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sábado, 16 de diciembre de 2017

Carta 48 a Quijote

16 - Diciembre - 2017
Estimado Quijote:
El cura y el barbero seguían -a caballo y todavía disfrazados- el carro en el que te llevaban prisionero. Delante de todo iba el dueño del carro, a los lados los cuadrilleros y luego iba también Sancho Panza, montado sobre su asno. Cuando pararon en un valle para que los bueyes pastaran, Sancho Panza puso al cura en su sitio diciéndole que era un embustero y un envidioso. Que si Quijote está loco y que si hay que llevarlo así por su bien, le dijo el cura a un tal canónigo de Toledo que andaba por allí. ¿Sábes lo que ocurre, querido amigo? que ni el puñetero cura ni el puñetero barbero tienen sueños por los que luchar, ni ilusiones por las que vivir, de ahí que necesiten aplastar los tuyos, esa es la pura verdad. Grandes personas como tú han estado encarceladas por eso, por ser personas brillantes.


Deberíamos de admirar y respetar a todas y a cada una de las personas que tienen un "Don" como tú, "Don Quijote", pues son esas personas las que construyen el mundo. Y hablando de personas soñadoras, de personas con "Don", te mando esta preciosa fotografía realizada por Janine Garrell, una excelente fotógrafa, autodidacta, cuyas fotografías le llegan a uno al alma.


Adjunto la dirección de su página web para  quien quiera contactar con ella: 
   
                                         www.takeoffphotography.com

Mi caballero, sé fuerte y no te dejes vencer. El mundo te necesita. Te necesitamos tanto como el aire que respiramos, por eso te quiero, por eso te queremos. Hasta pronto.

Un abrazo

*Odette*

Cap. 47

Mientras que el cura acordaba - con los cuadrilleros que
les daría un tanto al día - para que fuesen con él
hasta el pueblo de Quijote, - y antes de que se moviese
el carro, salió llorando - de la venta la ventera,
su hija y Maritornes, - para despedirse de
Don Quijote, simulando - que lloraban su tristeza,
a lo que él les respondió: - "No lloréis, que aquestas penas
son anexas a los que - profesan lo mismo que
yo profeso; y si estas - calamidades no me
acontecieran sería - solo un pobre caballero
andante de poco nombre, - de los que nadie se acuerda.
Del valiente sí se acuerdan, - que tienen envidia de
su virtud y valentía - príncipes y caballeros,
que intentan por malas vías - destruir a aquél que es bueno,
aunque a pesar de ello - la virtud tenga el poder
de salir de todo trance. - Señores, rogad al cielo
me saque destas prisiones - en las que alguien me ha puesto
con tan mala intención, - que si me libero de ellas
no olvidaré sus mercedes - y las gratificaré".
En tanto que esto pasaba, - el cura y el barbero,
despidiéronse de todos - los que estaban en la venta,
quedando en darse noticias - de lo que les sucediera,
y se pusieron a andar. - El cura y el barbero
subiéronse a caballo - con sus antifaces puestos
y anduvieron tras el carro - que, guiado por su dueño,
iba primero; a los lados - andaban los cuadrilleros
con escopetas y, luego, - seguía el escudero
Sancho Panza en su asno, - acarreando la rienda
de Rocinante. Quijote - iba arrimado a las verjas
sentado y maniatado, - con tal silencio y paciencia
que no parecía hombre - de carne, sino de piedra.
Y así, con aquel espacio - y silencio anduvieron
dos leguas, hasta llegar - a un valle en el que el boyero
dejó a los bueyes pastar. - Fueron alcanzados presto
por seis hombres de a caballo - que llegaron diligentes
a ellos y les saludaron. - Uno de los hombres, que era
canónigo de Toledo, - quiso saber el porqué
iba Quijote enjaulado, - y el triste caballero
de la Mancha, respondió: - "Sabed, señor caballero,
que voy aquí encantado - por la envidia que me tienen
los malos encantadores; - que es mucho más molesta
y perseguida la virtud - de los malos, que esa mesma
es amada de los buenos. - Soy caballero de aquellos
que a pesar de la envidia, - su nombre ha de valer
para la inmortalidad, - y así servir de ejemplo
a caballeros andantes - de los siglos venideros".
"Es verdad que Don Quijote - va encantado en la carreta
por la mala intención - de aquella gente a la que
la virtud enfada y - la valentía exaspera",
aseguró el sacerdote. - A lo que el escudero,
Sancho Panza, protestó: - "¿Cómo quieren que me crea
que mi señor va encantado? - él tiene su juicio entero,
come, bebe y hace sus - necesidades ¿no es cierto
que dicen que el encantado - ni habla, ni come, ni duerme?
Señor cura, por más que - se encubra el rostro sepa
que le conozco y que sé - que es usted un embustero,
pues donde reina la envidia - la virtud vivir no puede,
ni hay liberalidad - en donde hay escasez".
En este punto el cura, - que tuvo temor de que
se pudiera descubrir - lo que el barbero y él
procuraban encubrir, - le habló al canónigo de
la locura de Quijote, - y le explicó también
el motivo por el cual - viajaba el caballero
metido en aquella jaula. - "Los libros caballerescos
(dijo el canónigo al cura) -, no le hacen ningún  bien
a Don Quijote y tampoco - a la república pues,
son perjudiciales y - todos explican lo mesmo;
son cuentos disparatados - que atienden sólamente
a gozar, y no a enseñar. - El deleite que se engendra
en el alma ha de venir - de toda aquella belleza
que se imagina o se ve, - y toda cosa que tiene
en sí fealdad no puede - causarnos ningún contento.
Y si los que escriben dicen - que lo que componen es
mentira y que por eso - no están forzados a ver
ni finuras ni verdades, - yo les diría que es
tanto mejor la mentira - si parece verdadera.
Fuera desto, aquestos libros - son largos en las contiendas
y en los  amores, lascivos; - en las razones son necios
y en el estilo, duros, - y deberían de ser
desterrados por inútiles". - El cura estuvo de acuerdo
con aqueste y le contó - lo que el barbero y él
hicieron con las lecturas - de Don Quijote y, después
de oírle, dijo el canónigo: - "De las lecturas aquestas
sólo se salva lo único - que pueden tener de bueno,
que es el sujeto que tiene - para que un entendimiento
bueno se pueda mostrar - en ellos, puesto que ofrecen
largo y espacioso campo - por donde el que escribe puede,
sin empacho, describir - naufragios y reencuentros,
batallas, tormentas y - ser orador elocuente.
Puede mostrar las astucias - de Ulises y la clemencia
de Trajano y, si quiere, - puede hacer todo aquesto
tirando hacia la verdad, - que si la verdad la ofrece
con ingeniosa invención - y un estilo placentero
compondrá una bella tela - con el fin que se pretende,
que es deleitar y enseñar. - El autor puede ser épico,
lírico, trágico o cómico - en las partes que encierran
en sí tanto la oratoria - como la otra dulce ciencia
que es la poesía mesma; - pues la épica bien puede
ser redactada en prosa - como estar escrita en verso,
mostrando en ambas formas - veracidad y belleza".


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