecto y su apoyo.

Y así, como si fueras una béstia, un criminal, pretenden llevarte a tu pueblo, y encima te quieren hacer creer que eso es bueno para tí ¡qué sinvergüenzas!

Ahora, después de haberte soltado toda la verdad, me siento mal, pero a la vez tengo la conciencia tranquila de haber hecho lo que debía. O al menos eso es lo que me gustaría que me dijeran a mi si estuviera en tu lugar: la verdad, aunque duela.

Podrán encarcelarte y llevarte de vuelta a tu pueblo, vale, pero no conseguirán arrancar los sueños de tu alma, mi caballero, de ello estoy completamente segura. Así que respira hondo y tómatelo con calma y ya les demostrarás, en su momento, quien eres tú de verdad.

Un abrazo y hasta pronto

*Odette*



Cap. 46

En tanto que Don Quijote - esto decía, el cura
persuadía a los cuadrilleros - de cómo sería inútil
prender y llevar consigo - a alguien que por su locura
luego habrían de soltar. - Tanto les supo el cura
convencer que accedieron. - Al barbero le dio, el cura,
ocho reales por la - bacía y también tuvo
que apaciguar al ventero, - que reclamaba aún
el pago de aquellos cueros - que Don Quijote, en lucha,
con su espada horadó. - Quijote, con resoluta
determinación se fue, - al verse libre, en busca
de Dorotea y le dijo: - "Antes de que algún oculto
espía advierta al gigante - de que yo voy en su busca
debemos salir de aquí, - que si se protege en un
inexpugnable castillo - de nada valdrá la mucha
fuerza que mi brazo tiene". "Quiera el cielo que el suyo
y mi deseo se cumplan", - dijo Dorotea al punto.
"¡Ay, señor!, tengo por cierto - (a su amo Sancho expuso),
que esta señora que dice - ser reina con tanto orgullo,
no lo es, que si lo fuere, - no anduviera con alguno
de los que están en la venta - hocicándose a oscuras".
Y, mientras que Dorotea - bien colorada se puso, 
(porque era verdad que - con Don Fernando, a hurto
de otros ojos, se besó), - Don Quijote, con gran fúria,
con la voz atropellada - y la lengua tartamuda,
gritóle a Sancho Panza: - "¡Oh, bellaco infacundo,
ignorante y deslenguado! - ¿colocas en tu confusa
imaginación palabras - que tan sólo son embustes?
¡Vete monstruo y no aparezcas - delante de mi, o te juro
que te penará mi ira!". - Sancho Panza, que no supo
qué hacer, volvió la espalda - y se fue, con gran disgusto.
"No os despechéis, caballero - de la más triste figura,
que las sandeces que ha dicho - su escudero son seguro
producto de encantamento", - díjole, con gran finura,
Dorotea a Don Quijote, - para templar su disgusto,
y el caballero afirmó: - "Por el supremo Dios juro
que ha dado usted en el punto - y que ante Sancho alguna
mala visión se le puso, - que si no no dice embustes
este pobre pecador", - y así le quitó la culpa
a Sancho y le perdonó. - Después de aquesto, el cura
y el barbero decidieron - que era el momento justo
de procurarle a Quijote - la cura a su locura.
Sobre un carro de bueyes - construyeron una jaula
que enrejaron con palos - y así iría, recluso, 
Don quijote hacia su pueblo. - Cuando todo listo estuvo
y estuvieron disfrazados, - se marcharon en su busca
Fernando y los cuadrilleros, - junto al ventero, al cura,
y los criados de Luís. -  En un silencio absoluto
entraron en donde él - dormitaba bien a gusto
y le ataron tan fuerte, - que al despertar sólo pudo
admirarse y suspenderse - de ver aquellas figuras
que le habían encantado, - cosa que el hombre dedujo
cuando fue a defenderse, - y ni menearse pudo.
Sólamente Sancho Panza - iba en su mesma figura
y, aunque reconoció a todas - las contrahechas figuras,
quiso callar hasta ver - el final del infortunio;
que fue el de enjaular - a su amo, mientras que uno
de ellos, le decía así. - "¡Hombre de triste figura!
no te dé afincamiento - esta prisión, que es justa
para acabar más presto - la aventura en que te puso
tu gran esfuerzo. Y tú, - buen escudero, asegúrote
que no has de sufrir por él, - que si el plasmador del mundo
le place, se cumplirán - muy pronto aquellos augurios
que te hizo tu buen señor". - Y dijo Quijote al punto:
"¡Oh, tú, quienquiera que seas! - si es cierto lo que me augúrias
tendré por gloria las penas - de mi cárcel, y seguro
que por alivio tendré - las cadenas que me angústian.
Y en lo que toca a Sancho, - confío en que la virtud
de su buen proceder no - me abandonará y su
recompensa al fin tendrá - por esos buenos y muchos
servicios que me prestó". - Y Sancho, con pesadumbre,
se inclinó hacia su amo - y le besó, con ternura.

No hay comentarios:

Publicar un comentario