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domingo, 14 de enero de 2018

Carta 49 a Quijote

14 - Enero - 2018
Estimado Quijote:
Mientras el canónigo y el cura conversaban sobre los libros de caballería y las comedias, Sancho se acercó a la verja de la jaula en la que te llevaban preso y te dijo que los que iban con el rostro cubierto no eran encantadores, sino que eran el barbero y el cura. Y para que te dieras cuenta por ti mismo de que aquello no era encantamiento sino malicia, te preguntó si te venían ganas de hacer aquello que no se excusa. Y entonces ahí , al ver lo sucio que ibas, le pediste que te sacara de la jaula.

Mira, querido amigo, yo ayer también me di cuenta por mí misma de algo: de lo mal que funciona la sanidad pública por culpa de los políticos, que son los que han recortado  en sanidad y en educación; en aquello que el ser humano necesita para vivir con dignidad. Te cuento: mira, hace dos años que estoy en lista de espera para que me saquen una muela del juicio. Esta semana pasada me hacía un dolor tan horroroso que me fui al dentista de pago para que me la quitara, pero el cirujano que me visitó, tras ver la radiografía, me dijo que no podía sacármela porque estaba pegada al nervio. "Tienes que ir a urgencias, aquí no disponemos de los aparatos adecuados para hacer este tipo de extracciones, que además la tiene que hacer un maxilofacial", me explicó. Y me fui a urgencias.


"Lo siento", me dijo el doctor que me atendió en urgencias,"pero no tenemos urgencias maxilofaciales en fin de semana, sólo de lunes a viernes, y tienen que ser programadas, a no ser que haya una fractura, que no es el caso. Es una lástima, pero en toda Cataluña no hay urgencias maxilofaciales más que en el hospital  Vall d'hebrón" ¿Y qué hago? le pregunté. "Yo le puedo recetar algo para el dolor, pero el resto es un tema burocrático, vaya a su médico de cabecera e insista para que la operen lo antes posible, no puede hacer nada más, lo siento". Así que mientras no me llamen para operarme, me toca seguir aguantando el dolor de muela -y eso que trabajo como teleoperadora a jornada completa-, que tampoco están las condiciones laborales como para cogerse una baja.

Y así están las cosas, querido Quijote: por culpa de los dichosos políticos -los de aquí, los de allí, y los de más allá-, que sólo hablan y hablan mientras se van llenando los bolsillos con lo que recortan y con los impuestos que nos cobran, la gente de a pie vamos llorando de dolor, de falta de vivienda, o de falta de oportunidades educativas para nuestros hijos ¡No hay derecho! así que desde hoy no quiero saber nada más de ningún político, ni de los independentistas, ni de los monárquicos, ni de ninguno. Que se vayan todos, absolutamente todos, a hacer puñetas. 


Mi caballero, espero que Sancho te saque pronto de la jaula y puedas darles a esos dos tipos su merecido que, como los políticos, son unos sinvergüenzas, y se lo merecen.

Un abrazo

        *Odette*
  


Cap. 48

El canónigo le dijo - al sacerdote aquesto:
"Tuve cierta tentación - de hacer un libro de
caballerías guardando - en él esos puntos que
he significado y - unas cien hojas ya llevo.
Después de haberlas escrito - para hacer la experiencia
de si se correspondían - a mi estimación, las he
comunicado con hombres - apasionados de aquesta
leyenda, dotos, discretos - y con otros hombres que
son ignorantes y sólo - atienden al gusto de
oír disparates y, - de toda aquesta gente,
he hallado aprobación; - aunque con todo aquesto
no he proseguido adelante. - Y los motivos que han hecho
que no siguiera adelante - fueron que consideré
que lo que hago es cosa ajena - a mi profesión y luego,
que también evidencié - que abunda más la gente
simple que la que es prudente. - Puesto que yo creo que
es mejor ser elogiado - de los pocos sabios que
burlado de muchos necios, - decidí no estar sujeto
al confuso juicio del - tan desvanecido pueblo,
a quien por la mayor parte - toca estos libros leer.
Pero en realidad lo que - me hizo abandonar fue
un argumento que me hice - yo mismo, sacado de
las comedias que ahora - se representan, diciendo:
Si al vulgo le gusta oírlas - y las considera buenas,
estando lejos de serlo, - y además están de acuerdo
los autores y actores - en que así han de ser
porque así las quiere el vulgo, - que no quiere ver comedias
que no puedan comprender, - yo no voy a hacer lo que
hacen ellos sólo porque - quieran mejor ganar el
sustento con esos muchos - que con los pocos que entienden,
que son sólo tres o cuatro. - Aunque algunas veces he
procurado persuadir - a los actores que se
engañan en tener el - juicio que tienen y que
mucha más fama tendrán - y que atraerán más gente
representando comedias - que sigan el arte que
no las que prefiere el vulgo, - ya tienen su parecer
tan asido que no hay - ningún argumento que
cambie ya su parecer. - Y no está la falta en el
vulgo, que desea ver - disparates, sino en
quien no sabe ejecutar - otra cosa, que esa mesma.
"Ha despertado en mi - (díjole el cura luego)
un antiguo rancor que - tengo con esas comedias
que agora se usan, tal, - que iguala al que tengo
a las lecturas de aquel - estilo caballeresco,
puesto que habiendo de ser - la comedia espejo de
la vida humana, ejemplo - de las costumbres y ser
imagen de la verdad, - las que agora se representan
son espejos de locuras, - ejemplos de estupideces
e imágenes de lascivia. - Y no se disculpa eso
diciendo que el principal - y mayor intento que
las ordenadas repúblicas - tienen permitiendo que
se represente comedias - es el de entretener
a toda la gente y que, -si se consigue aquesto,
no importa luego que el medio - sea malo o sea bueno.
Por muy rústica y torpe - que una persona sea,
debería de salir - de una buena comedia,
airada contra el vicio, - enseñada con las veras,
discreta con las razones, - suspensa de los sucesos,
deleitada con las burlas, - perspicaz con los ejemplos
y enamorada de - la virtud: que todos estos
afectos ha de avivar - la buena comedia en el
ánimo de todo oyente. - Y no tiene culpa de
que se hagan malas comedias - el poeta, al componer,
que suele conocer bien - el lugar en donde yerra;
sino que la culpa es de - los representantes que
compran sólo las comedias - que son de aquel jaez,
con lo cual debe, el poeta, - acomodarse a lo que
su representante pide. - Aquestos inconvenientes
cesarían con que hubiese - algún ser inteligente
en la Corte que pudiese - examinar las comedias
antes de representarse, - y si de aquesta manera
se pudiera revisar - también aquellas novelas
de caballerías, creo, - que también habría de buenas".
En tanto que ellos hablaban, - Sancho se acercó a la verja
de la jaula en la que - Don Quijote iba y le
dijo: "Señor, sepa que - estos dos que van cubiertos
los rostros son el barbero - y el cura de nuestro pueblo,
y creo que así le llevan - de pura envidia que tienen
de ver que vuestra merced - se les adelanta en
alcanzar famosos hechos. Para prueba de que usted
no va encantado, sino - trastornado el juicio, le
voy a hacer una pregunta". - "Pregunta lo que quisieres
(aseguróle Quijote), - que yo te responderé.
Y en lo que dices de ellos, - te digo que aunque parezca
que son nuestros compatriotas - no lo son y has de entender
que son sólo encantadores, - y lo único que pretenden
es a los dos confundirnos; - a tí para que los veas
como el cura y el barbero - y a mi para que  no sepa
atinar de donde me - viene todo aqueste enredo,
puesto que si por un lado - tú me dices que el barbero
y el cura nos acompañan, - y por otro, yo me veo
enjaulado y sé de mi - que no hay ninguna fuerza
humana para enjaularme, - como no fueran las fuerzas
sobrenaturales, ¿qué - quieres que diga o piense
sino que aquesta manera - de mi encantamento excede
a cuantas yo he leído? - Así que date sosiego
en esto de creer que - son el cura y el barbero
y pregunta lo que quieras, - que bien te responderé".
"¡Válame Nuestra Señora! - ¿cómo es posible que sea
su merced tan duro de - celebro y tan falto de
meollo que no consiga - ver que en el engaño aqueste
hay más malicia que encanto?" - inquirióle el escudero.
"Acaba de conjurarme - y pregunta lo que quieras",
respondióle Don Quijote. - "Pues lo que quiero saber,
(dijo entonces Sancho Panza), - es que diga su merced
si desde que va enjaulado - o encantado, como cree,
le ha venido voluntad - o alguna gana de hacer
aguas grandes o menores". - "¿Qué quieres decir con eso
de hacer aguas, buen amigo?" -, preguntóle a su escudero.
"Sepa que quiero decir - si tuvo gana de hacer
aquello que no se excusa". - aclaróle el escudero.
"¡Ya, ya te entiendo, Sancho! - ¡gana tuve muchas veces,
y aún agora la tengo! - ¡Sácame, Sancho, de aqueste
peligro, que no ando limpio!" - suplicóle a su escudero
Don Quijote al sentir - la suciedad en su cuerpo.



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